Nadie más que el gobierno de Venezuela tiene la responsabilidad de lo que está pasando con la crisis sanitaria, alimentaria, de derechos humanos y humanitaria de este país. Pero esta crisis no comenzó ni esta semana ni este año, es un proceso de deterioro alarmante que lleva casi un lustro. La pregunta que se hacen muchos analistas políticos y periodistas es qué ha hecho y qué debiera hacer “la comunidad internacional” para ayudar a éste golpeado país.

Desde este espacio hemos publicado, lo últimos años, cantidad de artículos y algunas editoriales, directa o indirectamente relacionados con Venezuela -y lo seguiremos haciendo-, sobre como la desproporcionada crisis afecta a las y los venezolanos que viven con VIH, sus familias y a todas las poblaciones clave y vulnerables.

Quisiéramos en esta oportunidad compartir dos aspectos: 1. Actualización sobre la situación, en particular relacionada con el VIH y 2. Proveer nuestra reflexión sobre la respuesta del Sistema de Naciones Unidas, a propósito de la reunión de la Junta Coordinadora de ONUSIDA, llevada a cabo estos días en Ginebra.

El abandono de las personas con VIH

Hace años que Venezuela sufre severos desabastos de medicamentos, entre ellos, los antirretrovirales, que aun cuando los funcionarios lo desmienten, han sido documentados y denunciados por las personas con VIH. Hace dos meses que no hay tenofovir y, recién a finales de agosto, llegará al país apenas el 50% de lo que se necesita (85 mil frascos). Hay 800 personas con VIH que eran tratadas con Complera® (combinación de tenofovir, emtricitabina y rilpivirina), que hace 4 meses no lo reciben. Tampoco hay fórmulas lácteas para niños. De buena fuente nos consta que todos los inventarios de antirretrovirales del país están en rojo, no hay medicamentos y los que llegarán no alcanzarán.

Pero la crisis va más allá de los desabastecimientos de medicamentos. Los centros de salud vienen siendo -hace tiempo- abandonados por un porcentaje significativo de profesionales de salud que se sumaron a la diáspora fuera del país. Faltan cientos de medicamentos esenciales, las góndolas de las farmacias públicas y privadas están vacías, no hay reactivos ni insumos. Basta googlear imágenes sobre “la salud en Venezuela” para ver las personas hacinadas en los pasillos, durmiendo en los pisos, y usando cajas de cartón para improvisar incubadoras para los bebes prematuros.

Extraoficialmente, funcionarios de gobierno por primera vez han reconocido que no saben cómo seguirán tratando adultos y niños con VIH.

No hay información sobre el impacto que esta larga y dolorosa crisis tiene en la prevención de la infección por VIH, sólo sabemos que no hay actividad preventiva alguna por parte del gobierno ni condones y comprarlos es una tarea difícil y una empresa muy costosa. Y el gobierno, impotente, mantiene un relato y se niega a recibir ayuda para amortiguar el impacto de la crisis. Una cosa es indiscutible, muchas personas se están enfermando y muriendo, y otras tanto exponiéndose al VIH. Como no hay datos de fiar sobre ninguna cuestión de salud producidos por los programas gubernamentales, no sabremos el tamaño del desastre por muchos años.

Las imágenes muestran el deterioro del sistema de salud venezolano.

La respuesta de solidaria internacional

Uno esperaría que frente a una crisis de esta magnitud, todo el sistema de Naciones Unidas y otros mecanismos, como el Fondo Mundial para el sida, la tuberculosis y la malaria, por mencionar uno, estarían buscando colaborar en paliar los efectos de esta compleja crisis.

Sobre la respuesta del Fondo Mundial, hemos reflejado en Corresponsales Clave su desempeño por más de un año. Un sector de la Junta de Gobierno, liderado por las delegaciones de sociedad civil y LAC, trabajó y confrontó a la Junta para que el Fondo apoyará al país. Luego de meses de trabajo, se logró una decisión, rara, que aún no ha tenido ningún efecto concreto.

¿Qué ha pasado con las agencias del Sistema de Naciones Unidas?

Poco o nada. La semana del 27 de junio, se reunió la Junta Coordinadora del Programa Conjunto sobre el SIDA (PCB de ONUSIDA), en el que se espera sea un punto de inflexión. ONUSIDA ha sido desfinanciada, su brecha presupuestaria es de más del 30% y además las agencias co-sponsors y los Estados miembros que la gobiernan y financian, han pedido una profunda revisión en la forma en que esta agencia trabaja. En los meses previos a esta reunión se realizó una evaluación integral con consultas con diferentes actores y se ha presentado un nuevo modelo de operaciones. Quienes hemos participado de algunas de estas sesiones hemos visto un consenso, al menos en la sociedad civil, la que está muy frustrada con el desempeño de ONUSIDA; aun así, consideran que debe seguir existiendo como un programa conjunto, pero que necesita hacer profundos cambios para mejorar su relevancia para la respuesta.

Así las cosas, la agenda de la reunión de ONUSIDA ha tenido cuatro temas 1) su crisis presupuestaria, 2) su evaluación y cambio de modelo operativo, 3) discusión anual sobre desempeño y el nuevo presupuesto y 4) una discusión temática sobre prevención combinada. Pero, no se había asegurado un espacio para discutir y coordinar acciones sobre los países en crisis como Venezuela, Siria, Chechenia, Tanzania; y la lista sigue. Resulta, a primera vista una agenda muy auto-contemplativa, con poco margen para lo que pasa más allá de Ginebra. En un diálogo directo con las comunidades venezolanas, la delegación de las ONG´s y algunos representantes de Organizaciones de la Sociedad Civil invitados a hablar durante el PCB, conocimos que se ha acordado mencionar e interpelar al Sistema en general sobre su respuesta en Venezuela.

Mary Ann Torres, Venezolana y Directora de ICASO habló en el PCB y dijo:
“Instamos a los aliados de esta sala (de la reunión del PCB) a responder a esta crisis humanitaria, mirando más allá de las limitaciones de las políticas, la política y las clasificaciones de ingresos. Le pedimos que miren más allá de los informes y datos del gobierno y que inviertan – sí, inviertan recursos – en el fortalecimiento de los sistemas comunitarios, en particular para obtener la información más precisa sobre la crisis. Les pedimos que siga facilitando procesos y comience a proporcionar asistencia concreta inmediata. Necesitamos recursos para comprar productos básicos, necesitamos apoyo político. Necesitamos que estén listos para actuar cuando se declare la emergencia humanitaria. Necesitamos una estrategia a más largo plazo para reconstruir nuestros sistemas de salud y comunitarios. Les pedimos que hablen con los médicos venezolanos, activistas, personas que viven con el VIH y que escuchen lo que necesitan – ¡y comiencen a actuar ahora!”

Como Mary Ann, finalmente, muchos colegas de la sociedad civil han hablado en el PCB sobre Venezuela, ese respaldo da mucha esperanza a las personas en el país. Pero ONUSIDA y las agencias, para hacer las cosas mejor, deben entablar un dialogo con las comunidades en el terreno. Y evaluar los siguientes pasos, pues esto no mejora poniendo un funcionario más en Caracas, con retórica o con gestos apresurados para mostrar que se hizo y que se hará. Aquí hay acciones urgentes, de mediano y largo plazo. Esto no es más de lo mismo, mucha de nuestra gente esta muriendo.

El rol del multilateralismo

La grave crisis que agobia a muchos países, como Venezuela, y la incapacidad de las agencias multilaterales, como el Fondo Mundial, ONUSIDA y sus co-sponsors, forma parte de un problema mucho más profundo y que han puesto en la mira de muchos gobiernos financiadores el futuro de todo el Sistema de Naciones Unidas. Está claro que: 1.- los países tienen autonomía y soberanía y 2.- estos Estados gobiernan las Naciones Unidas y sus Agencias. Esto genera un efecto de inmovilidad y alto condicionamiento para que los funcionarios de una Agencia asesoren a un país para que no deje morir o torture a sus ciudadanos.

Para eso existe la diplomacia y la habilidad de ejercer un rol técnico sutil que contribuya a reducir el impacto de estos desmadres. Ciertamente, muchos funcionarios del sistema tienen una alta capacidad para evitar cualquier conflicto, generar cualquier tensión y poner en entredicho la continuidad de la oficina nacional (y a veces sus propias carreras). ¿Pero cuál es el propósito de quedarse si no se puede hacer nada? Al mismo tiempo, hay doble discursos, el internacional, a veces grandilocuente y progresistas, y el silencio obsecuente dentro de los países. Asumo que la anterior es una generalización, como toda, injusta, pues conocemos muchos colegas (la mayoría provenientes de la sociedad civil), que hoy trabajan en el Sistema, que se juegan casi a diario su continuidad laboral, por lo que creen que se debe hacer.

Hay un responsable principal sobre las muertes y el descontrol de la epidemia en este país, el Gobierno Venezolano, pero también hay un muy complejo y cada día menos relevante sector del sistema multilateral, que está perdiendo casi todos los votos de confianza y cargará con una gran responsabilidad por sus omisiones. Quienes pagarán el precio más caro, sin lugar a duda, son las personas que viven con VIH en Venezuela.

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