Los Estados miembro del Sistema de Naciones Unidas, durante la reunión de alto nivel de septiembre de 2019 se comprometieron, entre otras cosas, a alcanzar con la Cobertura Sanitaria a un billón de personas en el mundo para el 2030. Mucho trabajo hay por hacer en los próximos diez años con un asocio público y privado para alcanzar esta ambiciosa mesa. La sociedad civil que trabaja en temas de salud, desarrollo y derechos humanos deberá incidir y presionar a nuestros gobiernos para lograrlo. Al final de día, los Estados, representados por sus gobiernos, son los responsables últimos de la cobertura sanitaria de la población, no solo desde la mirada de la dimensión de la salud pública sino también, del derecho a la salud.

¿Cómo logramos los compromisos?

Liderazgo de la autoridad sanitaria: La única forma en que podemos ampliar significativamente el acceso a la salud, es por medio de fortalecer todos los sistemas sanitarios, en todos los niveles. Hay problemas de salud que requieren consideraciones especiales por su baja prevalencia y alto costo. Las carteras de salud, con el acompañamiento y monitoreo de la sociedad civil y la asistencia técnica local y regional del Sistema de Naciones Unidas con sus agencias especializadas deberán enfrentar estos desafíos. Sin un Sistema de salud robusto y resiliente, con la carencia de una mirada de mediano y largo plazo, volcado en planes estratégicos y operativos costeados, nada de esto será viable.

Recursos domésticos: La mayoría de los países del mundo, aún aquellos categorizados como en vías de desarrollo y de renta medias y bajas, cuentan en su país con los recursos financieros necesario para lograr la CUS. El problema es que la salud no es una prioridad y la asignación de fondos locales se realizan en otras áreas, muchas no prioritarias. La gestión de grandes sumas de recursos públicos domésticos son fuente de hechos de corrupción, un problema sistémico en el mundo. La corrupción mata. Cuando las obras se sobre-presupuestan, se facturan y no se concluyen o se realizan con subestándares de calidad, esto cuesta miles de vidas.

Las personas que afrontan un problema de salud y sus familias no deben, ni pueden afrontar los gastos sanitarios de sus bolsillos. Millones de personas afrontan gastos catastróficos para sus familias para tratar una enfermedad. Esto genera, no sólo que muchas personas se vean obligadas a abandonar el tratamiento, sino que aumenta severamente la vulnerabilidad de los grupos familiares. Por ello, mucha gente recurre al centro de salud cuando ya es muy tarde y llega a un diagnóstico tardío. Los medicamentos y los insumos son bienes públicos y deben ser asequibles para las y los usuarios, como para los Estados.

La última milla primero: En todos los sistemas de salud, existe una diversidad de poblaciones que no acceden a ellos por sus diversas y complejas vulnerabilidades y aspectos estructurales, son quienes han sido tradicionalmente dejadas por detrás. La CUS y los resultados en control de muchas enfermedades solo serán posibles asegurando el acceso de aquellas personas más marginadas. Debemos cambiar el paradigma de los servicios primarios de salud receptivos y pasivos, sacando los centros y servicios de salud a las calles y comunidades con la prevención, diagnóstico y tratamiento oportuno. Por ejemplo, muchos de los países, más allá de su desarrollo, en los sistemas de CUS o aseguramiento universal único, no incluyen en forma adecuada la salud mental, la nutrición en cada etapa de la vida, la salud dental, entre otras. Así tampoco las consideradas enfermedades raras, muchas de difícil diagnóstico y complejo tratamiento. Estas personas rezagadas deben ser priorizadas y encabezar las poblaciones prioritarias.

La cooperación internacional: Aquellos países en situación de extrema pobreza o que afrontan crisis políticas y sanitarias siempre dependerán de la Cooperación Internacional para el Desarrollo, con los recursos de los donantes internacionales. Podríamos asumir que las organizaciones de la sociedad civil que trabajan con poblaciones discriminadas y criminalizadas no accederán a recursos domésticos con facilidad. Las Agencias Técnicas de las Naciones Unidad deben acompañar el desarrollo de la capacidad técnica local, asegurando el fortalecimiento de los sistemas y no las codependencias. El Sistema de NN.UU. debe profundizar su trabajo de proveer el conocimiento científico, basado en las evidencias, que informen las decisiones programáticas. Doce agencias e instituciones se han comprometido en el Plan Mundial de Acción, falta asegurar la significativa participación de las sociedades civiles, académicas y científicas.

La cobertura no será universal si no promueve el acceso o, en otras palabras, no hay cobertura sin acceso. Para promover la prevención y el acceso se requiere de la participación de otros ministerios como Educación, Economía, Trabajo y Acción Social. No está de más poner el énfasis que la CUS refiere al amplio y diverso espectro de temas de salud, transmisibles y no transmisibles, crónicos, agudos y de progresión, conocidas y raras, de baja y alta inversión para el diagnóstico y tratamiento. Por ello, urge conformar coaliciones amplias y diversas en salud de organizaciones de la sociedad civil, donde se pueden coordinar las acciones de incidencia y vigilancia comunitaria, unir fuerzas, coordinar y aprender mutuamente.

Si vemos los patrones de comportamiento de los diferentes actores sanitarios, incluyéndonos, en la última década, parece una utopía retórica lograr las metas comprometidas. Existe escepticismo en nuestro sector, pero esto es cuestión de la vida o muerte de miles de millones de personas, de cuan preparados estemos para el surgimiento potencial de una nueva epidemia y de si es posible realizar la salud como un derecho humano. Es posible, pero no hay mucho tiempo, hemos empezado el mes 240 del calendario para cumplir los compromisos. ¡No hay tiempo que perder!

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