Corresponsales Clave tuvo el honor de entrevistar a Ingrid Breton, una destacada mujer que hoy día lucha con ahínco por los derechos de las personas con VIH e impulsa políticas a favor de otros grupos clave.

Ingrid conversa con un grupo sobre la producción de las tierras.

Desde la calidez de su oficina nos cuenta de manera natural lo que ha sido su vida desde el diagnostico hasta hoy en día. “Soy la segunda de cuatro hermanos,  mi niñez y adolescencia transcurrieron de lo más normal. Desde muy joven tuve vocación de servicio y capacidad de liderazgo, estas aptitudes me empujaban a distintos grupos organizados. Tenía  grandes aspiraciones y sueños pero  estos fueron destruidos  en un momento  en el año 1990 cuando solo tenía 19 años de edad ante la noticia de un diagnóstico de VIH positivo dado a mi esposo, momento en el cual me entero que también estoy con el virus;    decido no comunicárselo a mi familia y vivir en espera de que la muerte llegara en pocos meses y ambos muriéramos”, dice Ingrid con algo de tristeza.

La valentía que transmiten sus palabras es realmente inspiradora y con amabilidad continúa relatando su historia.

“Mi vida se trasformó  cuando mi esposo enfermó; me dedique totalmente a su cuidado hasta el día que murió, poco después del diagnóstico.  Mi vida dio un giro, todo perdió su sentido para mí, sin esperanzas y sin horizontes llegué al extremo de irme en yola (ilegal) a la isla de Puerto Rico, por el miedo de enfrentar la realidad ante mi familia y la sociedad. Ante el fracaso del viaje regresé y enfermé gravemente; en estas circunstancias mi familia se entera de mi condición de salud. (…).

Conocer de un grupo llamado “Las Esclavas del Fogón” me ayudó a reencontrarme e ir poniendo nuevamente en perspectiva lo que quería hacer con mi vida, aunque sabía que sería difícil ya que en esa época poco se conocía sobre el VIH excepto que era una enfermedad mortal  y que me convertía en una “mujer de dudosa reputación”.

Ingrid dedica parte de su tiempo a educar y a esducarse.

Breton tuvo que enfrentar la crudeza de la discriminación laboral, ya que donde quiera que solicitaba empleo, le era negado por tener VIH. Frente a esa situación, decidió instalar un pequeño negocio, un salón de belleza, que por la discriminación fracasó; “las personas no acudían por el desconocimiento y temor de infectarse”, recuerda. Su ánimo de salir adelante la empujó a poner un negocio de venta de especias a colmados (tiendas) en las zonas bateyera (lugares habitados por inmigrantes haitianos).

Continuó trabajando y fortaleciéndose, hasta que en 1994 surgió la oportunidad de una capacitación formal y de iniciar un grupo de autoapoyo para personas con VIH. “Soy una mujer formada por situaciones  muy difíciles, luché mi propia batalla  pero he aprendido mucho en el camino y en la disposición de seguir creciendo como ser humano y como profesional”, reflexiona

El VIH y el sida en 30 años no me vencieron

“Y como dicen, lo que no te mata te hace fuerte; soy una mujer muy fuerte y seguiré trabajando por los derechos de las personas, no solo en temas de VIH sino en los derechos ciudadanos que sean violados en mi comunidad, entorno, o en la región Este donde tengo jurisdicción en la fundación.  Y cuando no se escuchen mis gritos de guerra, denuncias o demandas seguiré tocando puertas en otras instituciones más fuertes con mayor trayectoria y experiencias para seguir con mi misión”, declara con entusiasmo la activista.

Entre las acciones destacadas de la Fundación Paloma se encuentra la escuela primaria para migrantes irregulares.

“En estos momentos  soy conferencista en el tema de VIH, salud comunitaria, y desarrollo social y económico, temas de familias y consejera en VIH; además estoy terminando mi carrera de psicología clínica en la Universidad O&M al tiempo que desempeño la función de directora ejecutiva de la Fundación Grupo Paloma que hoy tiene una trayectoria de trabajo social importante y hemos logrado avanzar conforme a nuestra misión y visión. Tenemos un espacio seguro para que las personas puedan socializar y encontrar respuestas a sus inquietudes de manera oportuna”, nos cuenta.

Dentro de los logros más importantes de la fundación, han obtenido diez hectáreas de tierra que son cultivadas por los usuarios del programa, cuyos cultivos son utilizados para su consumo así como para la venta y generar algún tipo de ingreso, también cuentan con una escuela de enseñanza básica para niños indocumentados que no pueden ser aceptados en las escuelas tradicionales.

Conversar con Ingrid es todo un placer, la sinceridad y honestidad se reflejan en sus palabras lo mismo que el entusiasmo cuando nos habla de futuros proyectos y planes de vida.

Desde Corresponsales agradecemos a Ingrid Breton por abrir las puertas de su oficina y de su vida para motivarnos con su maravillosa trayectoria de activista. Y, si cabe, animamos a otros actores, incluyendo a agencias de cooperación a apoyar el trabajo de esta grandiosa mujer.

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