Personas con VIH que luego de recibir la notificación de su examen nunca asistieron a control médico o que abandonaron su tratamiento antirretroviral y luego aparecieron para ser internados de urgencia en cuidados intensivos y morir a los pocos días. Esa era una situación que puso en alerta al policlínico de VIH del Hospital Regional de Arica Dr. Juan Noé, en el extremo norte de Chile, zona con la más alta notificación de casos del país.

El equipo del “programa de rescate” del Hospital de Arica está integrado por la psicóloga Ivonne Moreau, la matrona Vania Camacho y la asistente social Julia Caselino.

La respuesta fue implementar un programa innovador y pionero en la unidad de atención y control en salud sexual (UNACESS) de dicho establecimiento: salir en la búsqueda de las personas con VIH que llevaban más de un año sin asistir al hospital, conversar con ellas en sus casas y brindarles apoyo psicosocial para que pudieran retomar su tratamiento.

Fue así como, con recursos locales, la UNACESS inició el 2017 un “programa de rescate, con un equipo integrado por asistente social, psicóloga y matrona. En un año de trabajo, de un total de 250 personas que habían abandonado la atención, lograron que 85, es decir, un 34 por ciento, reingresaran a la unidad. Otros no fueron ubicables (61), algunas personas declararon estar en atención en sector privado (20), rechazaron la atención (16), ya no vivían en la ciudad (16) o habían fallecido (14). Quedan 38 aún en proceso de contacto al presente.

Esta experiencia fue destacada por el Servicio de Salud de Arica (SSA), organismo descentralizado del Ministerio de Salud, en el marco de su mesa de prevención secundaria del VIH, como un aporte para avanzar en las metas 90-90-90 de ONUSIDA, que buscan lograr, al 2020, que el 90% de las personas con VIH sepa su diagnóstico, que el 90% de ellas esté en tratamiento y que el 90% esté con carga viral indetectable y, por lo mismo, sin posibilidad de transmitir el virus.

La matrona Vania Camacho, integrante del equipo del “programa de rescate”, manifestó, en el programa radial Salud y Vida Sana del SSA, que hay principalmente tres factores que inciden en el abandono de control y tratamiento: la percepción de estar sanos y no necesitar apoyo médico; el consumo problemático de alcohol y drogas; y el miedo a la discriminación.

“Muchos han señalado que no acuden a los controles porque tienen conocidos (entre las) personas que trabajan dentro del área hospitalaria y que eso les causa mucho miedo y temor (…) Nosotros siempre garantizamos la confidencialidad (…) y hemos tratado de llamar a la conciencia a toda la población hospitalaria para evitar situaciones que ponen en jaque a los usuarios”, dijo la profesional.

Por lo pronto, los desafíos del equipo de la UNACESS también van por el trabajo conjunto con la farmacia del hospital, de modo de tener un monitoreo oportuno de las personas que no retiran sus medicamentos antirretrovirales, como ya se está haciendo con un químico farmacéutico que atiende a estos usuarios, o incluso de poder predecir quienes están en riesgo de no hacerlo para activar intervenciones tempranas.

Cambios al modelo de atención

Sandra Bravo, activista y monitora en prevención del VIH de CEDEMU en Arica.

Sandra Bravo, activista y monitora en prevención del VIH de la Casa de Encuentro de la Mujer (CEDEMU) “Olga Poblete”, una de las organizaciones pioneras en la respuesta a la pandemia en la zona, valoró este programa del Hospital de Arica, pero opinó que la problemática del abandono de tratamiento requiere cambios profundos al modelo de atención.

En conversación con Corresponsales Clave, Bravo enfatizó que es vital la primera intervención con la persona con VIH en el momento de la consejería en que se le notifica su estado serológico. Argumentó que ahí se debe detectar las vulnerabilidades que pueden impactar negativamente en el control médico como pobreza, falta de redes de apoyo, adicciones o falta de información.

Opinó que el modelo de atención en VIH debe dejar de considerar a las personas como números, debe dejar de ser tan mecánico y, en el caso de Arica, abrirse a la interculturalidad en salud para dar cuenta de las cosmovisiones de los pueblos indígenas, como el aymara.

Agregó que las organizaciones de la sociedad civil podrían ser un aporte en este ámbito en el acompañamiento de las personas con VIH, en donde la llegada podría ser más amigable frente al rechazo que, a veces, causan los equipos de salud. “Sin embargo, mientras la sociedad civil y el Ministerio de Salud transiten en veredas opuestas en la respuesta a la pandemia va a ser muy difícil avanzar en lograr estos espacios”, dijo.

Acotó que el estigma y la discriminación son un tema de fondo en este campo que solo puede ser abordado con educación sexual desde la infancia y en las escuelas, para que el VIH deje de estar asociado a estereotipos y, en cambio, sí a conductas de más riesgosas. “Sólo así podemos ayudar a las que las personas acepten que viven con VIH y no rechacen los tratamientos”, enfatizó.

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