Las generalizaciones nunca son buenas ni justas. Existe un grupo de activistas y organizaciones, sobre todo, LGTBIQ, que hacen un trabajo de sensibilización e incidencia por la PrEP en diferentes países de la región. Pero la realidad es que somos una minoría y, sacando algunos pequeños logros, no estaríamos avanzando mucho en esta agenda.

Cuando se presentó el tratamiento antirretroviral de alta eficacia, fue claro que se debía luchar por el acceso al mismo.

Después de la Conferencia Mundial de sida, a mitad de los años noventa, donde se presentó el cóctel de tratamiento antirretroviral (ARV) de alta eficacia, el llamado del movimiento de las Personas con VIH y de muchas ONG fue meridianamente claro: Luchar por el acceso, con la conciencia plena que había personas que si no empezaban su tratamiento en forma inmediata se enfermarían y morirían por complicaciones relacionadas al sida.

La movilización en nuestros países no tenía precedentes en ningún tema de salud y derechos. Rápidamente, los gobiernos y sus programas de VIH y sida dijeron que no podrían afrontar los gastos, pero los movimientos ganaron las calles con el apoyo de los medios de comunicación tradicionales y el sector judicial, que hacía lugar a amparos legales.

En la mayoría de nuestros países hay una alta concentración de servicios en las capitales y principales metrópolis del país y, en aquel momento, teníamos la certeza que las primeras personas con VIH que serían tratadas vivían en las grandes ciudades y, de alguna manera, tenían vinculaciones con nuestras organizaciones.

Luego de más de 20 años, la gente se sigue enfermando y los Estados son los principales responsables de esto.

Así y todo, luego de más de 20 años, la gente se sigue enfermando y los Estados son los principales responsables de esto. Es sabido que “cuanto más te alejas del zócalo o la plaza principal de una capital, las chances de morir y no vivir con el virus aumenta”. O sea, es una agenda que aún no esta saldada.

El derecho de permanecer VIH negativos

Hace más de cinco años, la Organización Panamericana de la Salud, ONUSIDA y la Organización Mundial de Salud recomiendan el uso del tratamiento como prevención (TasP, en inglés) en personas con VIH para mejorar su calidad de vida y extender (probablemente por siempre) la fase asintomática, así como el uso de la Profilaxis Pre-exposición o PrEP. Sin embargo, pasan los meses, pasan lo años, y la PrEP no aparece.

Este año, el inicio del programa de PrEP a amplia escala en Brasil fue una muy buena noticia, pero cuesta entender por qué necesitó tanto tiempo cumplir la promesa que se anunciaba los últimos dos años.

¿Y en el resto de la región? Poco y nada. Lo único que sabemos es que se están realizando pequeños estudios demostrativos y de implementación de la PrEP por algunas ONG y universidades; esto significa que unos pocos cientos de personas la reciben en estudios de tamaño boutique. Bien por esta minoría que está protegida de la transmisión del VIH, pero no hay ninguna excusa, ni técnica ni financiera, para que la mayoría de los países retrasen el inicio de programas de implementación completa.

Desde Corresponsales Clave y Quiero PrEP estamos a disposición para apoyar los esfuerzos necesarios.

Los Programas Nacionales están muy felices y también se embarcan en estos estudios que les harán ganar tiempo hasta bien avanzado el 2019 o incluso el 2020. Curiosamente, una fecha en la que se habían comprometido a reducir significativamente el número de nuevas infecciones. Meta que, sabemos, no se podrá cumplir. Los programas hacen de guardianes de las finanzas del país y algunos tienen reservas morales, una combinación letal.

No es muy difícil, ni costoso lo que se necesita, sino ofrecer en los centros y puntos de salud: pruebas rápidas de VIH e ITS, consejería para la PrEP, la PrEP y una inmediata derivación para tratar a aquellas personas que son VIH positivas que suelen ser hombres gais, HSH y personas Trans, “ciudadanos de segunda clase” para nuestros gobierno, que si no usan condón que se infecten.

Llamemos a las cosas por su nombre. Como ha pasado con la compra y distribución de condones, aquí está en juego un juicio moral sobre el comportamiento de la gente, “aquellos desviados que no se cuidan”. Pero resulta que la responsabilidad de cuidar la salud, lo que incluye la prevención de la mayoría de las enfermedades, es del Estado. Una responsabilidad que nos pueden descargar en nadie más.

Retrasar el inicio de la PrEP a gran escala es una decisión inmoral, es jugar a ser Dios y decidir quién adquiere la infección y quién no. Este primero de diciembre, cuando se publique el informe anual sobre el sida de ONUSIDA, tendremos que cargar las decenas o cientos de miles de nuevas infecciones a la cuenta de los agravios de nuestros gobiernos.

Un párrafo aparte debemos centrarlo en las organizaciones de la sociedad civil, de VIH y de la diversidad. Por lo menos en el ámbito nacional o regional, no estaríamos viendo que la Prevención Combinada, mucho menos la PrEP esté en sus agendas. Vemos muy poca incidencia y presión política sobre los gobiernos de la región. Insisto que esta es una generalización, porque hay algunos colegas que están haciendo este trabajo, pero es todavía una minoría.

¿Quién va a incidir por el Derecho a la Salud de las personas que no tienen VIH?

En nuestro sector, tenemos la responsabilidad alzar nuestras voces y con urgencia hacer la abogacía a favor de la PrEP, así como también la prueba y el tratamiento para todos y todas. Desde Corresponsales Clave y Quiero PrEP estamos a disposición para apoyar los esfuerzos necesarios.

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