Panamá, según los índices macroeconómicos de riqueza, pasó a ser parte de la lista de los países de renta media alta, lo que quiere decir que no es elegible para la ayuda financiera del Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria y otros mecanismos de cooperación internacional. Sin embargo, esto poco se condice con la realidad social y, en particular, con la situación de la tuberculosis, una de las tres enfermedades que galopa sin jinete en las áreas de las comarcas y la urbe capitalina sin control, que golpea al país de frente y en la cara.

Algunos datos sobre la tuberculosis en Panamá

Aunque los datos oficiales sobre el número de casos de tuberculosis por año en Panamá son esquivos, se sabe que para el año 2016, el número de muertes por tuberculosis alcanzó a 253 personas. Se conoce también que la mitad de las personas que se contagian de tuberculosis no acuden a los establecimientos de salud, por lo que los registros oficiales pueden ocultar una dura realidad.

En mayo de 2018, el país aprobó el Plan Estratégico Nacional para el Control de la Tuberculosis 2018-2022, que se alinea con la Estrategia Fin de la tuberculosis de la OMS. Este plan se desarrolló de manera participativa, como se refleja en el documento, aunque se reconoce la dificultad que supone la escasa existencia de organizaciones sociales o comunitarias que implementen programas sobre tuberculosis.

Aunque el Plan señala que todas las acciones deben ser coordinadas por el Programa Nacional de Tuberculosis, este no ha tenido los recursos financieros suficientes para hacerle frente a los nuevos casos detectados y diagnosticados por los centros del Ministerio de Salud y suele ser tristemente conocido como la cenicienta de la institución.

En el marco del Plan, en cuanto a atención y prevención, se ha avanzado con una norma actualizada de atención a la tuberculosis (abril de 2017), se están fortaleciendo las capacidades de la red de laboratorio, se mejora el acceso al tratamiento y su seguimiento con redes de promotores comunitarios. Estos promotores están encargados de visitar las comunidades más afectadas, ofrecer información de promoción de la salud y prevención de la tuberculosis, buscar los casos sintomático – respiratorios en las comunidades, realizar tamizaje de tuberculosis y referir a los casos para tratamiento y seguimiento al sistema público de salud.

Actualmente, el Fondo Mundial –a través del PNUD- financia el recurso humano comunitario en dos regiones (la comarca indígena Guna Yala y Ciudad de Panamá) de las 4 regiones de salud más afectadas; en las otras dos, Colón y la comarca Ngäbe Buglé, el recurso humano está contratado por el Ministerio de Salud.  Esta estrategia ha mostrado un impacto positivo por lo que continuará con el financiamiento durante la transición.

En este mismo eje, se busca ampliar las capacidades del recurso humano encargado de la búsqueda de casos y su atención y se implementan actividades de captación de casos de tuberculosis en personas con VIH y viceversa, así como la prevención de la infección de tuberculosis latente en personas con VIH.

Con referencia a las políticas y sistemas de apoyo, el Plan busca incrementar la dotación y capacitación de recurso humano, facilitando la integración de estrategias interculturales, la participación de la sociedad civil, así como la revisión de las políticas y leyes que establecen el marco de la respuesta a la tuberculosis y las que deberían existir para proveer un marco adecuado a una respuesta efectiva.

Por un Panamá sin tuberculosis

El domingo 24 de marzo, el Ministerio de Salud  organizó una feria de salud en el parque recreativo Omar, con el apoyo de la Caja de Seguro Social, en esta actividad se realizaron charlas de prevención de la TB, se ofrecieron vacunas y monitoreo de talla y peso. Se contó con un stand de promoción de la salud que brindó información de prevención de la enfermedad y atención al paciente con TB.

En el marco de la feria, el sector salud organizó la primera caminata en contra de la tuberculosis. Según Amador Goodridge, vicepresidente del Mecanismo de Coordinación de País, esta actividad debió ser organizada y liderada por las organizaciones de sociedad civil, pero debido a que no existes hasta la fecha grupos organizados de personas con tuberculosis o que han sobrevivido a la misma, la batuta fue tomada por el sector salud.

Una sociedad civil que empuje la respuesta a la tuberculosis

Amador Goodrige (izq) en la caminata contra la tuberculosis.

Según Amador Goodridge, investigador y vice presidente del MCdP, “la pieza faltante en este rompe cabeza es una sociedad civil organizada que ejerza presión sobre los tomadores de decisión y sobre el Programa Nacional de TB”. Según Goodrige, se requiere que organizaciones de personas afectadas retomen el liderazgo como lo hacen las personas con VIH.

Hasta finales de los años 90 estuvo activa la Organización Panameña contra la Tuberculosis (OPAT). Su reactivación y renovación le daría mayor dinamismo a la respuesta a esta enfermedad en el país y ordenaría las exigencias al Estado respecto de las necesidades de las personas afectadas por la TB.

Panamá, al igual que muchos países necesita con urgencia potenciar los medios diagnósticos y el acceso a medicamentos para tratar la tuberculosis, además de innovaciones en los servicios de atención que tengan un impacto en la trayectoria de la epidemia y poner fin a la tuberculosis. Para ello, las instituciones responsables de la respuesta deben partir por conocer al detalle su dinámica, la población a la que más afecta y actuar en consonancia, además de facilitar el acceso a información a la sociedad civil. Es hora de poner fin a la TB.

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