Alberto Colorado es un médico mexicano que hoy reside en Estados Unidos. Dedica sus esfuerzos a la respuesta a la tuberculosis en América Latina. Forma parte de la Coalición contra la TB en las Américas, apoya el Frente Parlamentario de lucha contra la tuberculosis de las Américas y es conocido en redes sociales por el grupo llamado “AcTBistas” que reúne a líderes y personas interesadas en colaborar en este trabajo.

Con motivo del Día Mundial de la Tuberculosis, Corresponsales Clave conversó con este “acTBista” para tener una visión de los desafíos que enfrenta la sociedad civil frente a una enfermedad que tiene “focos rojos” en varios países del continente y en donde las organizaciones de la sociedad civil tienen un rol importante para vigilar que los gobiernos cumplan su tarea, lo anterior sin recursos financieros y solo con la fuerza del altruismo.

Alberto Colorado, médico mexicano. Vive en Estados Unidos y forma parte de la Coalición TB de las Américas.

Corresponsales Clave: ¿Dónde están los principales problemas de la pandemia en América Latina?

Alberto Colorado: “Depende de a quién le preguntes. Está la realidad oficial en que los gobiernos presentan sus estadísticas de acuerdo con sus intereses y sobre todo a lo que llamo el estigma político. Los países no quieren parecer que tienen el problema de TB, porque es la punta de iceberg respecto al abuso de los derechos humanos y del derecho a la salud, lo que implica que sus métodos de diagnóstico y tratamiento no están funcionando. En lo que corresponde a la sociedad civil, es la realidad de la gente que lo está sufriendo: no tienen información sobre la enfermedad, hay un estigma social vinculado a la pobreza, no quieren asistir a los departamentos de salud porque van y no les hacen diagnóstico oportuno, a veces no hay medicamentos, los médicos y enfermeras no son sensibles… Eso hace que no haya confianza”.

CC: En este escenario, ¿en qué países habría problemas mayores?

AC: “De los más de 274 mil casos estimados por la Organización Mundial de la Salud, la mayoría se encuentra en cuatro o cinco países de América Latina, por ejemplo, Haití, Perú, Brasil, México y Bolivia, incluso también en Colombia. Sin embargo, estos datos son manejables, no hay un buen sistema de recopilación de la información y muchos países basan sus diagnósticos en la baciloscopía que es una técnica muy atrasada”.

CC: ¿Cuáles son los desafíos para la sociedad civil en este panorama? Ya que la respuesta a la TB está arraigada en los gobiernos y no se dan espacios para que sociedad civil trabaje en el tema.

AC: “La tuberculosis todavía es vista como un problema biomédico. Hasta hace muy poco hemos empezado a hablar de temas de derechos humanos, de las diferentes poblaciones que son afectadas por la TB: las personas con VIH, las personas con diabetes, las personas privadas de libertad, los trabajadores de la salud, que por su vulnerabilidad están más expuestas. En Estados Unidos, también, nuestras poblaciones indígenas que están totalmente desatendidas, las afroamericanas, que son poblaciones en que las acciones no son culturalmente sensibles.

Afiche de la campaña del Día Mundial de la TB 2018.

La TB no es un problema de los pulmones. A pesar de que la TB es la principal causa de muerte de las personas con VIH, aún ambas poblaciones no trabajan en coordinación. Así, la sociedad civil está apenas naciente. Hay algunos países, como Perú, Brasil y Bolivia en que nacen las organizaciones de personas con TB o sobrevivientes de la TB; ese es uno de los ejes fuertes de la Coalición TB de las Américas donde hemos logrado conglomerarlas parar trabajar en el bien común”.

CC: ¿De qué forma estas organizaciones pueden ayudar a superar esta visión biomédica para enfrentar la TB?

AC: “La sociedad civil no va a reemplazar la responsabilidad de los gobiernos de atender a sus ciudadanos, con educación, buenos laboratorios, medicamentos, médicos capacitados y compasivos… La sociedad civil tiene un gran papel en monitorear que se realice ese trabajo, porque, además, no existen apoyos ni fondos suficientes para la sociedad civil. Por ejemplo, vigilar que haya medicamentos de segunda línea, como bedaquilina y delamanida, para el tratamiento de la TB multidrogoresistente o medicamentos solubles para niñas y niños; o que haya asistencia social, que se considera como algo externo a los departamentos de salud. Sin embargo, sin alimentos no va a haber adherencia al tratamiento”.

CC: ¿De dónde sacan recursos estas organizaciones? Sin apoyo de los gobiernos ni financiamiento internacional…

AC: “Desafortunadamente, el trabajo que realiza la mayoría de las comunidades es voluntario. Por ahí hubo algo de asistencia de parte del Fondo Mundial, pero muy limitado. No existe un apoyo estructurado por parte del sistema para trabajar coordinadamente con sociedad civil. Todos nosotros lo hacemos en base a nuestras organizaciones o al trabajo humanitario. Depende de nuestro corazón por atender a los que están sufriendo”.

CC: ¿Esto cómo se puede corregir o no es una prioridad para las organizaciones?

AC: Sabemos que si recibes fondos vas a depender también de los objetivos y metas que te propongas. Si bien se requiere financiamiento para actividades de mayor amplitud, fuera de las redes sociales, por ejemplo, se necesita dinero para transporte, para asistir a las reuniones… La gente paga de su propio bolsillo… Creo que es importante que se pongan (recursos), tanto los gobiernos como las pocas agencias internacionales que apoyan aún a América Latina y que están en retirada del continente.

CC: Así las cosas, ¿cómo ves la posibilidad que se cumplan las metas de la Organización Mundial de la Salud respecto a alcanzar el umbral de erradicación de la TB?

AC: Creo que las organizaciones mundiales están muy optimistas de que algo pueda pasar, pero cuando nosotros vemos en terreno que algunos Estados no tienen ni frasquitos para hacer los esputos ni insumos para hacer cultivos ni lo último en diagnóstico ni los medicamentos… Entonces, vemos que aún hay mucho por caminar para eliminar la TB. En Perú, hay personas que mueren porque el Estado no puede ofrecerles una operación de pulmón desde 2015; o en Colombia, murió un joven con TB extremadamente resistente esperando los nuevos medicamentos. Es un panorama oscuro.

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