Cuando pensamos en el arte como herramienta de transformación social, pensamos sobre todo en el poder visibilizador que tienen este tipo de producciones en las problemáticas de una época determinada.  Y ese rol fue el que tuvo esta esfera de la producción en el caso de toda la campaña por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en Argentina.

El derecho a decidir de las mujeres sobre sus propios cuerpos se impone en "Martes Verde".

No sólo las poetas, sino también las actrices y otras artistas, apoyaron de diversas maneras la despenalización del aborto. Se hicieron performances, intervenciones callejeras, se leyó poesía en público en diversos lugares del país y hasta una actriz famosa, Nancy Dupláa, salió en una escena de la telenovela 100 días para enamorarse con el pañuelo verde en su muñeca.

La visibilización que tuvo la problemática del aborto a través del arte y las diferentes formas de ficcionalización de la vida cotidiana tuvo más efecto que cualquier campaña propagandística o panfletaria; a las cuales estábamos acostumbrados desde el ámbito más político – partidario y, quizás, en ese modo de expresarse, es que obtuvo, sobre todo en los y las jóvenes argentinas, un ámbito de reflexión y de apoyo.

En este contexto convulsionado y productivo, María Alicia Gutiérrez y Juana Roggero llevaron a las puertas del Congreso de la Nación a un grupo de poetas para que lean todos los martes, con el fin de apoyar la interrupción voluntaria del embarazo. A partir de esta experiencia de performance poética surge el libro “Martes verde” que fue presentado el pasado sábado 4 en en Espacio Salvo, la ciudad de Buenos Aires.

En el Prólogo ellas expresan “La historia ha sido esquiva con nosotras, y llegó la hora de que nuestras instituciones den cuenta de un derecho elemental para lograr nuestra ciudadanía plena. Estamos convencidas de que así será: las mujeres y las personas con capacidad de gestar (de distintas generaciones, clases, razas, etnias) somos portadorxs de una contundente mayoría de edad, y hemos decidido hacer de ello la práctica de nuestra vida cotidiana.”

Un grupo de poetas leyeron todos los martes frente al Congreso de la Nación para apoyar la interrupción voluntaria del embarazo.

El gesto eminentemente político de la colección poética es contundente. Y esto también se puede notar en todos los poemas que posee esta antología. Aldana Antoni (nacida en 1989) escribe: “Decido si quiero/ser/madre/decido/si quiero que/seas/el padre. /Este cuerpo/ es el gestante, /sí, soy/superpoderosa.”

El derecho a decidir de las mujeres sobre sus propios cuerpos se impone en todo el libro y conforma así una colección disruptiva y confrontativa: las mujeres tienen algo para decir y lo dicen, tienen un cuerpo que sostener y lo sostienen.

Carolina Bartalini (nacida en 1984) pregunta al lector: “Mi cuerpo sangra/¿y el tuyo?” A lo que Gabriela Bejerman (1973) le responde: “universo soy/ nada menos”.

Parece como si cada poema respondiese al otro y formara una especie de manada deseante: mujeres que se nombran, que nombran al otro: el hombre, y que van encontrando espacio entre la multitud. De este modo, Cristina Piña (1949) responde al gesto malicioso de la Iglesia: “Digo VIDA porque no somos/ asesinas ni asesinos/ no queremos la vida loca (el placer obstinado/a costa de la vida:/ queremos el derecho a decidir/ cuando el cuerpo decide/ más allá de su saber/ de la ciencia/ de sí.”

Así se va conformando la antología Martes Verde desde la “viva voz” en las puertas del Congreso de la Nación hasta el papel, desde los cuerpos hasta el deseo infinito de que ellas y elles pueden elegir sobre sus propios cuerpos gestantes. La palabra poética ya está lanzada al aire, ahora sólo falta que algún senador o senadora la ataje y haga con eso una Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, el miércoles 8 de agosto, en la ciudad de Buenos Aires.

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