Algunas organizaciones de reconocido trabajo en VIH hemos empezado a mirar también las hepatitis y de entre ellas, la hepatitis C ha captado grandemente nuestra atención.

Ifarma, FSBEIN y Coalition Plus impulsaron la reunión de organizaciones de América Latina.

En una reunión de sociedad civil, organizada por IFARMA (Colombia), el Foro Social para enfrentar las enfermedades infecciosas y olvidadas (Brasil) y Coalition Plus (Francia), participaron activistas y organizaciones con trabajo por el acceso a medicamentos que discutieron algunos aspectos que deben llamar la atención de toda la región. Es probable que a lo largo de este artículo, noten el sesgo desde la respuesta al VIH; pero creo que debemos poner en práctica lo aprendido en tantos años de epidemia.

¿Cómo estamos en vigilancia epidemiológica?

Uno de los mensajes que repetíamos hasta el cansancio en la respuesta al VIH era: “Conoce tu epidemia” y es que si no tenemos información respecto de cuál es la situación del país respecto a las hepatitis en general y a la hepatitis C en particular, será muy difícil diseñar una estrategia de respuesta.

Así, son pocos los países de la región que cuentan con información confiable sobre la dinámica de la infección y a partir de ella con un plan para eliminar la hepatitis o –en el peor de los casos- enfrentarla y reducir su impacto. Brasil, Colombia y Argentina llevan la delantera con planes desarrollados o en construcción. En el primer caso, hay incluso el compromiso oficial de acabar con la hepatitis para el 2030, siguiendo los planes propuestos de la Organización Mundial de la Salud. En el centro, están países como Uruguay, Perú y otros tantos que, aunque reconocen la hepatitis como un problema de salud pública, han respondido tímidamente, con programas de vacunación para la hepatitis B, pero sin promoción sostenida del diagnóstico, ni acceso oportuno al tratamiento para la hepatitis C. Finalmente, Ecuador se encuentra en el otro extremo, ya que según datos oficiales, el país no tendría ningún caso de hepatitis C. Negación total.

Prevención y testeo

La primera gran barrera para el acceso a medicamentos en hepatitis C, así como en VIH, es el acceso al diagnóstico. Salvo Brasil, los países de América Latina no han puesto en marchas grandes campañas de testeo de hepatitis C, al parecer, porque no están dispuestos a atender a las personas que obtengan un diagnóstico positivo. Literalmente, el precio es muy alto y de esto hablaremos más adelante.

Participantes señalaron que de seguir con la timidez de la respuesta a la hepatitis, como hasta ahora, será imposible alcanzar las metas propuestas para el 2030.

Las campañas de prevención, por su parte, también son un gran ausente. Incluso en el discurso de las organizaciones de la sociedad civil y organizaciones de pacientes; y tratándose de una enfermedad transmisible, este debiera ser un eje de trabajo importante.

Acceso a medicamentos para todos

A diferencia del VIH, en el caso de la hepatitis C, existe un esquema de tratamiento con una tasa de curación por encima del 95%. En tres o seis meses, dependiendo de la fase en la que se encuentre la infección, la persona se curará.

Sin embargo, eso solo será posible si vive en alguno de los pocos países que brinda tratamiento –Brasil, Argentina y Colombia- en la región, o si logra conseguirlo a través de otros mecanismos: clubes de compra o importaciones directas para pacientes.

Hasta el momento, los países que han introducido el tratamiento para la hepatitis C, lo han hecho para las personas que se encuentran en una etapa avanzada de la infección –lo que se conoce como fase 3 y 4-, tal como sucedió con el VIH, que al principio solo se proveyó tratamiento a las personas con niveles de CD4 por debajo de 200 o en etapa sida. Parece que repetimos la historia.

Francisco Rossi, director de IFARMA (Colombia), en su intervención de apertura del evento, fue muy crítico respecto de la manera en la que se estaba respondiendo a la hepatitis C:   “Nuestros gobiernos están enfrentando la hepatitis C peor de lo que enfrentaron el VIH”, dijo. Y es que a su parecer, los gobiernos –nuevamente- están tratando de equilibrar el gran poder de las multinacionales frente al poder de las personas afectadas por hepatitis y que requieren medicamentos, y mientras intentan esta imposible tarea, más de un millón de personas mueren cada año.

El precio de los medicamentos es aún una enorme barrera para el acceso.

Varios otros participantes coincidieron en señalar que de seguir con la timidez de la respuesta a la hepatitis, como hasta ahora, será imposible alcanzar las metas propuestas para el 2030.

Altos precios de medicamentos y patentes

Como señalábamos líneas arriba, testear implicaría un precio muy alto, no tanto por el diagnóstico en sí, sino por la responsabilidad que acarrearía: proveer tratamiento a todos los que lo necesitan.

Cuando el medicamento para curar la hepatitis C, sofosbuvir, fue lanzado al mercado, el precio ofrecido para los países del norte fue de 84 mil dólares por tratamiento. Precio que se ha podido reducir gracias a la presión de gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y personas afectadas por la infección; pero que aún se mantiene muy alto en su versión innovadora.

Brasil ha logrado negociar un precio de alrededor de 3 mil dólares por tratamiento y en el caso de Argentina, uno de los proveedores ofertó el año pasado una versión genérica del producto por 1400 dólares. De cualquier manera, estos precios continúan siendo bastante altos para poder pensar en el acceso universal.

En el caso de Perú, donde se estima que más de 200 mil personas tienen hepatitis C, la inversión mínima requerida, con precios referenciales para el país (6mil dólares por tratamiento), sería de 1.2 mil millones de dólares.

En este contexto, la discusión por las patentes y el acceso a medicamentos genéricos se coloca en el centro de la respuesta y debe llamar nuestra atención. Los países deben utilizar todas las medidas legales posibles para acceder a medicamentos genéricos ya disponibles en el mundo por menos de 500 dólares por tratamiento, y salvaguardar la salud de sus ciudadanos. Debemos pelear por el acceso a tratamiento, pero no a cualquier precio. Nuestros sistemas de salud no deben alimentar la avaricia de la industria farmacéutica.

La respuesta a la hepatitis C está cambiando rápidamente a nivel mundial. Es necesario que en cada uno de nuestros países, empujemos el diagnóstico y luchemos por el acceso a tratamiento oportuno. Tenemos experiencia haciendo esto, pongamos en práctica las lecciones aprendidas.

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