La respuesta a la epidemia de VIH en América Latina y el Caribe ha logrado progresos significativos, especialmente en el acceso a medicamentos; sin embargo, el progreso ha sido desigual y aún persisten algunas barreras que dejan a muchos grupos fuera del acceso a los servicios que requieren. En cuanto a prevención, la estimación que ofrecía la Lupa de la Prevención, publicada por OPS hacia finales del año pasado, era de 120 mil nuevas infecciones por VIH en el 2016, cifra que se habría mantenido más o menos invariable desde el 2010.

Una de las principales barreras para avanzar más rápidamente en detener el VIH es el acceso al diagnóstico. Un tercio de los diagnósticos de América Latina suceden en personas con niveles de CD4 por debajo de 200, un nivel que mostraría cierto deterioro en la salud.

Aunque el grueso del taller estuvo centrado en los desafíos para la implementación de la PrEP y la PEP, inició con la revisión de algunas intervenciones presentadas en la Conferencia de Sida de París, el año pasado, que demostraron mucho éxito en algunos países como Inglaterra o Estados Unidos y que ayudarían a nuestra región a avanzar hacia detener la epidemia.

Self testing o auto testeo

El auto testeo es una de esas estrategias que aún no han pisado tierra latinoamericana, esa posibilidad de que cada persona que se tenga conciencia de haber tenido una conducta de riesgo pueda acceder a la prueba, a través de algún establecimiento privado (farmacias o ventas por internet).

Algunos de los temores que han inundado las tímidas discusiones donde se ha planteado el tema, sobre todo en Perú, que es la realidad que más conozco, son la ausencia de consejería, por un lado, que limitaría el impacto de la prueba en el cambio de comportamiento, y la desvinculación con el servicio de salud para la confirmación del diagnóstico y el inicio del tratamiento antirretroviral en los casos positivos. Sin embargo, un estudio en Inglaterra evidenció que el 92% de los hombres que tienen sexo con otros hombres que se hicieron el testeo en casa, se vincularon luego con los servicios de salud.

Existen oportunidades para ampliar el testeo a todas las personas que lo necesitan.

Es posible que algunas de las personas que se realicen el test en casa no modifiquen sus conductas de riesgo y será imperativo buscar otras estrategias para alcanzar a aquellas personas que tampoco se acercarán a los servicios de salud para recibir información y hacerse el test; pero el desafío más grande para la implementación de nuevas estrategias como el auto testeo, es la adecuación de los servicios de salud de primer y segundo nivel de atención. ¿Están preparados los servicios de atención de VIH en Perú –por citar un ejemplo- para recibir a las más de 27 mil personas que aún no conocen su diagnóstico?

Otras oportunidades para el diagnóstico

La atención en VIH en nuestra región, incluido el acceso al diagnóstico, información y tratamiento antirretroviral, se sostiene en estructuras que respondían a otra etapa de la epidemia y a otras condiciones sociales y económicas. El mundo ha cambiado bastante, hay tecnologías que se han desarrollado y corresponde evaluar su aplicación en cada uno de los países.

Es posible que la implementación de drones para transportar muestras de sangre o frascos de medicamentos antirretrovirales suene para muchos de nosotros a película de ciencia ficción, sobre todo para algunas regiones, probablemente las que por su difícil acceso más necesitarían de este tipo de tecnología, pero que serviría de poco sin la adecuación cultural de las intervenciones.

Pero por ahora no estamos hablando de drones, sino de la incorporación de algunas medidas que apalancarían el acceso al diagnóstico, como el uso ampliado del test rápido, que aún encuentra alguna resistencia en el personal de salud; el mejoramiento de  los algoritmos de diagnóstico y la capacitación del personal de salud para un correcto diagnóstico y atención los usuarios; la integración de los servicios, que implica la oferta de la prueba en todos los servicios de salud y la correcta vinculación ante un diagnóstico positivo; el diseño e implementación de servicios amigables en horarios que se adecúen a la población que queremos alcanzar con trabajo coordinado con las organizaciones de base comunitaria, y la adecuación del marco legal y normativo para que todas las personas puedan acceder a la prueba sin estigma ni discriminación y sin temor a perder su libertad, como en el caso de las trabajadoras sexuales que pueden ser perseguidas.

Sabemos lo que se tiene que hacer, pero tenemos que ponerlo en práctica para detener efectivamente la epidemia y alcanzar las metas que nos hemos propuesto para acabar con la epidemia en el 2030.

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