El VIH es una pandemia que afecta cada vez más a más mujeres que a hombres. En el mundo, según datos recogidos por ONUMujeres, se estima que un poco más de 17,8 millones, es decir el 51% del total de personas que ha contraído la infección son mujeres, hace una década alcanzaba al 41%.

En América Latina existen 1,7 millones de infectados con VIH y se estima que unas 550 mil son mujeres, según un reporte de ONUSIDA, es decir un poco más del 30 porciento.

“Las mujeres deben tener cuidado, que se protejan y utilicen preservativo. El VIH llegó a mi cama, es lo que siempre cuento para evitar que a otras mujeres más les pase lo mismo que a mí (…) Mi esposo me infectó y yo nunca utilicé preservativo porque él es mi marido y solo mantenía relaciones con él (…)”, dijo Soledad a Corresponsales Clave.

Soledad contrajo la infección hace 12 años. Ella y su esposo se enteraron de su condición de salud cuando él fue internado de emergencia por una serie de síntomas y afecciones que, más tarde se supo, estaban asociadas a la infección.

“Cuando me enteré fue muy duro, un golpe muy bajo porque nadie está preparado para una traición y menos para saber que está enfermo y que su vida da un giro de 360 grados”, comentó.

En Ecuador, según el Informe GAM Ecuador: Monitoreo Global de Sida 2017 del Ministerio de Salud Pública del Ecuador, de los 4.862 casos VIH/sida en el 2016, el 72% son casos VIH y el 27.9% son casos sida. De los casos VIH, el 68% son hombres y el 30.94% mujeres; mientras que de los casos sida el 77.60% son hombres y el 22.39% mujeres.

Desde lo ocurrido, Soledad se ha centrado en fortalecer su autoestima, en encontrar herramientas de apoyo para compartir con otras mujeres que tiene VIH y difundir su testimonio para prevenir, de alguna manera, nuevos casos e ir erradicando la discriminación que existe.

“Hasta el día de hoy mi esposo no sabe cuándo, cómo,  con quién o donde se infectó. No es que uno tiene que andar por la vida desconfiando de las personas pero sí es importante que las mujeres nos valoremos más, que tengamos claro que tenemos derechos y que podemos exigir a nuestras parejas el cuidarnos por un tema de salud”, reflexionó Soledad.

En general las mujeres tienen miedo a hablar con sus parejas sobre sexo, sugerir el uso del preservativo o negarse a tener relaciones íntimas porque temen ser víctimas de reacciones violentas o de “poner en riesgo la estabilidad de su hogar”. El predominio de una cultura machista y patriarcal hace muy difícil que las mujeres puedan negociar con sus esposos el uso del condón, colocándolas en relaciones desiguales frente a los hombres y haciéndolas más vulnerables a esta enfermedad.

“Ahora pienso diferente, todas las mujeres que tenemos vida sexual activa estamos en la obligación de cuidarnos, de exigir a nuestras parejas la utilización del condón, más si tienes dudas de que por ahí te ha sido infiel. Lo primero es hacerse un examen de VIH, por una misma, y por responsabilidad con la pareja. Las mujeres debemos obligar a nuestros esposos, de ser el caso, a usar preservativo. Lamentablemente en nuestro país el machismo está muy arraigado y si uno se lo pide él cree que lo están traicionando, te pegan o te abandonan. Varias de mis compañeras son castigadas, violentadas o dañadas psicológicamente”, dijo Soledad

Los estudios reflejan que la mayoría de las mujeres adquirieron la infección en relaciones monógamas estables. “No es algo nuevo el hecho de que el número de casos de VIH en amas de casa ha aumentado en los hospitales o centros de salud (…). Existen  algunos casos  en los que ellos, después de infectarlas se van. Son tan cobardes que las acusan a ellas de haberles infectado y terminan abandonándolas”, comentó.

Soledad vive con su hijo de 15 años, junto a su esposo, quien le ha dicho que si él hubiese sabido de su condición de salud no la hubiese infectado. Actualmente todos sus esfuerzos se enfocan a luchar por sus derechos y el de sus compañeras de un hospital público de la ciudad de Quito en el que reciben apoyo psicológico y realizan actividades coordinadas con otras instituciones en apoyo a los derechos de las personas que viven con VIH.

Soledad nos deja este mensaje: “No quiero que se repitan más historias como la mía, para que las personas piensen lo que hacen, porque no es verdad que viviendo en casa estás segura o que en tu cama estás segura, porque el VIH llegó a la mía (…). También para sensibilizar a las personas para que nos dejen de discriminar. No somos víctimas, tenemos nuestros derechos; por eso, reitero: al gobierno no le pedimos ni bonos ni canastillas, queremos respeto y aceptación, que se haga valer nuestro marco legal”.

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