“¿Cuántas personas, hombres, mujeres y niños indígenas tendrán que morir para considerarnos como personas válidas y, por tanto, grupo vulnerable al VIH/SIDA?”, es una de las fuertes frases de una carta publicada con motivo del Día de la Cero Discriminación por el williche Willy Morales, dirigente de la Red chilena de Pueblos Originarios en respuesta al VIH (RENPO).

Willy Morales, dirigente de RENPO Chile, cuando recibió el Lazo Rojo en la AIDS 2016.

En su misiva apela directamente al director de ONUSIDA Latina, César Núñez, a quien enfatiza “la existencia de países con pueblos indígenas en peligro de extinción por causa de VIH/SIDA como ocurre en los territorios de Venezuela y Bolivia, representando un fuerte e irreparable impacto en la salud comunitaria de esos mismos pueblos”.

La carta pública, que puede ser leída completa en este enlace, acota que dicha agencia internacional mantiene políticas que impiden que los pueblos originarios tengan el estatus de población clave, en la medida que no habría suficiente evidencia epidemiológica para sustentarlo.

“Desgraciadamente, ONUSIDA nos sigue pidiendo evidencia estadística y nosotros solo podemos mostrar como evidencia propia los 500 años de abandono, omisión y discriminación racial. ¿Para ONUSIDA no son suficientes 500 años de abandono?”, argumenta Morales.

Desde Canadá, la Comunidad Internacional Indígena en VIH y Sida (IIHAC), también hizo un llamado, en el Día de la Cero Discriminación, a los países del mundo para poner fin a las leyes que perpetúan el estigma, el racismo y la inequidad contra las primeras naciones.

En su cuenta de Facebook, el Grupo de Trabajo Indígena Internacional en VIH y Sida (IIWGHA), detalló que la IIHAC estima que “los pueblos indígenas enfrentan desafíos individuales y colectivos que se sustentan en una herencia histórica de inequidad y de racismo que persiste hasta el día de hoy”.

Por lo mismo, la organización pide que “las políticas estatales deben hacerse cargo del estigma, de la discriminación y del racismo; y asegurar la autodeterminación de las comunidades, la vivienda, las oportunidades de educación y de desarrollo económico, que son la base para la resiliencia de los pueblos indígenas”.

Trevor Stratton, dirigente de la IIHAC, con sede en Canadá, con el mensaje: “Ninguna población clave deje quedarse atrás”.

Tanto RENPO Chile como la IIHAC ponen de relieve una situación que ya quedó en evidencia en la reunión de alto nivel de Naciones Unidas sobre VIH, en 2016, en que la declaración política solo hizo menciones periféricas a la problemática de las comunidades originarias.

Asimismo, si bien la 17 sesión del Foro Permanente de Naciones Unidas sobre Asuntos Indígenas, en 2018, planteó a ONUSIDA y al Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) la necesidad de convocar a un grupo de expertos sobre VIH y pueblos indígenas, aún no hay señales de que dicho evento vaya a tener lugar en el corto plazo.

Si bien es real lo planteado por Willy Morales, respecto al vacío de evidencia epidemiológica, ya hay un documento de 2016, realizado por Secretariado Internacional de Pueblos Indígenas frente al VIH (SIPIA), con apoyo de ONUSIDA, en que queda claro el estado de emergencia frente a la pandemia que viven los pueblos aymara, en el norte de Chile; warao, en el delta del Orinoco de Venezuela; guna en la costa caribe de Panamá; y shuar en la Amazonía de Ecuador.

Ante este escenario, sin duda que falta voluntad de los estados de América Latina, de las agencias internacionales y de la propia sociedad civil para dar mayor visibilidad al impacto del VIH en los pueblos indígenas, un pendiente que debe subsanarse de inmediato para poder hablar de Cero Discriminación.

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