El último informe global sobre los avances en la respuesta al VIH de ONUSIDA no hizo ninguna mención a la situación de los pueblos indígenas. Esta falta de información epidemiológica fue una de las principales brechas discutidas en una reunión que convocó a líderes indígenas de 14 países del mundo, en julio pasado, gracias a una iniciativa de la Red Canadiense Indígena sobre Sida (CAAN), con apoyo del Ministerio de Salud de Canadá.

Amaranta Gómez, dirigente zapoteca de México e integrante de SIPIA.

La asamblea, realizada en Ottawa, contó con la participación de Amaranta Gómez, dirigente zapoteca de México e integrante del Secretariado Internacional de Pueblos Indígenas y Afrodescendientes frente al VIH (SIPIA), de Pilar Montalvo del pueblo wanka en Perú y de Willy Morales del pueblo mapuche williche en Chile, quienes además integran el Grupo Indígena Internacional de Trabajo en VIH (IIWGA).

Para Amaranta Gómez, quien conversó recientemente con Corresponsales Clave, esta cita tuvo como resultados, primero, avanzar en un documento sobre los avances y obstáculos en la respuesta al VIH en poblaciones indígenas, que será presentado a la comunidad internacional en el Día Mundial del SIDA que, en Canadá, también es la Semana de Concientización sobre SIDA y pueblos indígenas.

Junto a esto, comentó que se dio un paso más en la transición que permitirá que el Grupo Internacional Indígena (IIWGA) se transforme en una ONG de carácter mundial, denominada Comunidad Indígena Internacional en VIH SIDA (IIHAC), que vendría a ser el corolario de un trabajo en abogacía a nivel global iniciado en 1999 en materia de derechos de los pueblos originarios.

Falta de datos duros

Para la dirigente zapoteca la falta de datos duros en VIH y Primeras Naciones no es un tema menor. Recordó que, el 2016, SIPIA, con apoyo de ONUSIDA, lanzó un informe sobre el estado del arte en la materia, desde 2008 a la fecha. “Los datos cualitativos ya los tenemos. Sabemos cuáles son las vulnerabilidades culturales e históricas, de colonialidad, por género, por lengua, por migraciones. El reto, ahora, es que necesitamos datos duros y la crítica a los gobiernos es que pierdan el miedo a asumir que esa realidad existe y que tienen que focalizar sus acciones hacia estas poblaciones”, dijo Gómez.

Por lo mismo, declaró que uno de los consensos de la reunión de Ottawa fue que esta información cuantitativa es esencial para que los pueblos indígenas cumplan las metas de ONUSIDA del 90-90-90, en diagnóstico, tratamiento antirretroviral y supresión de carga viral. Desde su punto de vista, estas comunidades deben avanzar a un ritmo distinto para alcanzar esos porcentajes y con estrategias que den cuenta de las determinantes sociales en salud producto de siglos de colonialismo en América Latina y El Caribe.

Dirigentes indígenas de 14 países en la reunión convocada en Ottawa por CAAN para discutir la respuesta al VIH, tuberculosis y hepatitis.

“Mientras eso no ocurra, difícilmente vamos a medir el 90-90-90, (si) las comunidades indígenas vamos a cumplirlo, porque no es solo asunto de hacer un diagnóstico y tener un tratamiento, es preguntarse si la comunidad donde el chico se hizo la prueba tiene agua, si hay condiciones salubres, si no hay otras epidemias afectando la salud. El VIH, para las comunidades indígenas, hace evidente problemas estructurales. No nos pidan que cumplamos el 90-90-90, cuando hay problemas estructurales que deben resolverse al lado de eso”, recalcó la dirigenta.

Adicionalmente, apuntó hacia la interculturalidad en salud, ya que no es suficiente dar acceso a testeo, medicamentos y control médico, sino que también se debe avanzar en pertinencia cultural de estos servicios, por ejemplo, con el uso de las lenguas nativas y con la posibilidad de atención complementaria de la medicina indígena.

“Hay un desfase. Es algo histórico. Las comunidades indígenas llegamos tarde siempre a las políticas públicas. Nos dicen que no podemos llegar tarde, ¡pero no al ritmo que nos pide ONUSIDA! Es un ritmo distinto, porque las realidades y condiciones son distintas”, opinó.

Avanzar en la abogacía internacional

La reunión organizada por CAAN, que también tuvo como objetivos compartir prácticas interculturales exitosas en el campo de la hepatitis y de la tuberculosis, permitió dar un paso más en la ONG IIHAC que, de acuerdo con Amaranta Gómez, es necesaria para dar sostenibilidad a la abogacía internacional de los pueblos indígenas respecto al VIH.

Willy Morales y Pilar Montalvo en sus intervenciones en la reunión de Ottawa.

Afirmó que el grupo de trabajo, cuyo cobijo ha sido CAAN con apoyo del gobierno canadiense, pone ciertas limitaciones al financiamiento internacional que podrían ser superadas con la nueva ONG. Su propuesta es que la mesa directiva de la IIHAC incluya, al menos, a los ministerios de salud de Canadá y Australia, para tener presencia en ambos hemisferios y para que apoyen en el diálogo con otros países y agencias internacionales.

Para ella, es importante que estos dos países, pioneros en reconocer la problemática indígena frente al VIH, no solo aporten financiamiento, sino que “revisen cómo fue utilizado su dinero y vean las necesidades que surjan”.

Si bien esta transición ha generado dudas o reservas en algunos integrantes del grupo de trabajo, para Amaranta Gómez es una apuesta que vale la pena para consolidar el liderazgo internacional logrado desde que, en 2006, la Conferencia Mundial del SIDA tuviera su primera preconferencia indígena en Toronto.

Desde su punto de vista, colocar el tema en la agenda global ha sido difícil, pero sin duda el gran logro del movimiento, ya que “desde el discurso occidental, las comunidades indígenas no nos erotizamos, no deseamos, no sexuamos. Por tanto, no habría VIH. Creo que la academia, cuando ha estudiado las comunidades indígenas, se ha quedado en el folclore, pero poco se hablaba del cuerpo y justamente (por eso) el VIH significó una caja de Pandora”.

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