“Pedro” estuvo sentenciado a 4 años de prisión, pero luego de una serie de investigaciones, pudo salir a los 14 meses de la Penitenciaria Nacional Tamara, una de las más grandes del país, localizada a unas horas de Tegucigalpa, la capital. Él cuenta que desde que van entrando, los hombres gais son tratados de una forma cruel: “Yo, cuando llegué y les mencione que era gay me llevaron donde están todos, hay personas de nuestra comunidad que también tienen algo de poder en ese sector (…) y me registraron para ver si tenía algún tatuaje. Me dijeron que buscara donde dormir porque para tener un cuarto cómodo para dormir hay que ganárselo o tener dinero y pagarlo”.

El hacinamiento alimenta las condiciones de vulnerabilidad de las personas LGTBI en las penitenciarías hondureñas.

Las personas LGTBI que por una u otra razón faltaron a las leyes y llegaron a las penitenciarías nacionales, enfrentan diariamente la violación de sus derechos y son fuertemente discriminadas debido a su orientación sexual e identidad de género y porque no existe nadie que pueda escuchar sus llamados de auxilios.

Las personas LGTBI que están dentro de las Penitenciarias Nacionales viven días de infiernos y la situación es aún peor para las mujeres transexuales, por su expresión de género.

Pedro comenta que él sufrió mucho, pero que ese sufrimiento no se compara con las violaciones de derechos que viven las personas trans: “Adentro (en la Penitenciaría Nacional Tamara), las trans sufren, aparte de que no las dejan que ellas anden como mujeres, también les cortan el pelo como hombres y no pueden decir nada porque no les ’paran bola’. La policía no hacen nada porque dicen que ellas son hombres”.

El Centro de Prevención, Tratamiento y Rehabilitación de Víctimas de la Tortura y sus Familiares (CPTRT) es una organización que vela por los derechos de las personas privadas de libertad y trabaja en programas de inserción social; allí nos comentaron que las personas LGTBI son de los grupos que más violaciones a sus derechos tienen dentro de la penitenciaria Tamara. Ellos y ellas están en el módulo de “La Isla” –ubicado junto al de personas con trastornos mentales- y desde el momento que entran a esa zona, ya están recibiendo tratos inhumanos y degradantes; les obligan a cortarse el cabello tanto a la persona privada de libertad como a las mujeres trans que las visitan.

El CPTRT es una organización que vela por los derechos de las personas privadas de libertad y trabaja en programas de inserción social

Así mismo otras de las violaciones a sus derechos es la visita conyugal que toda persona privada de libertad tiene “No les es permitido que sus parejas lleguen a hacer la visita conyugal y así como se les violenta este derecho también son discriminados y discriminadas” Recalco el CPTRT

El CPTRT también ha recogido casos similares en la Penitenciaría de Márcala, donde hace dos meses arrebataron las ropas de una mujer trans y le cortaron los cabellos. Afortunadamente, gracias a su intervención, se logró aislar a esta mujer de los hombres y le fueron restituidas sus pertenencias femeninas.

Según Pedro, denunciar los hechos es casi imposible porque las pandillas tienen un gran poder en las cárceles: “Quienes mandan dentro son los mareros, y la policía más bien miedo les tienen, ellos hacen lo que quieran con uno. No había noche que yo no llorara por el miedo a que me hicieran algo o por no saber cuándo saldría de ese infierno”, comenta Pedro en una conversación con Corresponsales Clave.

El Estado de Honduras prohíbe en su Código Penal todo acto de discriminación por orientación sexual e identidad de género; sin embargo, las políticas públicas no logran proteger a las personas más vulnerables de la discriminación y la violencia ejercida incluso por los propios operadores estatales (la policía). El año pasado, tras presentar su Informe ante el Comité Anti Tortura en Ginebra, Honduras recibió muchas recomendaciones para abordar la situación en las penitenciarías sobre pobladas y la discriminación y violación de derechos que ahí se permite.

Aunque el eslogan del actual gobierno insista en que “Honduras está cambiando”, la realidad para las personas LGTBI continúa siendo la misma, llena de violencia y discriminación. Es importante tomar en cuenta a esta población, vulnerable por partida doble en sus derechos y a ser afectada por la tuberculosis y el VIH.

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