El 15 de marzo parecía ser un día sosegado en Trujillo, ciudad ubicada a unos 560 km al norte de Lima, capital del Perú. Pero una intensa lluvia avisó que algo peor sucedería. Una avalancha de lodo invadió la vivienda del presidente de la Asociación Regional de Personas Positivas de La Libertad, José Otiniano, y de miles de personas en la ciudad, que en los siguientes días debieron soportar hasta 7 huaicos que inundaron la ciudad y dejó sin hogar a centenares de familias.

Las lluvias provocaron severas inundaciones en varias ciudades del norte del Perú.

“El agua me llegaba hasta las rodillas, fue una experiencia traumática lo que nos tocó vivir”, cuenta con cierta preocupación Otiniano. Afortunadamente, aunque el activista sufrió daños en su vivienda, aún conserva sus pertenencias, tiene servicios básicos como agua, electricidad, desagüe y un techo donde vivir, en contraste con muchas otras personas que no tienen las mismas posibilidades y tratan de sobrevivir dentro de una carpa de plástico, porque perdieron todo.

El Fenómeno El Niño Costero destruyó varios años de trabajo y sacrificio de personas que habían alcanzado cierto respiro económico. Fueron 107 personas que fallecieron por las inundaciones, caídas de árboles, descargas eléctricas y huaicos ocasionados por las lluvias en el país. Más de un millón 10 mil personas fueron afectadas y 221 mil viviendas sufrieron daños materiales.

Unas 2 mil 457 familias debieron ser desplazadas a un total de 66 albergues y cientos de carpas que colocó el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) en coordinación con los municipios y gobiernos regionales. Varios hospitales y centros de salud colapsaron y debieron instalarse 3 hospitales de campaña y 349 consultorios para la atención de casos de emergencia.

“Hay una madre soltera que vive con el VIH que tiene 5 niños y que perdió todo durante el huaico en la zona de Buenos Aires. Ahora vive en una parroquia con más personas porque no hay otro lugar”, dijo Otiniano y contó también que la madre damnificada no pudo salvar nada de sus pertenencias, incluso su tratamiento antirretroviral se fue con la corriente del agua y barro, por lo que en el Hospital Regional de Trujillo debieron darle nuevamente su medicación.

Emergencia y falta de medicamentos

Trujillo no fue la única ciudad afectada por el fenómeno climático. Casi toda la costa norte, centro y sur del país se vio afectada.

El río Piura se desbordó e inundó la ciudad del mismo nombre.

La región Lambayeque (a 770 km al norte de la capital), donde un aproximado de 1, 500 personas se encuentra en tratamiento antirretroviral para el control del VIH, también se vio afectada por las lluvias y huaicos que se produjeron en los alrededores de la ciudad y que la dejaron aislada de las ciudades contiguas, tanto por el norte como por el sur. En medio de ese contexto, la región no tenía stock de algunos antirretrovirales.

La activista Ana Guevara de la Asociación Viviendo en Positivo, denunció la falta de los fármacos: efavirenz, tenofovir y lamivudina en los hospitales del Ministerio de Salud (MINSA) y la seguridad social. Otros usuarios acudieron a los medios de comunicación de la localidad para dar cuenta que iniciarían un proceso legal contra las autoridades de la seguridad social ante el desabastecimiento de las medicinas.

El colectivo de vigilancia, GIVAR,  informó que ha recibido 27 quejas por falta de medicamentos en lo que va del año y dijo que alertó a las autoridades de salud por la falta de stock de los medicamentos antirretrovirales.

Para responder al impacto de los desastres naturales, la Dirección Nacional de Control de ITS y de VIH/sida del MINSA desarrolló un Plan de contingencia para ayudar a las personas con VIH en zonas de emergencia, mediante brigadas de médicos que pudieran dotar de medicamentos a personas que se encuentren aisladas o en zonas alejadas de los centros de salud. Sin embargo, parece que no han logrado aún sus objetivos, según declaraciones de Guevara a Corresponsales Clave: “Puedo decir que en Chiclayo (región Lambayeque) no hubo ninguna brigada para las personas con VIH que no tienen medicamentos”,.

Depresión y efectos adversos

Cientos de familias fueron llevadas a albergues o carpas de plástico.

Existen otros aspectos que deben ser observados de cerca, con especial enfoque en las personas con VIH.

El experto en temas sanitarios del Instituto Nacional de Salud, Luis Suárez dijo a la agencia Andina de Noticias que la salud mental de niños y adultos también sufre daños, ya que la pérdida de sus viviendas, animales, enseres y bienes materiales que tanto les costó obtener, lo que trastoca sus emociones. La depresión aparece casi siempre luego de las emergencias, advirtió. Las personas con VIH son especialmente vulnerables.

La ministra de salud, Patricia García, realiza denodados esfuerzos por controlar el incremento de casos de dengue ante la aparición de zancudos y mosquitos. Miles de personas al no tener agua en sus viviendas la almacena, en depósitos que son de hábitat para el zancudo transmisor del dengue, zika y malaria, y son las personas con VIH, con sistema inmunológicos deprimidos, más vulnerables a tener efectos negativos en su salud.

En medio de planes de reconstrucción, las personas con VIH se están organizando para empadronar a aquellas que requieren de ayuda especial o de una dotación nueva de medicamentos. Las autoridades del nivel central del Ministerio de Salud han abierto canales de comunicación para responder a los grupos de personas con VIH. Pero hace falta que las personas se organicen y exijan la provisión de sus medicamentos antirretrovirales con información muy precisa.

GIVAR mantiene abiertos sus canales de denuncia de interrupción en la provisión de medicamentos para lograr resolver los problemas que se presenten a la brevedad posible. Pueden dejar sus denuncias en este vínculo.

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