La verdad que llegué a esta reunión sin muchas expectativas y quizás con excesivo escepticismo, pero creo que el balance ha sido sorprendentemente positivo. Esta reunión, así como el apoyo de los participantes de sociedad civil para el resto de la conferencia, fue una iniciativa de la IAS, y quizás guarde alguna relación con el malestar de la región por la pobre participación de América Latina en la Conferencia de Durban del 2016.

De distintas partes de América Latina y el Caribe asistieron activistas, científicos y académicos.

En cualquier caso, este evento es más que un gesto; está en línea con una nueva Sociedad Internacional de sida, que va más allá de ser una institución académica, para entrarle a los programas y la política. En buena hora, porque la ciencia necesita de la política y viceversa. La participación de sociedad civil fue financiada como parte del Fondo Educativo de la IAS, que junto con los programas para jóvenes y proveedores de salud de países desatendidos e incidencia política, nos presentan un diferente perfil de organización.

La reunión, con un número significativo de representantes de la sociedad civil en general, y en particular del Brasil, contó con la participación de la presidenta de la IAS Linda-Gail Bekker y el presidente electo Anton Pozniak, como de dos de sus miembros de la junta por la región Luis Soto-Ramírez  (México) y Mauro Schechter (Brasil). Los cuatro estuvieron en la totalidad de la reunión, atentos e involucrados en la discusión activamente. Todo esto es muy nuevo en lo que se refiere a la IAS y debemos resaltarlo.

El programa

Las mesas de expositores estuvieron balanceadas (Ciencia y Sociedad Civil) con un muy buen nivel de expositores. Nuestros colegas de la sociedad civil Veriano Terto (Brasil), Jana Villayzán (Perú) y Adolfo Ruiz (Paraguay) fueron los mejores aliados, por medio de sus presentaciones, para enmarcar las discusiones en una dimensión política.

Cabe resaltar que fue muy acertado que se dedicara un espacio en el programa para escuchar la experiencia de dos países en crisis, Venezuela y Haití, con las presentaciones de Martín Carballo y Jean William Pape, respectivamente, que dieron lugar a un excelente debate sobre el estado de las cosas y qué se puede y debe hacer para aminorar el impacto de contextos tan desafiantes para la respuesta del VIH. La presentación de los colegas de Venezuela fue muy descriptiva, como para que no quede margen de distracción; el país no solo enfrenta una crisis económica grave sino una crisis sanitaria de dimensiones catastróficas. Esperemos que pronto podamos contar que el Fondo Mundial colaboró en mejorar o aminorar la actual situación.

La experiencia de Haití mostró como una organización como Geisko puede preparase y responder durante la crisis humanitaria, y a la vez, continuar ofreciendo su aporte a la investigación, con un modelo muy avanzado de integración de servicios.

La jefa del Programa de sida y hepatitis virales del Brasil, Adele Schwartz, presentó los avances de la respuesta en el Brasil y otra colega del programa se centró en las nuevas tecnologías de prevención, como la PrEP. Hace ya un tiempo existe una aguda preocupación en la sociedad civil brasileña sobre el presente y el futuro de la respuesta, en particular por los síntomas que expresan los vaivenes políticos en el país. Estas preocupaciones fueron puestas sobre la mesa en el transcurso de la reunión, algunas fueron discutidas y otras han quedado pendientes, probablemente, para futuras discusiones. La genética del activismo brasileño no se ha visto alterada y uno puede ver hoy esa claridad técnica y política de sus referentes al plantear una discusión. Para nosotros en Latinoamérica, Brasil ha sido siempre un faro y es bueno comprobar que la llama sigue resplandeciendo y que siempre tenemos mucho que aprender. Aun cuando atraviesan un trance político e ideológico significativo, la respuesta en el país sigue a años luz del promedio regional.

Creo que la reunión cumplió con su objetivo de generar un espacio para reconstruir los puentes entre la “ciencia” y la “comunidad”. Aunque este pueda ser el primer peldaño, por algún lado había que empezar. Y debemos reconocer el cambio de dirección y actitud de la Sociedad Internacional de sida que promovió este espacio. Quizás sea una señal que un día, no tan lejano, los miembros de la IAS podamos juntar los suficientes votos para tener al menos un miembro de la junta de la comunidad, sea este de la región que sea.

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