Es común para las personas que trabajamos en promoción de derechos humanos y VIH, recibir constantes denuncias de los maltratos que sufren las personas que acuden a los centros de salud a sus chequeos rutinarios; la situación se agrava cuando la atención que requieren debe ser ofrecida por personal ajeno al servicio de atención integral de VIH o cuando los usuarios necesitan asistencia de emergencia.   A pesar de los años de respuesta a la epidemia que tiene el país, algunos médicos, tan pronto toman nota del diagnóstico, se niegan a atender y refieren al usuario a “su médico”, en el entendido que es responsabilidad del infectólogo atender todas las necesidades de las personas que tienen VIH.

En ese contexto de estigma y discriminación, las mujeres embarazadas con VIH también deben vivir maltratos que inician en los Servicios de Atención Integral (SAI), donde se les destacan las “razones” por la que no debe tener hijos y, en muchas ocasiones, son alentadas a firmar peticiones de esterilización.

Hospital de Boca Chica

Esta es solo una mirada superficial de los maltratos que enfrentan las personas con VIH cuando asisten a los lugares destinados a mejorar su salud física y mental, donde por el contrario, son agredidos verbal y moralmente.  Para este informe, visité algunos centros de salud del país para recoger historias en primera persona y dar a conocer las condiciones en las que operan las unidades de atención.

No muy lejos del Centro de Santo Domingo

Inicié mi recorrido en el Hospital Municipal de Boca Chica, al este de Santo Domingo, en una zona de difícil acceso, frente a las embravecidas aguas del mar Caribe. Son deprimentes las condiciones de las instalaciones hospitalarias y, más aún, el apartado lugar donde se sitúa el servicio de atención integral. Según me comentó un empleado para quien yo era una usuaria del servicio, “esa parte no corresponde al hospital, sino a los sidosos”.

“Esa parte” es un local que parece estar abandonado, con muebles destartalados, pintura raída y un consultorio en el que se ven expedientes deambulando por todas partes. A pesar de estas condiciones, el personal del servicio hace su trabajo lo mejor que puede. Las personas que se encontraban allí se veían contentas y se podía observar una gran camaradería con el consejero de pares, aunque no cuentan con el apoyo integral que se requiere del resto del personal médico del hospital, lo que dificulta que los pacientes encuentren respuestas a otras afectaciones de su salud.

Adonis Polanco, consejero de pares del lugar, contó que en muchas ocasiones tiene que hacer colectas para comprar medicamentos a algunas personas que están internos en el centro de salud o van a ser sometidas a un procedimiento.

En el recorrido por las instalaciones, llegamos donde un joven de nombre Cristhian que el había llegado allí después de haber sido “rebotado” de diferentes hospitales. Cuando le pregunté por qué no le dieron atención antes de estar tan desmejorado, me dijo que por ser homosexual y tener VIH no le daban un trato humano, y añadió: “me ingresaron aquí gracias al esfuerzo de Adonis pero solo me tienen aquí tirado, Adonis es quien me limpia la boca, no tengo deseo de comer, y tampoco quiero, porque cuando como, quiero ir al baño y no hay nadie que me ayude, llamo a las enfermeras y no vienen”. Nuestra visita fue alrededor de las doce del mediodía y aún no había recibido la atención de la mañana, Cristhian estaba acostado sobre sus propias heces mientras dos enfermeras conversaban a escasos pasos de su cama.

Adonis ayuda a Cristhian a colocarse una mascarilla.

Sin recuperarme de la impresión por el caso de Cristian, regresé a la unidad de atención y me encontré con María, una mujer inmigrante e indocumentada que vivió en carne propia la discriminación que allí ocurre, cuando para hacerse una cirugía tuvo que comprar el kit quirúrgico por valor de unos doscientos dólares, esto no sucede con el resto de la población.

Hablemos de sida en La Romana

Llegue hasta La Romana, una provincia situada al este del país, donde tuve la oportunidad de participar en el conversatorio “Hablemos de sida”, organizado por la Fundación Grupo Paloma con el objetivo de promover un servicio de atención amigable, donde todos los actores, desde el personal de salud hasta los agentes comunitarios se comprometieran a luchar juntos para ir cerrando las brechas de desigualdad en la atención sanitaria.

Al encuentro asistieron personalidades destacadas de la provincia, como Jael  Silfa, directora del Hospital Francisco Gonzalvo, y miembros de la sociedad civil organizada. El debate fue muy enriquecedor y evidenció aspectos importantes que deben transformarse para que la unidad de atención de dicho hospital atienda con respeto y dignidad a los usuarios.

La doctora Silfa, aunque visiblemente molesta por las críticas, se comprometió en ese momento a colaborar para que se den las mejoras necesarias; sin embargo días después las autoridades hospitalarias arremetieron contra la Fundación Grupo Paloma y amenazaron con echar a las consejeras comunitarias que trabajan en el hospital si la señora Ingrid Bretón los continúa “atacando”.

El acoso que persiste no es solo hacia los usuarios, los activistas también vivimos situaciones de violencia, se nos quiere callar, manipular, apartarnos de las unidades de atención, se nos acusa de llevar caos y de ser irrespetuosos. La mayoría de las veces estamos solos cuando somos violentados; y aunque representamos a diferentes redes, no siempre contamos con el apoyo necesario para iniciar una reclamación o denuncia, otras veces solo queda en el olvido.

Un sistema que mira a otro lado

Al hablar con Adonis Polanco, que además es un reconocido activista dominicano en temas de derechos humanos y VIH, me dijo con mucho pesar que “los organismos creados para proteger los derechos de las personas con VIH solo responden a intereses particulares y políticos, no existe una real articulación que contribuya a erradicar la discriminación”, y añadió que “el activismo está dormido, hacen  falta nuevos líderes comprometidos con la causa del VIH a quienes se les pague por su trabajo y no que se les compre su silencio”.

Víctor Terrero, director del Consejo Nacional para el VIH/Sida (CONAVIHSIDA)

En cuanto al sistema de salud, dijo que a los médicos les hace falta sensibilización, ya que conocen los protocolos y normas de atención pero los violan porque no existen medidas estrictas de sanción ni un sistema de seguimiento a las violaciones de derechos. Según él, hay médicos capacitados y sensibilizados que pueden estar en puestos clave pero estos son ocupados por políticos.

Se necesitan activistas y defensores de derechos humanos

Frente a las situaciones que se viven en los establecimientos de salud y las necesidades urgentes, que deben ser relevadas con las voces de quienes representan a las personas que más necesitan; se pide a gritos a los activistas, mientras surgen algunas preguntas ante la frustración y la impotencia ¿Los líderes están cansados o ya no les importa la situación? ¿Hace falta relevo en los liderazgos?

Sobre este particular conversé con Felipa García, directora de la Alianza Solidaria para la Lucha Contra el Sida (ASOLSIDA); al ser cuestionada sobre las denuncias a través de diferentes medios y la falta de respuestas a estas, respondió: “mi posición es de lucha y diálogo; aunque no se note, estamos ocupándonos y resolviendo asuntos de violaciones de derechos a personas con VIH, que siguen ocurriendo día por día, poniendo el tema ante las autoridades competentes en múltiples oportunidades”.

García hizo mención a lo que sucede en un reconocido hospital de la ciudad de Santo Domingo, donde la unidad de atención integral cuenta con la mejor estructura física del país, buena integración con el resto de los servicios y buena organización. Sin embargo, a pesar de estas envidiables condiciones, una de las médicas y encargada del servicio suele insultar a las personas con VIH, faltar a su confidencialidad y la consulta se limita a la indicación de medicamentos, que es entregada por la secretaria. Algunos pacientes dijeron tener más de seis meses sin que se les chequee.

En una ocasión varios usuarios se movilizaron para hacer la denuncia a través de ASOLSIDA, que a su vez la llevó a las altas instancias; sin embargo, hasta el momento no se ha logrado remover a la doctora del cargo debido a sus conexiones políticas. Su trato no ha cambiado.

Con relación a este tema, el doctor Víctor Terrero, director del Consejo Nacional para el VIH/Sida (CONAVIHSIDA), concedió una entrevista a Corresponsales Clave y dijo que “según la encuesta de ENDESA 2013 sobre estigma y discriminación, más del 57 % del personal de salud discrimina a las personas con VIH y GLBTI, es una situación en extremo preocupante ya que no solo se manifiesta en las unidades antes mencionadas sino que es un malestar general. Los médicos todavía creen -y proyectan- que les están haciendo un favor a las personas infectadas cuando las atienden y esto esta dañando la imagen del país de manera internacional.”

Continuó diciendo que “para romper con el estigma y la discriminación, desde CONAVIHSIDA se han realizado diálogos nacionales con los diferentes ministerios y la sociedad civil donde surgieron denuncias muy fuertes y se establecieron sanciones por denuncias muy específicas en ese momento.”

Terrero invitó a la población que ha sufrido algún tipo de violencia a no quedarse callada y denunciarla, es responsabilidad de todos y todas ir cerrando esas brechas que nos impiden gozar una vida libre de discriminación. Dice que la ruta más eficaz es a través de la línea de auxilio de CONAVIHSIDA donde cuentan con un equipo que brindará soporte y acompañamiento a las víctimas.

En República Dominicana, la lucha por los derechos humanos de las personas con VIH está muy fragmentada, cada población dice no sentirse representada en otra; las organizaciones han quedado atrapadas en gestionar proyectos que no siempre son ejecutados con transparencia ni cumplen con los indicadores.

Se hace necesario rescatar la misión y visión de los movimientos comunitarios y unificar la lucha hacia una misma meta, hacia la reivindicación de las poblaciones clave, hacia la atención integral en salud y hacia la eliminación de todas formas de discriminación. De otro modo, República Dominicana quedará muy lejos de los 90-90-90.

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