La integración de los servicios y tratar a todos no es ciencia ficción

Imaginemos por un momento que una persona concurre a un establecimiento de atención primaria de salud o una ONG que presta servicios en salud sexual, motivada por conocer su estado serológico respecto del VIH. Nuestro protagonista llega y, mientras espera ser atendida, recibe material impreso y ve en las paredes de la sala de espera mensajes de prevención combinada y mensajes sobre sus derechos. Luego de un rato de espera, quizás tenga una breve entrevista con una persona entrenada, que puede ser un par de la sociedad civil, con quien conversará amenamente sobre qué es lo que le llevó a decidir hacerse la prueba del VIH. El o la consejera podría ser también un médico, paramédico o enfermero, explicará en qué consiste una prueba rápida de VIH y qué es lo que el resultado negativo o positivo significa. En la misma conversación, le propone realizarse testeos rápidos de ITS, de hepatitis y tuberculosis. También –quizás- ofrezca una vacuna de hepatitis B al protagonista.

Los servicios de consejería en prevención deben integrarse con otros servicios de salud sexual.

Nuestro consultante  puede resultar VIH negativo y, luego de una breve visita y la realización de una batería integral de pruebas, abandonará el servicio con información, con el testeo de otras infecciones y una invitación a regresar por otra prueba en un tiempo determinado.  Además, se llevará condones y lubricantes.

También es posible que nuestro protagonista resultara VIH positivo o positivo al test de hepatitis. En el primer caso, deberá tener una cita con un consejero y un médico, se le tomarán muestras de sangre y se le ofrecerá toda la contención necesaria; incluyendo la posibilidad de que una persona la acompañe a navegar el sistema de salud para que pueda acceder a todos los servicios. Además, se retiraría del centro con sus tratamientos antirretrovirales, condones, lubricantes y cualquier otra medicación, vacunas, otros test o insumos que el protocolo indique. Luego, claro, de una consejería de introducción al tratamiento antirretroviral y la adherencia. Si hubiera resultado positivo a la sífilis, podría abandonar el centro con el tratamiento.

La situación arriba descrita no es futurismo, es lo que deberíamos estar haciendo en los centros de servicios hoy: integrar los servicios (testear y tratar múltiples infecciones en el mismo lugar y momento) y brindar el medicamento en forma inmediata, algo a lo que se han comprometido muchos países de nuestra región al suscribir el abordaje de tratar a todos.

Este modelo de atención integrada e integral en el servicio de atención vienen demostrando un alto grado de eficacia en aquellos países que lo implementan, evidenciado, por ejemplo, con una mejor retención de las personas en los servicios, la reducción dramática de la comorbilidad, de las co-infecciones y mejores resultados clínicos.

Cambiar nuestra forma de trabajar

Para los que venimos de otros abordajes y paradigmas, en algunos casos vetustos, nos genera mucha ansiedad pensar que una persona recientemente testeada y diagnosticada salga del centro de salud unas horas más tarde con sus antirretrovirales. Pero las evidencias sobre su eficacia son abrumadoras.

La oferta de vacunas y otros tests diagnósticos deben integrarse a los servicios de salud sexual.

Sabemos que un porcentaje de las personas con test positivo niegan el resultado y lo guardan en un cajón por años. Sabemos también que aún con el diagnóstico de una ITS fácil de tratar, muchos desaparecen del radar y no la tratan por meses. Las personas con VIH, tuberculosis, hepatitis e ITS se nos caen del sistema, se nos pierden, La burocracia boicotea cualquier posibilidad de un diagnóstico oportuno y un tratamiento inmediato.

Si a un servicio nos llega, por mencionar un ejemplo, un hombre gay para pedir información, manifiesta uso inconsciente del condón y pide hacerse la prueba de VIH, no aprovechar esa oportunidad para ofrecerle el amplio espectro de diagnósticos y tratamientos es una grave falla de la respuesta en salud.

Es cierto que esto va a requerir de una mejor inversión en salud preventiva, en capacitación para una mejor integración de los servicios, entre otros recursos, pero es una de las herramientas más eficaces y eficientes para diagnosticar y prevenir el VIH, las ITS, la tuberculosis, las hepatitis, entre otras.

No debemos olvidar los horarios diferenciados y la disponibilidad de trabajadores pares en los centros de salud. Para que una persona que concurre a un servicio de VIH pueda tener servicios de TB o hepatitis se requerirá también un cambio cultural, pues hay muchos servicios especializados que funcionan en silos, por enfermedad, aun cuando están en la puerta de lado. Y hay mucho profesional de la salud, pobremente formado, que frente a una persona con sífilis, no se le ocurre siquiera proponerle un test de VIH.

Sobran estudios que han demostrado el costo-beneficio económico y sanitario de la máxima integración de servicios. ¿Qué estamos esperando? Y están surgiendo evidencias que las clínicas superespecializadas de VIH e ITS sólo para población clave no son un modelo que se vaya a sostener mucho más en el tiempo.

Pensemos en abordajes diagonales, rompamos los silos y hagamos de todos los servicios de salud sexual e infectología servicios amigables.

Las personas que se acercan a nuestros servicios tienen miedo y ansiedad, quieren y no quieren saber, seguramente tienen poco tiempo, y cualquier excusa será suficientemente buena para huir. Somos nosotros quienes debemos contrarrestar esto y aprovechar las oportunidades.

Todos los artículos pueden ser compartidos y publicados siempre que sean citados los datos de la fuente.