En Ecuador, a febrero de 2020, según estadísticas del Ministerio de Salud Pública elaboradas por el Consejo Nacional para la igualdad de Discapacidades (CONADIS), en el país 23 personas LGBTI+ tienen alguna discapacidad. La mayoría de ellos son personas adultas, mayores de 25 años y la mitad tiene una discapacidad vinculada a la movilidad.

Hablar de la diversidad sexual dentro de la discapacidad es navegar sobre una realidad poco explorada, a tal punto de considerarla como un ‘segundo clóset’, menciona “Sebastián”, persona bisexual con discapacidad física. En las ciudades de Quito, Guayaquil y Riobamba se recogieron impresiones sobre las perspectivas en cuanto a inclusión a personas LGBTI+ con discapacidad que, de manera voluntaria desearon expresar su realidad frente al tema de inclusión para actividades de socialización y sensibilización que desarrolló la Fundación Habitar, organización local sin fines de lucro cuyo objetivo es trabajar en población de atención prioritaria e históricamente vulnerada.

Dentro un conversatorio realizado en febrero sobre Diversidad Sexual y Discapacidad, se presentaron los datos que maneja el Estado referente a la discapacidad y al género de los mismos para conocer la opinión de los participantes y si se encuentran identificados con las cifras. “En parte me identifico (…) debido a que esto refleja un avance, así sea lento, sobre la inclusión de la diversidad sexual en las estadísticas y estudios”, menciona “Matilde”, persona con autismo.

“Si (…) siento que mi gente está empoderándose de su sexualidad, sin embargo, entiendo que, en un censo o durante su proceso de carnetización (documento que certifica discapacidad), las personas podamos mencionar o exponer nuestra orientación sexual durante una esfera diferente”, expone “Beto”, persona con discapacidad física.

“Las estadísticas son ilusorias, mientras exista estigma y motivos por los cuales encerrarse en el mundo y no ser juzgados por las personas que nos toman datos, debemos ocultar ciertos detalles”, nos comenta Isaac, persona con discapacidad visual.

No existen estudios específicos en Ecuador sobre discapacidad y diversidad sexual, sin embargo, se socializó un estudio realizado en el país vecino, Colombia, que dio como resultado que las personas LGBTI con discapacidad se sienten doblemente discriminadas en Bogotá.

Durante el conversatorio, se abrió al diálogo entre los participantes sobre su sentir ante una “doble discriminación” dentro de sus experiencias personales. “Si, pero no al mismo tiempo dado que, por tener una discapacidad que no es visible simplemente, muy pocos se enteran, y las personas que lo saben, pues ya conocían que era lesbiana”, menciona “Matilde

“No, y la razón no es del todo positiva (…) la gente no me discrimina por gay y por persona de baja visión porque está sensibilizada, más bien porque en mi caso la discapacidad oculta o sobrepasa mi orientación sexual”, nos comenta Isaac.

“Obvio, y no por heterosexuales, más bien homosexuales que piensan que no puedo tener una vida sexual o afectiva como los demás (…) duele más que sea del propio colectivo, un colectivo históricamente discriminado”, explica “Ariel”, persona con discapacidad física.

Finalmente, se dio paso a un espacio de testimonios donde se preguntó experiencias y opiniones sobre la inclusión dentro de la comunidad LGBTI+ desde sus áreas de desenvolvimiento. Del mismo modo se tuvo presencia de varios participantes de otras ciudades mediante videollamada para compartir su experiencia.

“En vivo o a través de aplicaciones, las personas hacen muecas, generan comentarios o expresiones no tan ‘amigables’ al conocer que tengo discapacidad (…) actualmente estoy soltero (…), si he tenido problemas para tener novios o enamorados así sea por semanas o meses.”, comenta “Gustavo”, persona con discapacidad auditiva.

“Tengo varios amigos (…) y he tenido varias relaciones, sin embargo, aprendí a diferenciar a las personas que me ven como un peso o con sentimiento de inferioridad”, expone “Isaac”.

“Quisiera que sepan que existe la diversidad dentro de la diversidad, (…) las personas con discapacidad también nos divertimos, sentimos deseo, orgasmos y disfrutamos nuestra sexualidad (…) aunque a algunos les incomode, ya ni modo (…)” menciona “Matilde”.

Constituye un gran desafío avanzar hacia ciudades y comunidades inclusivas que valoren las diferencias de las personas y consideren la inclusión como una oportunidad de aprendizaje para todos. Uno de los pasos por dar es aceptar las diferencias alrededor ya sea del ambiente o las demás personas; cuando se asume la responsabilidad de un cambio, inicia el proceso de transformación.

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