Lenny fue un joven de 21 años que murió a causa de infecciones asociadas al sida al segundo día del colapso total del sistema eléctrico y de comunicaciones de Venezuela; colapso que se unió al ya deteriorado sistema de salud en la sala de aislamiento del Hospital Universitario de los Andes (IAHULA) en Mérida.

Cinco días después su madre se enteró y  escribió: “me fui del país con mucho dolor de dejarte y al enterarme de que te diagnosticaron sida y que empeoraste repentinamente, quiero que sepas que hice todo para que estuvieras bien”.

Medicinas y pacientes en riesgo por apagón en Mérida, Venezuela.

Lenny, hijo único de Beatriz, mujer divorciada y que migro a ecuador para poder ayudar económicamente a quien ella calificó como el “todo en su vida”, para que terminara de estudiar arquitectura y quien prometía  un futuro en la Venezuela que sueña con la libertad, murió. Lenny fue diagnosticado con VIH a inicios de febrero de 2019, en un estado de diarrea grave que evidenciaba un cuadro clínico de sida. El tratamiento para combatir la infección oportunista, en medio de una Emergencia  Humanitaria Compleja (EHC), nunca estuvo disponible en la farmacia del programa de VIH y sida del IAHULA, donde la escases apunta a un 98,5% en promedio entre enero y febrero de 2019, según seguimiento y monitoreo de activistas y  de ONG locales, y que –difícilmente- se encuentran en el sector privado, donde la escasez llegó a alrededor del 85% en febrero de 2019, según  la Federación Farmacéutica Venezolana (FEFARVEN). En el mercado paralelo de medicamentos se compra en efectivo y en dólares o pesos colombianos, a precios de difícil acceso.

“lo fuiste todo en mi vida, Lenny, y me ensañaste a ser madre y a tu abuela una de las mejores consentidoras en el mundo y que te acompañó hasta tu último suspiro. Hijo mío, lamento que no vieras el país que soñaste y que estabas interesado en construir, pero seguiré adelante y tendré el doble de la valentía de ver a nuestra Venezuela libre”.

Venezuela reportaba, según datos publicados por el Programa Conjunto de las Naciones Unidas para el sida (ONUSIDA), en el 2016, que ciento veinte mil personas vivían con VIH en Venezuela, y que solo el 7% estaba con carga viral indetectable. A pesar de los esfuerzos de ONUSIDA, organizaciones de la sociedad civil y entes cooperantes internacionales para responder a la epidemia en Venezuela -en el marco de EHC- la respuesta no ha sido suficiente ante la negativa del Estado de dar soluciones integrales a la realidad que viven personas con VIH o sida en el acceso a medicamentos antirretrovirales y otros servicios médicos complementarios asociados a la atención integral de este grupo que, se estima, superó los 5000 casos anuales en los últimos años, según un informe conjunto elaborado en el año 2018 por una docena de ONG.

Si en Venezuela no se aborda la situación del VIH y el sida, con soluciones reales e integrales, 9000 personas podrían morir a  finales de 2019  a causa de una complicación asociada a este virus u otro. Una cifra alarmante, pero a la que pudiera acostumbrarse el personal de salud, que ha normalizado la muerte por VIH debido al fracaso de un sistema  del que son parte.

Lenny refleja la ineficiencia política y administrativa de quienes gobiernan  y dirigen programas y planes en materia de salud a excusas de ataques extranjeros a nivel nacional y de los Estados que tienen una responsabilidad de proteger desde el marco de los Derechos Humanos en el derecho internacional.

La sociedad civil debe mantenerse de pie, a pesar de las asfixias del sistema de gobierno en Venezuela como garantía de búsqueda de justicia y reivindicación. Si desaparecen, se ira gran parte de la justicia.

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