La Conferencia Internacional de sida será la oportunidad de marcar un hito histórico en la respuesta, así como de reflexionar y aprender sobre el trabajo de los 26 años transcurridos desde su anterior edición en la misma sede.

En 1992, cincuenta y cuatro mujeres con VIH, hartas del destrato y el abandono, formaron la Comunidad Internacional de Mujeres con VIH, ICW;  y 14 de ellas han sobrevivido para dar el testimonio sobre su lucha, su sabiduría y la grandeza de pasar “la antorcha” a líderes jóvenes durante la apertura.  El gobierno holandés volvió a dar una clase magistral de derechos humanos y ciudadanía, que seguirán impartiendo en otros países en vías de desarrollo, por su renovado compromiso financiero con la respuesta al VIH. La Sociedad Internacional de sida, IAS, sorprendió con su capacidad de escucha, cumpliendo el compromiso de la conferencia anterior, asegurando el número más grandes de becas a las personas jóvenes y anunciando, la histórica designación de su primer Director Ejecutivo abiertamente VIH positivo, un respetado colega y amigo, Kevin Osborne.

Sesión de Apertura en la Conferencia Internacional de sida. Foto: Rob Huibers para IAS.

Pero el sol prometía no brillar toda la jornada. La Conferencia Internacional y las discusiones que caben en ella venían opacadas por la sombra de la crisis pública en ONUSIDA. Como ya hemos compartido en Corresponsales Clave, las denuncias y acusaciones contra el director adjunto sobre acoso y abuso sexual habían abierto una herida profunda en el liderazgo del Programa Conjunto. La salida del funcionario implicado no fue suficiente, pues había quedado ante el escrutinio público la carencia de políticas y mecanismos para prevenir estas repudiables prácticas y algunos indicios de un intento de cubrir los hechos por parte del director ejecutivo. Los donantes y los medios de comunicación acorralaron a los directivos y a su Junta de gobierno, que apresurados conformaron un panel independiente. Lo peor que puede suceder en estas situaciones de crisis, sucedió. ONUSIDA cerró filas y se embarcó en un ejercicio de incómoda negación.

Cabe mencionar que la Junta de Gobierno (PCB) se reunió hace solo semanas. Entonces, muchos vaticinaron alguna resolución. Pero su Directiva decidió hablar de “otras cosas” -como si la omisión bastara para conseguir credibilidad-, agudizando una crisis institucional previa, cuyo síntoma fue la incapacidad de asegurar los fondos para continuar su trabajo.

Hoy sucedió algo inevitable, se rompió el silencio con la condena durante la apertura por parte de la mayoría de los participantes de la conferencia: sociedad civil, científicos y gobiernos, hacia la figura de su director. Michel Sidibé fue el último expositor, quién cuando subió al estrado, los delegados que quedaban en la sala, unos miles, empezaron -en un silencio ensordecedor- a abandonarla.

Sesión de apertura. Foto: Marten van Dijl para IAS.

Pero el silencio no basta. Apenas iniciado el discurso, un grupo de mujeres activistas de la Campaña de Acción para el Tratamiento (TAC, por sus siglas en inglés) de Sudáfrica se apoderaron de un micrófono en los pasillos y le pidieron su renuncia. En una breve pero contundente intervención. Esto fue lo único que detuvo a la audiencia de dejar la sala, para respaldar con una ovación aquel acto de valentía.

Michel siguió con su discurso, notablemente molesto, que solo las primeras filas habrían de escuchar. Ya nadie podrá mirar para otro lado o perderse en los laberintos de la burocracia de comités y paneles. La metáfora de hoy fue muy fuerte, en el movimiento en el que hace tres décadas se acuñó el poderoso lema “el silencio es igual a muerte” se intentó hacer oídos sordos. El escenario había quedado protegido con rejas para evitar que los activistas interrumpieran la ceremonia. Todas las banderas y megáfonos fueron confiscados por la seguridad de la conferencia, pero quizás por accidente -o no-, había quedado un micrófono encendido en un pasillo donde se expresó, sin filtros, aquello que la mayoría piensa, pero solo unas cuantas se atrevieron a pedir en voz alta.

Hay algunas cosas, quizás obvias, pero no por ello menos relevantes que a modo de pregunta nos podemos formular: ¿ONUSIDA, su director y su Junta pensaban realmente que la cosa se iba a enfriar y olvidar? ¿asumieron que por (creer) tener el micrófono podrían sostener el relato? ¿qué bastaría comprar tiempo con un panel independiente cuyo mandato era revisar procesos y no ayudarnos a encontrar la verdad?

Michel Sidibe, director ejecutivo de ONUSIDA. Foto: Reuters.

Hoy, una multitud dando la espalda, sumada al accionar creativo y valiente de las activistas, abrió un camino que nos permitirá avanzar en la resolución de la crisis: la salida de su director ejecutivo. Quienes vivimos con VIH y trabajamos (con y para) la gente más afectada por la epidemia necesitamos a ONUSIDA. Un programa conjunto fortalecido que pueda seguir siendo punta de lanza en el Sistema de Naciones Unidas, para poner fin al sida, meta que se ve, por ahora, esquiva.

Es inadmisible que ONUSIDA haya dejado de escuchar y que esta actitud sea escenificada por su máximo responsable. Es una lástima que hace más de un año los medios de comunicación, que rara vez se refieren al VIH, lo hagan sólo para reflejar detalles de las acciones y omisiones en torno a éste escándalo.

La respuesta al sida atraviesa un peligroso desfinanciamiento; una tercera parte de las personas con VIH en el mundo siguen sin acceso a los antirretrovirales; no hemos podido bajar el número de nuevas infecciones y no lograremos alcanzar ninguna de las metas planeadas para controlar la epidemia. Por todo esto urge recuperar la debida atención sobre los temas que salvan vidas y no las carreras de funcionarios negligentes. Si ha existido acoso y abuso sexual, seguido de comportamientos encubridores, esto debe ser investigado y esclarecido en forma pública y transparente, mostrando también la lecciones aprendidas para prevenir proactivamente la recurrencia de cualquier comportamiento reprochable.

Todo se salpica y se opaca. Una de las agencias líder en la lucha contra las violaciones de los derechos humanos y la violencia contra las mujeres perdió de sus voceros principales toda credibilidad. Y hoy, se trazó también una línea divisoria con un claro mensaje: esta conferencia tiene otras cosas importantes y urgentes que discutir, y no será rehén. Este desaguisado debe ser resuelto por otros canales y en otros ámbitos.

ONUSIDA no es Michel Sidibé, sino también cientos de profesionales comprometidos y talentosos que trabajan en Ginebra y en todo el mundo, a quienes nosotros respetamos y apreciamos, con los que nos asociamos en diferentes niveles de la compleja respuesta al sida. Los casos denunciados han sido dañinos para sus víctimas, entre ellas la organización. Como también la situación insostenible en la que trabaja su gente. La miopía no está de este lado. Nosotras y nosotros sabemos de la madera que están hechos la mayoría de su gente, nos conocemos, y mucho. Por años hemos tejido amistades, confianza y alianzas, y no queremos perderlas en la otra orilla. Nos apremia una pronta solución que ponga en el centro al VIH y a las personas. Por ello, necesitamos que nos devuelva a ONUSIDA y su gente, porque esta enfermedad no es una más y necesita de una respuesta excepcional.

La ONUSIDA que necesitamos, nos pertenece.

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