Si hay alguien que conoce sobre el VIH y su dinámica social en el Perú, es Pablo Anamaría Cárdenas.  Desde hace 25 años, el activista, consultor y experto en temas de VIH y derechos humanos, ha formado parte de los procesos más significativos que se han presentado en materia de salud y VIH en el país.

Corresponsales Clave: ¿Cómo has visto este proceso de la respuesta al VIH en el país en las últimas décadas?

Pablo Anamaría sostiene un cartel exigiendo el mejor uso de los recursos para comprar antirretrovirales.

Pablo Anamaría: Creo que aún no hemos logrado consolidar una conciencia del verdadero problema, desde el Estado y la población en general, puesto que aún persiste el auto-estigma, el estigma y la discriminación a todo nivel, pese a que se han invertido cantidades considerables de dinero en intervenciones para reducir el estigma, desarrollados por organizaciones no gubernamentales y donde vemos la ausencia del Estado en la prevención y el estigma.

La única cosa tangible que se ha logrado y que ha sido parte del esfuerzo de las personas que viven con el VIH es el acceso al tratamiento antirretroviral, que (hasta) ahora pasa crisis periódicas por el desabastecimiento a causas de problemas en la cadena de suministro, que van desde la programación hasta la dispensación de medicamentos. Este es un problema sistémico del Estado.

CC: ¿En qué circunstancias se hace más evidente la ausencia del Estado frente al tema del VIH?

PA: Ha existido una ausencia del Estado casi permanente, porque desde sociedad civil hemos tenido que empujar, por ejemplo, la ley contra sida, luego su modificatoria y después, el acceso al tratamiento antirretroviral, al inicio con presupuesto del Fondo Mundial y ahora con el Estado. Siempre hemos tenido que empujar para que el Estado cumpla su rol, demostrando que no ha existido una conciencia que el VIH es un problema de salud pública y de derechos humanos.

CC: ¿Crees que el Estado se ha conformado con el tratamiento antirretroviral?

PA: Es un tema no sólo peruano, sino global. De un período donde habían mensajes de prevención, de derechos humanos, de pronto todo descansa nuevamente en el tema biomédico de la terapia antirretroviral, incluso las metas 90-90-90 están vinculadas a servicios de prueba, acceso a medicamentos y adherencia, pero no hay unas metas 90-90-90 para prevención. Tampoco se habla de nuevas estrategias de prevención como las profilaxis pre y post exposición y otras estrategias que se han demostrado que funcionan. Necesitamos hacer prevención combinada, armar un paquete donde las personas tengan diversas herramientas de prevención. Se está cargando en el tratamiento antirretroviral toda la respuesta al VIH y eso podría traer consecuencias en el futuro. Ahora mismo hay organizaciones que están tamizando y haciendo vinculación, pero eso podría afectar la programación, el abastecimiento y el financiamiento, si el Estado no actúa oportunamente.

Estamos en una cabalgata por lograr coberturas, pero no pasa lo mismo en prevención. Vamos a terminar con el sida como cuadro clínico, pero no con la diseminación del VIH.

CC: Le será más costoso al país tratar el VIH antes que prevenirlo, porque va a tener que financiar a cada una de las personas con VIH los medicamentos de por vida…

PA: Así es. Encima si tienes en contra un medicamento como el atazanavir que se lleva gran parte del presupuesto porque el Estado no quiere aplicar una licencia obligatoria para disminuir sus costos y donde no podemos depender de donaciones de países hermanos, vamos a tener pocos recursos para financiar la salud.

CC: La epidemia del VIH en el Perú es concentrada en la población de mujeres trans y homosexuales, pero ahora todos hablan de la cronicidad del virus…

PA: Cuando hablamos que el VIH es crónico, volvemos al tema biomédico y no sé si termina haciendose el juego a los que producen los medicamentos.  ¿Acaso no hay otras iniciativas?

No debemos dejar a nadie atrás. Todos deberían ser parte de las políticas públicas de salud sin exclusión, pero cuando se habla de epidemia concentrada, todos los esfuerzos y recursos se concentran en un tipo de población. Ver la epidemia como concentrada, nuevamente, es poner al margen a las mujeres, niños y heterosexuales. Entonces no se van a poner esfuerzos en las intervenciones para ellos y las formas de prevenir el VIH.

CC: En el actual gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, ahora tenemos el tercer ministro de Salud en menos de dos años de gestión.  ¿Cómo has visto la gestión de las autoridades de salud con el tema del VIH?

PA: La única autoridad de salud que habló sobre el VIH, aunque de manera declarativa fue la ex ministra Patricia García, pero a nivel de acciones no ha pasado mucho. Los otros ministros no se han pronunciado sobre el tema.  No han hablado de sida con nombre y apellido, es decir como problema de salud pública. Actualmente tenemos un Plan Estratégico Multisectorial sobre VIH, que es el único documento multisectorial y político, pero no se le ha hecho seguimiento a su cumplimiento desde que se promulgó en el año 2015.

CC: En la actualidad, el Fondo Mundial financia una “Nota Conceptual”, para disminuir la transmisión del VIH. Durante este año, ¿has visto algún avance o impacto de ese proyecto?

PA: Lo que falta en realidad en la subvención de la Nota Conceptual, es la rendición de cuentas. Desafortunadamente, la sociedad civil, en los últimos años, ha olvidado su rol de fiscalización y vigilancia. Estamos en una anarquía de la respuesta, frente a los que tienen el dinero. No sabemos si los receptores o beneficiarios de la propuesta realmente están recibiendo los servicios. La única instancia que lo hace (vigilar) formalmente es la CONAMUSA, pero ya no hay reuniones abiertas por resultados y retroalimentación. No hay estos espacios que la sociedad civil debe compartir. Veo que con la subvención, varias organizaciones comunitarias se van a fortalecer, aunque yo no sé si vamos a ver un impacto significativo en la vida de las personas y en resultados sanitarios.

CC: ¿Por qué crees que las organizaciones ya no realizan su rol de vigilancia?

PA: Está vinculado en la sostenibilidad, muchas organizaciones han apostado a sobrevivir ante la poca viabilidad de los recursos. Tampoco existe una forma que el Estado pueda financiar acciones de vigilancia de la sociedad civil.

Por ahora el colectivo GIVAR es la única iniciativa visible, incluso es sobredemandada porque es la única que realiza acciones de vigilancia sobre la situación de medicamentos para el VIH.

CC: No podemos dejar de tocar la situación de Venezuela. ¿Qué crees que se debe hacer con aquellos venezolanos con VIH que llegan al Perú y donde algunos no pueden acceder al Seguro Integral de Salud?

PA: En general creo que el SIS debe dejar de ser una herramienta política y orientarse al verdadero bienestar de aquellos a los que afilia. Si el país tiene una política de acogida para los venezolanos, esta debe ser real y ayudar a que todas las personas sean incluidas en este seguro. Se debe mejorar el sistema de afiliación y sus “filtros” que muchas veces son la causa de exclusión

CC: Frente a lo que hemos conversado, ¿Qué podemos hacer para mejorar la situación del VIH en el país desde el Estado y la Sociedad Civil?

Las autoridades deben tener la voluntad política y darse cuenta que estamos frente a una emergencia de salud pública que afecta a miles de peruanos y peruanas.

También tienen el desafío logístico para revisar sus sistemas de la cadena de suministros en el abastecimiento de los medicamentos y la responsabilidad de invertir bien los recursos aplicando la licencia obligatoria para los medicamentos en monopolio. Además, el Estado debe estar presente, y aunque parezca que pedimos mucho mientras hay otras enfermedades que no tienen atención, es obligación del Estado hacerlo.

Desde la sociedad civil, debemos liderar discusiones técnicas y políticas de nuestra realidad. La sociedad civil debe recuperar su rol de vigilancia ciudadana y mejorar nuestro liderazgo, porque las nuevas generaciones de líderes y de personas con VIH no han recogido la herencia de sus antecesores, en cuanto a paradigmas que se habían roto. Muchos se consideran “pacientes”, “infectados”, “seropositivos”, cosa que se había intentado desterrar. Este punto del empoderamiento se ha perdido como consecuencia de la toma de medicamentos, que los aleja del escenario político y las luchas por sus demás derechos.

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