Por Juan Quintero Niño.-

Corresponsable clave conoció a Adela, una adolescente que vive en el Estado  de Mérida, ciudad andina al suroeste de Venezuela. Allí, en la comunidad de Barrio escondido, donde las casas son de zinc y  no se cuenta con servicios básicos, se han reportado 14 embarazadas con VIH entre enero y junio de 2018, según datos epidemiológico del Instituto Autónomo Hospital universitario de los Andes (IAHULA); Adela, de 17 años, es una de ellas.

Instituto Autónomo Hospital Universitario de los Andes.

Ella se enamoró de Deivi de 19 años, padre de su hijo, a quien conoció entre  los pasillos de granito y la arquitectura del siglo pasado del Liceo los Próceres, una inspiración para el noviazgo, que formalizaron el día de San Valentín de 2018. A las 10 semanas de embarazo se enteró que era VIH positivo. “Me hice el examen del sida porque una amiga me contó que Deivi había estado con una chica antes que yo que tenía eso y salí reactivo, pero la doctora me dijo que mi bebé no, que él estaba sano(…). Yo no entiendo bien que es eso ni que es el tratamiento porque en el hospital no hay nada…”, comentó Adela a Corresponsables Clave, mientras esperaba su turno para la consulta de medicina interna en el Instituto Autónomo Hospital Universitario de los Andes.

Adela ahora vive con VIH y pasará a engrosar las listas de espera de personas por tratamiento antirretroviral -que no existen en el país- y que está siendo paleada por donaciones extranjeras. Entre julio y agosto de 2018 la escasez de antirretrovirales se reportó en un 70%, según el informe “Acceso a la salud de personas que viven con vih y sida en el estado Mérida”, del programa de Derechos Humanos de la asociación civil Jóvenes Creadores de Conciencia y del comité permanente de derechos humanos de la asociación científica de estudiantes de medicina ULA Mérida; otras organizaciones han reportado en otras ciudades que el desabastecimiento llegó al 100%.

No obstante esta cruda realidad, el Ministerio del Poder Popular para la salud de Venezuela no ha emitido ningún informe que recoja datos epidemiológicos completos ni pronunciamiento alguno sobre “escasez” de medicamentos antirretrovirales, fórmulas lácteas, reactivos para pruebas Elisa, Western blot, conteo de CD4, carga viral, pruebas de resistencia, entre otros.

Se desconoce la situación actual de adolescentes embarazadas y niños con VIH en el país. En Mérida, aproximadamente 4 mil personas viven con VIH, pero se estima que esa cifra puede haber aumentado en un porcentaje alarmante por la crisis humanitaria compleja que vive el país en la actualidad y como consecuencia de la ausencia de políticas en prevención desde 2005, que ha limitado la distribución permanente de preservativos masculinos y femeninos.

En Barrio Escondido, entre enero y julio, se han detectado 14 mujeres gestantes con VIH.

A inicios del año pasado, varias ONG como el Observatorio Venezolano de los DDHH de las mujeres, Voces Vitales de Venezuela y Aliadas en Cadena, hicieron un llamado al Estado venezolano a abrir un “canal humanitario que permita activar mecanismos de cooperación internacional para el ingreso de: medicamentos para enfermedades oportunistas, antiretrovirales, fórmulas lácteas para las niñas/os de madres con VIH, reactivos de carga viral y CD4, suplementos nutricionales para mujeres con VIH”. Hasta la fecha, respuestas NO HAY.

La migración como escape

Adela, con cinco meses de embarazo y recién graduada como bachiller, comentó a Corresponsable Clave, “Estoy pensando en irme del país para Colombia y parir allá a mi muchacho, así me beneficia de que el nazca allá que atienden a las mujeres embarazadas”.

Ella no escapa del VIH, corre de una “crisis” que dejará atrás después de cruzar la frontera colombo venezolana luego de pasar un riguroso control de parte del gobierno nacional venezolano que, en la voz de Delcy Rodríguez, Vicepresidenta Ejecutiva, niega la emergencia sanitaria y sostiene que en Venezuela no hay crisis humanitaria, hay amor”. Un amor, violento, holocaustico, que sostiene al poder totalitarista del gobierno de Nicolás Maduro en la presidencia a cambio de muertes y que atenta contra los derechos humanos.

Cientos de Adelas en Venezuela y muchas ONG que promueven la prevención del VIH, el acceso universal a medicamentos y los derechos sexuales y reproductivos en igualdad  han sido invisibilizadas en los últimos años bajo señalamientos, persecución, amenazas y medidas económicas asfixiantes e insostenibles.

La salud no es un favor ni una concesión del Estado, es un Derecho de carácter vinculante como garantía inherente a la vida. La atención a una mujer adolescente embarazada y con VIH es un compromiso de las naciones que no puede dejarse de lado. Una gestante con VIH es un asunto de todos.

Las niñas y adolescentes deben ser prioridad en  las políticas públicas y de atención en materia de VIH; también debe empoderárselas en sus  derechos sexuales y reproductivos, en la planificación de sus vidas. Ahora hay, además, una urgencia; aquellas adolescentes embarazadas con VIH deben recibir la atención sanitaria que necesitan para que puedan llevar a término su embarazo y evitar la transmisión vertical.

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