En el Panel “VIH y Juventud: Barreras y oportunidades”, diversos actores que trabajan con adolescentes y jóvenes presentaron los desafíos que aún existen para que los jóvenes, según todos los estudios, el grupo etario más afectado por la epidemia, puedan acceder a información y atención en salud.

Entre las panelistas, ubicamos a Lizbeth Quesada, responsable de un proyecto en Balance que brinda información sobre sexualidad mediante una estrategia de difusión de la información con jóvenes especialistas en los temas. Se busca apoyar y enlazar el contexto escolar con un componente comunitario y promover los derechos sexuales y reproductivos de los jóvenes con la finalidad de fortalecer su ciudadanía en coordinación con otras organizaciones juveniles. Aquí una entrevista con ella:

Balance brinda información sobre sexualidad mediante una estrategia de difusión de la información con jóvenes especialistas en los temas.

Corresponsales Clave: ¿Cuéntanos un poco del proyecto?

Lizbeth Quesada: Llevamos  información a través de materiales, condones y otros insumos. Lo llevamos, a través del arte, con una obra de teatro tipo cabaret que dura 30 minutos dirigida por y para jóvenes y adolescentes y luego hacemos un cierre informativo más específico donde se resuelven dudas específicas de los adolescentes. Tratamos de difundir información y herramientas para que tomen decisiones informadas.

CC: ¿De qué temas se hablan en la obra y en el cierre informativo? ¿Se habla de VIH?

LQ: Hacemos cosas ligadas (al VIH). Primero damos un tema de derechos sexuales, después quizás damos el tema de diversidad y después lo vinculamos con VIH. Entonces tratamos que tengan una continuidad los tres temas; y depende de lo que solicite la escuela, el tema de VIH ha estado saliendo un montón este año y nos han financiado con ese tema y es muy importante que hablemos de eso.

CC: ¿Cómo acceden a las escuelas?

LQ: Es complicado porque somos una organización civil; pero tenemos comunicación con las trabajadoras sociales y ellas son las que nos están apoyando a hablar con el Director, solicitar el permiso y demás. Ellas nos han facilitado un montón el trabajo. Lo mismo con las psicólogas que tienen el mayor avance o apertura al tema.

Discutían en la mesa sobre cómo llegar con servicios de salud sexual y reproductiva a personas cada vez más jóvenes que es donde está la epidemia. ¿Qué plantean desde Balance para llegar a esas poblaciones?

Lo que planteamos es que realmente se implemente la educación integral en sexualidad y eso incluye un montón de medios; incluye a la familia, medios de comunicación y no es solo una estrategia que le compete a las escuelas. También apostamos a que exista capacitación al personal de salud, para que ellos puedan tener las herramientas para brindarles la información a las personas adolescentes, de manera amigable, como realmente se necesita. También pensamos que las instituciones se comprometan realmente con las políticas públicas y que sea en coordinación con todas las personas y que los tomadores de decisión consideren que el tema de sexualidad es prioridad.

CC: ¿Qué desafíos encuentra un adolescente menor de edad al buscar servicios de salud aquí en México?

LQ: En primer lugar, no se reconoce que son personas que tienen derechos y que tienen la capacidad de pedir los insumos que ellos soliciten. En segundo lugar, muchas veces el personal de salud no cuenta con toda la gama de métodos anticonceptivos, entonces, si el personal de salud sí se los quiere entregar, no tienen condones femeninos o implantes y hay otras barreras que van desde los prejuicios que el mismo personal de salud tiene y el estigma hacia los adolescentes que tienen relaciones sexuales y (la atención) va con un juicio: “te voy a dar, pero espero que ya no regreses y que no me vayas a salir con un embarazo”.

Otro tema que se me olvidó mencionar es el asunto de los horarios. Los horarios en los que se brindan los servicios de salud no están pensados para las personas adolescentes y jóvenes. Ellas trabajan, estudian, hacen otras actividades por las mañanas y ya en la tarde que tienen disposición, ya están cerrados los servicios.

CC: ¿Es posible que un adolescente gay que ve la obra y toma conciencia de haber tenido una conducta de riesgo acceda a una atención de salud?

LQ: En la obra también damos información sobre a cuáles centros de salud ir, sobre los servicios amigables que más cerca le quedan, así como aquellos donde se pueden realizar la prueba. Los vinculamos también con la Clínica Condesa, que es la que tiene la mejor atención y ahí les brindan todas las pruebas de VIH, la información y los insumos que necesiten.

CC: ¿Aun siendo menores de edad?

LQ: Sí. Lo que comentaba es que sí se les puede hacer la prueba, pero existe la limitación para entregar el diagnóstico, que no se los entregan hasta que vayan con el padre, madre o tutor.

CC: ¿Y los chicos vuelven a recoger el resultado?

LQ: No, es como una oportunidad perdida, también por el temor en torno al estigma que hay frente al VIH. Ya no regresan. Entonces el tratamiento llega muy tarde; el promedio es de diez años a nivel nacional para que la persona adolescente ya empiece a tomar el tratamiento.

CC: ¿Y qué desafíos consideras que existen para la implementación de PrEP?

LQ: Creemos que es una opción válida y que le debemos apostar a la prevención y a la atención, y la PrEP puede ser una opción para quienes sí lo requieran, pero no es que sea la solución y el tratamiento que queramos para todas las personas.

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Como en otros países de América Latina, el acceso pleno de los adolescentes y jóvenes a los servicios de salud, todavia es un desafío en México. Existen barreras normativas y también en la calidad de atención que ahuyentan a los adolescentes y sobre todo a los adolescentes y jóvenes gais y trans de los servicios de salud. Son tareas pendientes que debemos abordar ahora.

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