En Bolivia no existe una normativa que prohíba el trabajo sexual, pero tampoco existe una regulación que lo visibilice y formalice.   Bajo este vacío legal y con una gran carga en las espaldas por ejercer una actividad mal vista ante la sociedad, las trabajadoras sexuales reivindican sus derechos. Corresponsales Clave conversó con dos de ellas, quienes nos permitieron tener acceso a sus lugares de trabajo.

Una intensa luz roja ilumina las habitaciones de las trabajadoras.

Son las 4 de la tarde y las mujeres empiezan a llegar hasta el lugar al que le suelen llamar  “boliche” (lenocinio), rubias, morenas, jóvenes, altas, adultas, delgadas,… hay variedad; es difícil establecer un prototipo de la mujer que ejerce el trabajo sexual, porque es como cualquier otra mujer que no lo ejerce.

Ana*, una mujer de 35 años, es madre soltera y cuenta con una licenciatura, la cual no ejerce desde hace 8 años, tiempo que se dedicó a su tienda de electrodomésticos y al trabajo sexual. Maritza* tiene 43 años, ejerce el trabajo sexual desde los 20; se inició en su natal Santa Cruz y ha viajado por todo el país. Ambas son amigas y cuentan que se conocieron hace diez años en un boliche, cuando Ana recién ingresaba a trabajar ahí.

Con sus implementos en mano: ambientador, papel higiénico, condones y otros, se dirigen hacia su respectivo cuarto iluminado por una intensa luz roja, ahí las mujeres se preparan para empezar su jornada. “Nunca sabes lo que te va a tocar, hay todo tipo de hombres, no todos son amables, no todos son limpios, no todos entienden un no por respuesta ante sus pedidos”, comenta Ana, quien asegura que el riesgo en este trabajo es constante, ya sea dentro de un lenocinio o en la calle.  Maritza se aproxima y me muestra su carné sanitario: “sin esto no podemos trabajar, nos realizamos nuestros controles médicos y anotan aquí si estamos con alguna enfermedad o no (…) esto solo lo pueden pedir encargados de salud, pero nos lo pide cualquiera bajo el pretexto de que son autoridad, si no lo tenés te detienen o te sacan plata o piezas gratis”, cuenta Maritza.

Ambas mencionan ser parte de una organización de trabajadoras sexuales de la cual no participan activamente, pero comentan que en alguna ocasión fueron parte de talleres sobre salud sexual. “Es bueno aprender a cuidarse, sobre todo del sida, hay muchas chicas jóvenes que recién empiezan que no saben que te pueden contagiar de algo, nosotras tenemos nuestros carné sanitario, pero los hombres que vienen no tienen un carné. Cuando me piden sin condón, ¿cómo yo voy a saber si ese hombre tiene alguna enfermedad o no? Tengo familia, por eso yo no me arriesgo a no usar condón, pero no todas piensan así”, señala  Maritza.

Tanto Maritza como Ana consideran que su actividad es un trabajo, aunque mal visto por el común de la sociedad, motivo por el que deben ocultar su ocupación; pero un trabajo con el que han sustentado la alimentación y educación de sus hijos, lo cual a ellas les genera orgullo.

Marco legal del trabajo sexual en Bolivia

De acuerdo al estudio realizado por la RedTraSex “El trabajo Sexual y la Violencia Institucional: Vulneración de Derechos y Abuso de Poder”, en Bolivia el trabajo sexual no está prohibido y bajo el principio de constitucionalidad, lo que no está prohibido es considerado legal. Siendo una actividad lícita, el trabajo sexual merece la protección jurídica y legal por parte del Estado para garantizar los derechos a todas las ciudadanas bolivianas o residentes en territorio nacional que se dediquen a esta actividad.

Si bien se encuentra parcialmente regulado, específicamente en el área de la salud, con normas de carácter sanitario y de control, existe un vacío legal y no está regulado en aspectos tan fundamentales como lo son los derechos humanos y derechos laborales de quienes ejercen dicha actividad. Lo que genera un marco propicio para la represión policial, la violencia institucional  y las condiciones precarias de trabajo, lo que tiene como consecuencia la creación de un cerco de clandestinidad alrededor del trabajo sexual que aumenta el estigma, la discriminación e incrementa la vulnerabilidad de las mujeres trabajadoras sexuales ante el VIH.

El estudio revela que la violencia institucional en espacios abiertos y cerrados es ejercida con mayor frecuencia y violencia en espacios cerrados, con la participación de mayor cantidad de actores, (se suman los dueños, administradores de salas y locales) y mayor vulneración de derechos (cobros, extorsiones, exhibición de imágenes sin autorización, etc). En los espacios abiertos la vulneración de derechos está referida a la extorsión por no contar con documentos de identificación.

El estudio también observa que los cambios necesarios para el cumplimiento de derechos de las trabajadoras sexuales parten de promover acciones de protección en cuanto a: la no discriminación, a la seguridad y respecto de su intimidad e identidad, al reconocimiento e igualdad ante la ley; a un proceso legal adecuado; al acceso a la sanidad de la mayor calidad posible; al empleo, a unas condiciones laborales justas y favorables, así como el derecho a no sufrir detenciones o arrestos arbitrarios.

En Bolivia existen miles de mujeres trabajadoras sexuales que por diversas razones ejercen el trabajo sexual, desde diferentes lugares donde incluso no hay servicios públicos y menos seguridad, aspectos que favorecen a la vulneración de sus derechos y a la trata de mujeres. Existen organizaciones que las agrupan y representan tanto a nivel nacional –ONAEM- y a nivel internacional -la RedTraSex-, es a través de las mismas que estas mujeres reciben capacitación y pueden, hoy en día, poner sus problemáticas en agenda de las diversas autoridades, con frases contundentes como: “Algunos dicen que ejercer el trabajo sexual no es digno. Nosotras les decimos que indignas son las condiciones en las que tenemos que ejercer el trabajo sexual” (Elena Reynaga, RedTraSex).

Puede que muchas personas no consideren esta actividad como trabajo, puede que otras tantas si, el tema siempre generará debate. Pero es una realidad en Bolivia, existen miles de mujeres ejerciendo el trabajo sexual, en muchos casos bajo vulneración de derechos y violencia. Es por ello que a través de sus organizaciones piden el reconocimiento explícito de su trabajo y su legislación, lo cual las visibilizará y mejorará las condiciones de su trabajo y su calidad de vida.

*Los nombres han sido cambiados a solicitud de las trabajadoras sexuales.

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