Bajo el auspicio del Fondo Mundial para el sida, la tuberculosis y la Malaria, la Secretaria de Salud y la Agencia de Cooperación Externa de México, se organizó en la Ciudad de México el Foro Regional sobre la denominada “contratación social”, con la participación también de las principales agencias como ONUSIDA y OPS, algunas redes y líderes de las tres enfermedades.

Mucho hemos escrito en Corresponsales Clave sobre la “vida después del Fondo Mundial” y como se verá afectada la respuesta al sida, la tuberculosis (TB) y la malaria en los países de la región. Está claro que en América Latina el Fondo Mundial ha iniciado su proceso de transición, es decir que los países que reciben financiamiento de esta entidad, según sea el caso, dejarán paulatinamente de recibir fondos. Desde hace unos años, estratégicamente, el Fondo dejó de financiar la compra y gestión del tratamiento y cuidado de las personas que viven con VIH, lo que ha forzado a muchos de nuestros países a asumir estas inversiones.

El modelo del Fondo Mundial

Parte de la belleza del “modelo del Fondo Mundial” es el rol que otorgó -desde su creación- a la sociedad civil y a las comunidades de personas viviendo o afectadas por las tres enfermedades en todos los niveles. ¿Hemos aprovechado cabalmente esta oportunidad? Quizás lo sepamos cuando ya no esté.

Las poblaciones clave, las PVVS y las personas afectadas por la TB, han ocupado sitios clave en los Mecanismos Coordinadores de País (MCP), y como implementadores, en su rol de sub-receptores de recursos. Esta arquitectura, bien llamada de “democracia sanitaria” es única, y no hemos encontrado modelos similares en otros mecanismo de financiamiento. La pregunta que nos quita el sueño es: ¿Qué pasará con todo esto cuando el Fondo ya no esté? Podríamos predecir que “el grado de sostenibilidad” de las organizaciones de la sociedad civil y de las comunidades surgiría de la suma de cómo se han fortalecido durante las subsecuentes subvenciones y cuán relevantes son para la respuesta nacional. Si, más allá de recibir una serie de subvenciones, la organización sobrevive, será, quizás, porque es necesaria.

Una vía para la sostenibilidad de las Organizaciones de la sociedad civil es la de ofrecer sus servicios a los gobiernos, bajo contrato, para realizar una serie de tareas, en las que estimamos que las ONG son mas efectivas y eficientes que los Estados. Pero para ello, hay que serlo, parecerlo y comunicarlo. Nuestra sociedad civil debe reunirse y repensarse como los mejores proveedores de servicios a sus comunidades, las de más difícil acceso, solo que para ellos los recursos provendrán de fuentes domésticas.

El Fondo Mundial, a través de las nuevas subvenciones, que incluyen componentes específicos, como también, por medio de la iniciativa especial de Comunidades, Derechos y Género, incluyendo a las plataformas regionales, está ofreciendo múltiples recursos para la preparación de la transición hacia la sostenibilidad.

Contratados por nuestros gobiernos

En algunos países existen barreras administrativas para este formato de contratación. Pero lo cierto es que, si existe la voluntad política de invertir bien, pueden ser fácilmente superadas. Creemos que el principal desafío es también político, pues sin el financiamiento externo, ¿Qué sucederá con aquellas organizaciones de sociedad civil que controlen y denuncien a sus gobiernos, que ahora son sus contratistas? Cuando un mecanismos de financiamiento externo se retira, deja solas y a merced de sus propias dinámicas al sector no gubernamental y gubernamental.

Quizás durante la transición, sea el momento para logran institucionalizar el rol de la sociedad civil, creando un programa o agencia autárquico, un mecanismo de revisión externo e independiente e incluso un mecanismo de gestión para la inversión en la sociedad civil. La sostenibilidad debe estar escrita en el papel como norma, si no cambian los contexto o los gobiernos, y volvemos a cero. Durante este año, la región tiene tres elecciones presidenciales (una  será en el país anfitrión de esta reunión) que podrían afectar nuestros esfuerzos para poner fin a las enfermedades.

La transferencia de recursos del Estado a la sociedad civil puede tener dos formas bien distintas, igualmente válidas y útiles, los mecanismos de subvención y los contratos. En la subvención, cuyo acceso es a través de concurso de proyectos, se puede acordar el desarrollo de actividades concretas, como el logro de determinadas metas, pero es una mas amplia oportunidad para continuar fortaleciendo nuestras organizaciones. La contratación, es quizás más directa y clara, donde las organizaciones se comprometen en dar una serie de servicios a cambio de un monto, estableciéndose por ejemplo: un costo por persona alcanzada, por consejería o insumo distribuido. Y se accedería a estos por medio de una licitación pública. En América Latina, tenemos en México, Brasil, Costa Rica, El Salvador, Argentina, entre otros países, mecanismos de subvenciones, más o menos organizados y transparentes. Sobre las contrataciones, aún no han habido experiencias relevantes. En la mayoría de los países desarrollados, hay ya décadas de experiencia en la gestión alternada y consecutiva de subvenciones y contratos, en diferentes temas de salud, derechos y desarrollo.

Por último y tradicionalmente, los gobiernos y el sector privado han colaborado con la sociedad civil en contribuciones no monetarias, por ejemplo: han otorgado donaciones, el uso en comodato y préstamo de edificios y oficinas como sede, equipamiento, transporte e impresiones, para eventos y actividades.

Los desafíos, entre la supervivencia y la sostenibilidad

Existe mucha preocupación y resistencia, en particular en nuestro sector, con estos mecanismos por alguna de las siguientes razones:

1.-Perder la independencia como organización frente al Estado.

2.-Temor de la represalias financiera por la veeduría y control social.

3.- Abrir los libros contables a la auditoria de una agencia del Estado.

4.- Transformarse en sólo implementadores de contratos.

5.- Falta de previsibilidad de los compromisos estatales.

6.- La reputación de las organizaciones frente a sus comunidades.

No hay una respuesta sencilla, ni una formula mágica. Quizás primero, las organizaciones deben reflexionar y analizar cuál es su misión. Si su objetivo principal es la prevención de alguna de las enfermedades y por ende reducir el numero de nuevas infecciones, la contratación estatal, habiéndose retirado el Fondo, aparece quizás como la mejor forma de lograr su fin. Si la misión es defender los derechos de una o varia poblaciones, ser veedor del sistema de salud, controlar toda forma de violencia institucional, por mencionar algunos ejemplos, seguramente será más complicado su sostenibilidad sin recursos externos.

La realidad es que existen miles de ONG, OBC y redes en el mundo, que por décadas se han ocupado sobre otros temas de salud, derechos y desarrollo, y que nunca tuvieron acceso a un mecanismo como el Fondo Mundial. Quizás en el mejor de los casos reciben algunas subvenciones de agencias multilaterales, bilaterales y fundaciones. Incluso algunas de ellas, por mencionar un caso emblemático como Greenpeace, no reciben recursos ni de gobiernos ni de empresas, sino solo de donaciones individuales. ¿Qué hace viable y sostenible a una organización que depende de la donación de las personas que ponen sus tarjetas de crédito o efectivo en las alcancías? La relevancia, la reputación, la coherencia y la rendición de cuentas, es decir que muchos ciudadanos se comprometen y actúan para que esa organización siga de pie y luchando.

La transición es inevitable. Tenemos unos años por delante para trabajar como será la respuesta sin los fondos externos. Necesitaremos, dónde y cuándo sea posible desarrollar una forma de relacionamiento con el Estado. En otros casos deberemos establecer un contrato social directo con la gente, la que servimos, nuestras comunidades, como así también, al gente de a pie, que no se beneficiaría en forma directa de nuestra existencia.

Hemos aprendido de las experiencias exitosas, que la diversificación es clave, pues la dependencia de una sola fuente de financiamiento, como ocurre con muchos sub-receptores, es institucionalmente tóxica e insostenible. Urge repensarnos y proyectarnos a un futuro más allá de la vida de un programa, proyecto, subvención o enfrentar nuestra extinción institucional.

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Fuente: Las imágenes han sido provistas por el FMSTM

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