A propósito del mes de la visibilidad lésbica, Corresponsales Clave tuvo el honor de conversar con Rosalba Crisóstomo sobre su historia como mujer lesbiana y sobre cómo se abrió paso para ser una reconocida activista que trabaja por las mujeres jóvenes lésbianas.

Hoy día, Rosalba tiene 27 años de edad y ha sido la primera mujer joven en ser coronada como reina lesbiana del orgullo GLBTIQ, reconocimiento otorgado por la comunidad de la diversidad sexual de República Dominicana.

Primera mujer joven en ser coronada como reina lesbiana del Orgullo GLBTIQ.

Egresada de diferentes programas de liderazgo  nacional como internacional,  entre ellas Academia de Liderazgo LGBTI del Caribe por CariFLAGS , Caribbean Forum for Liberation and Acceptance of Genders and Sexualities, Escuela de Liderazgo Político LGBTI de la República Dominicana, Programa de Formación Liderazgo Social y Político Construyendo Agentes de Cambio, Fundación Friedrich Ebert Stiftung, Jornada de Impulso al Liderazgo Sociopolítico de Jóvenes, Astraea Fundación Lésbica por la Justicia; ha enfocado su activismo a la incidencia política y lobby estratégico.

En el año 2018 participó como miembro de la delegación de la sociedad civil en el Examen Periódico Universal (EPU), proceso en el que incidió para que se recomendara a la República Dominicana la adopción de leyes que protejan a los grupos vulnerabilizados y sancionen la discriminación. Estuvo acreditada con estatus consultivo por las Naciones Unidas bajo el apoyo del International Lesbian, Gay, Bisexual, Trans and Intersex Association.

Su trabajo y dedicación ha ido más allá de las mujeres lesbianas, abarcando a todos los grupos vulnerabilizados y la protección de sus derechos, ha tenido la oportunidad de representar a estos grupos en diferentes foros internacionales. El plus a su carrera de activista llega con la coordinación de un Plan de Abogacía construido por más de diez organizaciones de la sociedad civil que busca impulsar el Anteproyecto de Ley General de Igualdad y no Discriminación.

Su trabajo y dedicación ha ido más allá de las mujeres lesbianas, abarcando a todos los grupos vulnerabilizados.

Actualmente lleva 10 años vinculada al activismo comunitario por los Derechos Humanos de las personas vulnerabilizadas. El 29 de mayo del 2017 fundó la Comunidad de Lesbianas Inclusivas Dominicanas (COLESDOM) para que las niñas, niños, adolescentes y jóvenes encuentren un espacio seguro que les acompañe en su proceso de salir del closet e integrarse socialmente, lejos de la discriminación que las empujan a realizar actividades clandestinas  que violentan su dignidad humana. “Las puertas de COLESDOM están abiertas para las chicas que nos necesiten y también para nuestros aliados los hombres trans o en transición así como para cualquiera que acuda en busca de refugio”, dijo.

Una vida superando barreras

“Tenía 16 años cuando decidí dar a conocer mi orientación sexual como lesbiana, fue una época muy difícil porque no recibí el apoyo de mi familia, me sentí desorientada, con lesbofobia interiorizada.  La discriminación social que sufrí cambió el rumbo de mi vida. En ese entonces no entendía muchas cosas y me preguntaba por qué ser lesbiana significaba dolor, por qué me rechazaron mis familiares si eran los responsables de cuidarme y protegerme, por qué mis familiares no me aceptan, por qué me hieren, me discriminan y me violentan psicológicamente. ¡Tenía tantas dudas!”, recuerda la joven.

Rosalba tuvo que tomar grandes decisiones a su temprana edad, una de ellas, y la que considera una de las más importantes, fue continuar sus estudios, ya que estaba aún en la educación secundaria y era excelente estudiante. Vivió en más de ocho hogares distintos, entre familiares y conocidos, ya que su madre no podía asumir su cuidado por sus limitados recursos económicos. Durante este tiempo aprendió a reprimir su identidad y sus sentimientos.

Debido a su alto rendimiento académico, Rosalba (centro) recibió una beca para estudiar negocios internacionales.

Al terminar la educación secundaria, le fue retirado el apoyo económico que recibía de un familiar para estudiar, debido a su orientación sexual. A los 18 años se mudó sola a un pequeño cuarto y para poder solventar sus gastos aceptó ser la acompañante de un hombre, esta práctica se convirtió en algo usual. “A pesar de todo lo que viví con hombres, lo que siempre tuve claro es que soy lesbiana”, dijo enérgicamente.

Debido a su alto índice académico, en el 2011 el Ministerio de Educación Superior de Ciencia y Tecnología (MESCYT)   le otorga media beca para estudiar en la Universidad Acción, Pro Educación y Cultura (APEC), la licenciatura en negocios internacionales. Nuevamente, debió superar el reto de pagar el restante cincuenta por ciento y sus gastos diarios.

Por ese tiempo, inició el trabajo social comunitario como promotora de salud sexual y reproductiva en proyectos dirigidos a casas de cita, desde el Centro de Orientación e Investigación Integral (COIN), de la mano de Santos Rosario, a quien agradece que la haya rescatado en momentos que sentía tocar fondo. Con esto y otros diversos trabajos pudo finalmente concluir su educación superior al tiempo que se fue formando para liderar diferentes procesos que más tarde la colocarían al frente del activismo, defendiendo y promoviendo acciones que guarden los derechos de las mujeres lesbianas jóvenes  en el país.

“Ser visiblemente lesbiana ha significado para mí: valentía, romper con los estereotipos sociales, esfuerzo, desprendimiento, ser referente social de transformación y transición desde el feminismo liberador”, expresó en esta entrevista alusiva al mes de la visibilidad lésbica.

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