El estigma hacia las personas que viven con VIH continúa impactando sus vidas; ya sea en el trabajo como en la vida familiar, se viven situaciones de discriminación y rechazo que afectan la salud mental, y en muchos casos, estas situaciones se vinculan también a la orientación sexual o identidad de género. En este contexto, muchas personas que viven con VIH buscan atención psicológica para fortalecer algunos aspectos de su personalidad y poder enfrentar las adversidades que se presentan en la vida diaria; desafortunadamente, no siempre encuentran al personal idóneo.

Riobamba es una ciudad ecuatoriana; cabecera cantonal del Cantón Riobamba y capital de la Provincia de Chimborazo.

Alberto se encuentra en su segundo mes de tratamiento con ARV, tiene 25 años y trabaja como docente en una Unidad Educativa de la ciudad de Riobamba. Él nos comenta que dentro de la ruta a seguir para recibir el tratamiento antirretroviral protocolo, explicada en la Guía de atención integral para adultos y adolescentes con infección por VIH/sida aprobada por el Ministerio de Salud Pública en el 2017, tuvo una visita al psicólogo, que según Área de Psicología de la Asociación Apoyo Positivo perteneciente al portal InfoCop, tiene por objetivo disminuir conductas de riesgo que conlleven a depresión, sentimiento de culpabilidad, infección intencional hacia otras personas, entre otras; es decir, buscar el bienestar de las personas que asisten al servicio. Sin embargo, no fue con eso con lo que se encontró.

“Lo admito, quería un psicólogo que me apoye; y digo ‘quería’ porque después de aquella experiencia, me cuesta creer que hay profesionales que puedan apoyar a PVVS”, comentó Alberto a Corresponsales Clave.

Él se acercó a la Unidad de Salud hace menos de un mes donde lo recibió el psicólogo asignado. Le comentó su diagnóstico y que estaba en proceso de recibir la medicación antirretroviral. “Empezó a preguntarme datos sobre mi familia, si vivía con ella; también si tengo pareja a lo cual mencioné que no”, dice.

Luego el psicólogo indagó sobre su plan de vida: Alberto se veía estudiando una maestría en el exterior, una pareja y un hijo o hija en un futuro próximo. El psicólogo preguntó por su orientación sexual, y él señaló que era bisexual. “Regularmente digo que me gustan hombres y mujeres, porque para muchas personas, esto es más fácil de digerir que mencionarles que soy gay, y por lo visto esta no fue la excepción”. Según Alberto el psicólogo mostró una expresión de tranquilidad y luego mencionó “son buenas noticias, (…) para una persona bisexual es más fácil tener una familia, no como en el caso de los gais, tú solo debes tomar decisiones y hacer unos pequeños ajustes”, insinuando que se incline hacia la heterosexualidad. “Le mencioné que, si es verdad que los homosexuales no pueden tener un hijos a través de copular con su pareja, pues existe la inseminación artificial, alquiler de vientres o la adopción (…) Pero el psicólogo me dijo que esas cosas sólo son un sustituto, ya que al final de todo no vienen a ser una familia real (…) pero que me encuentre tranquilo, porque en mi caso solo necesito unos ajustes y podré seguir con mi vida.”

El 33,7% de las personas refieren haber sido discriminadas en el ámbito de salud público o privado.

Al respecto, Esteban Zambrano, Médico Rural del centro de Salud Tipo A Unión Milagreña, dentro del Ministerio de Salud Pública, quien menciona en una conversación con Corresponsales Clave conversó que “el trato es igual para todos los pacientes (…) la homosexualidad ya dejó de considerarse una enfermedad mental (…) un psicólogo debe dar un apoyo y orientar, mas no este tipo de expresiones (…). Indirectamente el profesional menciona que se puede curar (…) y ser gay es solo una orientación sexual”.

Por su parte, Víctor Contreras, Médico Ocupacional para la Cruz Roja de Azuay, señala que “lo que menciona el psicólogo está mal (…). Hay muchas formas de familia”. Del mismo modo mencionó que el trámite legal en cuanto a la unión de hecho es muy fácil actualmente y pueden gozar de los mismos derechos civiles que las parejas heterosexuales.”

Según el Estudio de caso sobre condiciones de vida, inclusión social y cumplimiento de derechos humanos de la población LGBTI en el Ecuador, realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) en el año 2013; el 33,7% de las personas refieren haber sido discriminadas en el ámbito de salud público y/o privado, el 18,5% menciona haber sido excluidas y el 10,3% haber sido parte de un acto de violencia dentro de las unidades de atención. El caso de Alberto podría percibirse claramente como una discriminación y una agresión.

Alberto no realizó ninguna denuncia: “Mi familia no conoce mi situación, además estar en dichos trámites me conlleva tiempo y pueden existir sospechas del mismo (…) lo que sí hice fue comentarle esta situación en el departamento de consejería donde lo que me ofrecieron es un cambio de psicólogo y presentar un llamado de atención a su compañero de trabajo”.

Roger Granizo, activista LGBTI independiente que apoyó a organizaciones juveniles y al Consejo consultivo de protección de derechos del cantón Cascales, Provincia de Sucumbíos menciona: “Desde mi punto de vista es absurdo el comentario del psicólogo (…) en el mundo existen diferencias marcadas en las personas (…) no es lógico mencionar que las personas homosexuales no pueden tener una familia por no formar parte de un modelo estereotipado (…) naturalmente no se puede cambiar el cómo naces (…) es un gran problema que se tenga un sistema de salud machista, presenta más factores de riesgo”.

Una mala atención en salud, sea en los servicios de medicina, enfermería o psicología, puede tener un gran impacto en la retención de los usuarios y usuarias y en su adherencia a cualquier tratamiento.  Muchas de las Unidades de Salud necesitan profesionales capacitados, y sobre todo sensibilizados en la atención a población LGBTI así como PVV. La empatía con los usuarios y usuarias es un requisito dentro de la atención en salud que permite a los pacientes generar confianza y permitir un retorno oportuno en caso de cualquier necesidad o inquietud.

A más de treinta años de epidemia, deben revitalizarse las acciones de sensibilización con el personal de salud, sobre todo en contextos de epidemia concentrada, ya que son aquellos grupos más afectados los que viven doble discriminación.

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