Los lamentables pronósticos sobre el futuro del proyecto de ley se cumplieron y, en una larga jornada de lluvia, el Senado votó en contra de la ley, contradiciendo la voluntad de la Cámara de Diputados y una parte importante de las y los argentinos.

Un día, en la provincia de Tucumán, en su capital: San Miguel de Tucumán, que como la mayoría de las ciudades en esta región, llevan nombres de santos y santas, Belén, con sus 24 años, fue condenada a 8 años de cárcel por considerarla penalmente responsable de un aborto. Belén, que había tenido un aborto espontáneo, fue víctima de la justicia, que la tuvo presa por 900 días.

No todo está perdido; el resultado de hoy duele, pero no podemos perder de perspectiva que esta discusión jamás había llegado tan lejos. Foto: AFP.

No mucho ha cambiado en los últimos años y, en varias partes del país, aquellas mujeres que no mueren a causa de un aborto clandestino y llegan a un hospital al borde de perder la vida continúan siendo procesadas. Este caso emblemático, que fuera resuelto favorablemente con la libertad por la Corte Suprema, tres años más tarde, dejó en el inconsciente colectivo de los argentinos un claro mensaje: el aborto debe seguir siendo clandestino y si la mujer no muere en el intento, será condenada por la justicia.

“En ejercicio del derecho humano a la salud, toda mujer tiene derecho a decidir voluntariamente la interrupción de su embarazo durante las primeras catorce semanas del proceso gestacional”, decía el proyecto de ley en su primer artículo y se explica por si sólo el espíritu de la norma propuesta.

A pesar que llevamos meses en discusiones legislativas y mediáticas, de ratos bizarras, sobre cuándo empieza la vida y el ser persona, lo que aquí realmente importaba era no dar a las mujeres el derecho a decidir. Lo demás son nubes de humo para la política y los medios.

No todo está perdido; el resultado de hoy duele, pero no podemos perder de perspectiva que esta discusión jamás había llegado tan lejos. El año próximo volverá la campaña, de más de tres décadas, a construir sobre las bases políticas del debate 2018 y logrará la sanción de la ley. Sí debemos mencionar que en los meses o años que pueda demorar la sanción de la ley, miles de mujeres vulnerables morirán desangradas o como consecuencia de una septicemia por una mala práctica abortiva clandestina.

Miles de mujeres vulnerables seguirán muriendo desangradas o como consecuencia de una septicemia por un aborto clandestino. Foto: Rosario3.com

Lo abortos continuarán sucediendo y el Senado votó para que en la Argentina continúen sucediendo los abortos clandestinos, poniendo en riesgo la vida de las mujeres más pobres en el país.

También debemos aprender algunas lecciones de esta titánico intento:

- Por un lado, hemos subestimado la presencia e injerencia del Estado Vaticano sobre otros Estados soberanos. La Iglesia Católica Apostólica Romana “en las tierras de su Papa” no se puede permitir que la ley se apruebe y en las últimas semanas intensificó su poder de fuego, en las misas y los colegios, pero –sobre todo- con el establishment político criollo, con particular incidencia en las provincias más conservadoras. Es claro que hay una clase política de hombres blancos, de más de 60 años, de clase social privilegiada, hipócritas, que seguramente han financiado abortos, mas preocupados por el voto electoral que por la vida, que son quienes inclinaron la balanza por el “NO”. Pero quienes en estos días han movilizado a las bases eficazmente, en la misma dirección, han sido la iglesias evangélicas.

- El país esta dividido y lo que se vive, se siente y se piensa en la capital no es lo mismo que pasa en la Argentina “profunda”, donde suceden la mayoría de los abortos, concentrando la mortalidad de las mujeres por esta causa. Hay una línea imaginaria que separa al país al medio, con un centro y un sur más progresista, y un norte reaccionario. Esta cuestión no es menor en los esfuerzos de construir un país más inclusivo y equitativo.

Decenas de miles de personas esperaron toda la noche la votación del Senado. Foto: Prensa Senado.

- En las Cámaras de legisladores no hay debates sino monólogos, y todos sus miembros hablan en primera persona y no en representación del pueblo que los votó. En ocasiones, esto favorece la defensa de los derechos y otras veces no tanto.

- Aún en los peores gobiernos, existe un sustrato técnico en los ministerios que pueden ser nuestros principales aliados, que están dispuestos a poner en riesgo sus cargos por la salud pública y los derechos.

- A veces “predicamos para nuestras tribunas”, mientras otros predican desde el púlpito y esto contribuye a una polarización, muchas veces alimentadas por la desinformación. Hoy se abrió otro debate: el poner la lupa sobre la separación entre la Iglesia y el Estado.

Al mismo tiempo, esta búsqueda de la protección del derecho a la vida y la salud de las mujeres evidenció que la militancia y el activismo están lejos de estar dormidos; hemos llegado esta vez tan lejos, en virtud al incansable trabajo de las grandes activistas del movimiento de mujeres que amplificaron su trabajo en cientos de miles de jóvenes que vistieron de verde las calles del país. “Ni un paso atrás”, lo que se ha logrado en esta campaña y en este trabajo parlamentario es inédito y será difícil de frenar, de callar de paralizar. Es cuestión de tiempo. El futuro es verde.

La mujeres que pone su vida en riesgo con los abortos caseros y clandestinos son aquellas que menos recursos tienen. Ellas, las más vulnerables, son las que quedan expuestas también al VIH, a las ITS, a la violencia de género y a la violencia. Sus hijos no deseados ni planificados tendrán más dificultades para alimentarse, educarse y desarrollarse, quedando también expuesto a causas externas que impactarán en su futuro. Cuando el debate se enfríe y los denominados “anitabortistas” se regodeen en ésta victoria, ¿Qué hará el gobierno, la clase política y las iglesias para proteger a “aquellas que gestaron involuntariamente a término” y todos sus “nacidos y nacidas”? Se caerán de la narrativa pro-vida, de todos los servicios, sistemas y de la tutela del Estado que debiera protegerles, darles oportunidades y asegurar el acceso equitativo al estado de bienestar. Porque al momento de nacer ya dejan de ser rehenes de una batalla retórica de los “creyentes” para quedar abandonados a su propia suerte.

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