En el 2018 se calculó que 70.8 millones de personas estaban en condiciones de desplazadas y, a menudo, en múltiples riesgos, incluido el de la infección por VIH. Su riesgo elevado incluso se exacerba al huir, en sus países de origen, sufren además de violencia e inseguridad, violencia de género y discriminación, en las rutas de migración el abuso sexual es común y se encuentra a la orden del día, en especial hacia los más vulnerables o en desventaja (LGBTIQ, niñas y mujeres); el sexo transaccional no protegido suele ser frecuente.

Agencias socias de ONUSIDA se han unido para apalancar la respuesta al VIH en contextos de emergencia.

Una vez que se establecen, los servicios de salud local –sea que estén en un país de tránsito o en el país de destino no están preparados y carecen de atención especializada. Del otro lado, por temor a la discriminación o a la deportación, muchos migrantes irregulares o incluso en condiciones de refugiados no utilizan los servicios de salud; de entre ellos, las personas que tienen VIH son especialmente vulnerables a los efectos de la inestabilidad, las condiciones de pobreza, el estigma y la discriminación.

En este contexto, Giovanni Bassu, responsable de ACNUR en Panamá, señaló que “En toda la región, el ACNUR está brindado apoyo técnico a las ONG nacionales que trabajan en la red regional, para ayudar a las personas con VIH a comunicarse de manera segura con clínicas, hospitales, refugios y  otras organizaciones que brindan asistencia humanitaria. Se ha desarrollado un sistema de identificación y referencia para personas con necesidades específicas.”

Por otra parte, ONUSIDA ha unido esfuerzos con agencias socias para dar una respuesta humanitaria en entornos frágiles, a través de promoción de prestación de servicios diferenciados, el acceso a una identificación única con tarjeta de salud portátil, servicios basados en la comunidad, respuesta dirigidas por la comunidad con grupos de adhesión comunitaria, grupos de apoyo de personas con VIH y un monitoreo comunitario.

Shannon Hader de ONUSIDA indicó que son deberes diarios de la organización  en entornos de emergencia de derechos humanos: “asegurarse de que las personas arrestadas tengan representación legal, encontrar y contratar abogados, pagar vivienda segura cuando hay vidas en riesgo coordinando con donantes, convocar a sociedad civil, hacer abogacía de alto nivel con funcionarios gubernamentales y jueces, prevenir que se adopten o apliquen leyes malas.”

Las personas que viven con VIH se ven afectadas por emergencias humanitarias y se estima que más de 1.000.000 de ellas no tiene acceso a tratamiento en contextos de emergencias; por ello, la preparación para situaciones de emergencia es clave, incluso en programas de VIH más fuertes y resilientes.

Integrar los servicios de VIH a la evaluación temprana de una situación de emergencia es esencial para lograr garantizar la atención a las personas que la necesitan, incluyendo la provisión de medicamentos en las zonas de refugio, por ejemplo, y la gestión de apoyo social. La voluntad política, la financiación y las herramientas correctas son esenciales para lograrlo.

Todos los artículos pueden ser compartidos y publicados siempre que sean citados los datos de la fuente.