La baja participación comunitaria, especialmente de pueblos indígenas y personas migrantes, podría ser uno de los principales problemas de la respuesta a la tuberculosis (TBC) en Chile, que, de acuerdo al último informe oficial -disponible en este vínculo-, es una enfermedad que aumentó su tasa en casi un punto porcentual, desde 13,4 el 2014, a 14,2 por 100 mil habitantes el 2015.

Olivia Horna, del Frente Parlamentario de Tuberculosis de las Américas (izq); y Silvana Gutiérrez, mujer aymara (der).

La médica Olivia Horna, punto focal en Chile del Frente Parlamentario de Tuberculosis de las Américas y académica de la Universidad de Chile, estimó que este repunte se debe, por una parte, a una población envejecida y con alta prevalencia de diabetes y tabaquismo, a la coinfección de VIH, y, por otro lado, a una brecha en estudios de contactos y de trabajo comunitario que permita a los equipos de salud identificar a tiempo a personas contagiadas.

En este escenario, Horna comentó a Corresponsales Clave que Chile tiene claramente tres poblaciones en mayor vulnerabilidad: las personas mayores, las y los migrantes y los pueblos indígenas. Ella cree que el 20% de los pacientes con TBC son adultos mayores, mientras que datos del Ministerio de Salud (MINSAL) establecen que más de 2 mil 500 personas viven con TBC, de las cuales el 10,1% son migrantes y el 3,2% son indígenas.

De acuerdo al último informe del MINSAL, hay dos regiones en el extremo norte del país que duplican la tasa nacional: Arica y Parinacota (31,4); y Tarapacá (32,1). Es interesante observar que estas zonas tienen un notorio porcentaje de estas poblaciones clave (indígenas y migrantes). En Arica y Parinacota, el 36% de los casos son indígenas; y en Tarapacá, el 27% son extranjeros.

Agentes comunitarios

En la entrevista dada a Corresponsales Clave, Horna llama la atención sobre una situación preocupante: que los centros de salud y hospitales prácticamente no salen a sus comunidades para buscar personas con síntomas de la enfermedad, sino que esperan a que lleguen a pedir atención lo que, muchas veces, puede ocurrir en estados muy avanzados de la infección.

Por lo mismo, cree que el Estado debe retomar la estrategia de los agentes comunitarios, formarlos e integrarlos a los equipos de control de la TBC para detectar casos oportunamente y hacer el acompañamiento de las personas en tratamiento, tal como se hace, por ejemplo, en algunas zonas de España, para garantizar la adherencia a los fármacos.

Actividad de prevención de la TBC en Arica, Chile, en el día mundial de la pandemia de 2017.

En el caso de las personas migrantes e indígenas, la médica enfatizó que estos agentes comunitarios deben ser parte de esas comunidades, para ser facilitadores de los equipos de salud que, muchas veces, no se hacen cargo de las diferencias culturales y de los distintos modos de diagnóstico y tratamiento, en especial entre las Primeras Naciones.

Si bien estas barreras culturales explican su vulnerabilidad frente a la TBC, Horna agregó que los migrantes son personas jóvenes y sanas que, habiendo estado en contacto con el bacilo de Koch en sus países de origen, desarrollan la enfermedad en Chile debido a las condiciones de precariedad en las que deben vivir.

Corresponsales Clave: Además de la ausencia de agentes comunitarios, ¿no cree que es un problema el control casi policial de las personas con TBC, que deben ir a su centro de salud y tomarse los medicamentes frente a un funcionario? ¿No será tiempo de replantearse el vínculo con las personas?

Olivia Horna: Lamentablemente, el personal sanitario cree que tiene un poder. Siempre es vertical la forma de atención. No es horizontal. No es una obligación, es un derecho del paciente, tomar o no el tratamiento. Ese control policial es histórico y, en algún momento, pudo haber funcionado, pero no en este momento. Lo que hay que hacer es acompañar a esta persona, pero de forma horizontal. Es hora de cambiar, de pensar distinto. Hay que mirar desde el otro lado.

Para Vivir Bien

Silvana Gutiérrez, es una mujer aymara de la ciudad de Arica que, desde 2007 trabaja en la asociación indígena aymara Suma Qamañataki/ Para Vivir Bien, en la respuesta comunitaria a la tuberculosis entre sus comunidades urbanas.

Gráfico de un informe elaborado por la antropóloga Malva Pedrero para la SEREMI de Salud de Arica y Parinacota, Chile.

Ella enfatizó a Corresponsales Clave que es necesario que el Ministerio de Salud retome el apoyo que les brindaba, como organización, hasta el 2009, para solventar los gastos de locomoción y de alimentación que hacía su grupo de voluntarios cuando salían a terreno para informar a sus pares sobre cómo prevenir la enfermedad, detectarla a tiempo y acompañar a las personas en tratamiento.

Dijo que hace dos años hicieron su última actividad, entregar alimentos no perecibles a personas con TBC, pero que es urgente retomar el trabajo, “porque como aymara estamos igual, incluso hemos retrocedido según dicen las estadísticas. Cuando una pregunta en la calle a las personas sobre TBC, algunos saben, pero la mayoría no”, dijo.

Silvana hace referencia a las estadísticas trabajadas por la antropóloga Malva-marina Pedrero, sobre la base de datos oficiales, que ha alertado que las poblaciones indígenas de Chile tienen más riesgo de morir y de enfermar de TBC que las no indígenas.

Acciones del gobierno

Otra zona de Chile en donde la población indígena es altamente vulnerable a la TBC es la Región de la Araucanía, territorio mapuche, que aporta el 24,6% de todos los casos. Bernardo Melipil, asesor cultural del Servicio de Salud Araucanía Norte del MINSAL, detalló a Corresponsales Clave que una estrategia para enfrentar la situación ha sido capacitar a los facilitadores interculturales que trabajan en la red asistencial, para detectar oportunamente a personas con síntomas de la enfermedad.

Si bien declaró que el último estudio epidemiológico sociocultural de su territorio (la provincia de Malleco), del 2011, arrojó antecedentes preocupantes sobre la TBC, dijo que no hay ninguna organización mapuche que trabaje en este tema de manera prioritaria.

En la Región de Arica y Parinacota, la Secretaría Regional Ministerial de Salud (SEREMI) del MINSAL, informó a Corresponsales Clave, a través de un comunicado, que confían que la consulta en salud a los pueblos indígenas, realizada el 2016, dé a luz un reglamento sobre el derecho a una salud con pertinencia cultural, que permita a los centros públicos de salud generar espacios de participación en la respuesta a la tuberculosis.

Mientras tanto, la autoridad dijo que ha avanzado en la formación de monitores indígenas en TBC y en la formación de estudiantes de educación superior como monitores en TBC y VIH, desde el 2015, a quienes invitan a operativos para educar en la prevención de la enfermedad y para hacer pesquisas en zonas de alta concentración de personas aymara y migrantes, instancias en las que has invitado también a la asociación Suma Qamañataki.

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