Comencemos por la génesis del problema: quiénes son los responsables directos de la crisis política, económica, alimentaria y sanitaria en Venezuela; una crisis que se agrava de forma ininterrumpida y que ha empujado fuera del país a una diáspora de casi cinco millones de venezolanos y venezolanas que migran forzados por la búsqueda de comida, medicamentos, educación y un mínimo bienestar para sus familiares. Esta situación extrema y aguda no es el resultado de un desastre natural, sino del accionar de las personas. En este caso, de políticos y gobernantes venezolanos que han subsumido al país en una profunda crisis institucional, y derechos humanos, y un gobierno que ya dejó de serlo hace años para convertirse en un régimen.

Futuro hipotecado

La niñez en Venezuela se ha transformado, y con ella el futuro del país. Foto: CNN en español.

Después de muchas presiones, y con la hemorragia imparable de ciudadanos en las fronteras, Nicolás Maduro reconoció tímida  y tardíamente que el país estaba inmerso en una crisis sanitaria, alimentaria y económica que requería asistencia internacional. Mientras tanto, la niñez en Venezuela se ha transformado, y con ella el futuro del país. La mayoría de las y los niños de Venezuela no tienen acceso a la seguridad alimentaria mínima, y hambreados pierden, en lugar de ganar, peso corporal. La desnutrición infantil, además de la alta tasa de mortalidad, es una hipoteca al futuro, pues afecta el normal desarrollo físico e intelectual de la niñez impidiendo desarrollarse y avanzar en cada etapa del ciclo vital de la vida.

Muchos maestros y profesores migraron o realizan otras tareas que les permitan alimentar a sus familias. Y como los centros de salud, los centros públicos educativos están prácticamente abandonados. Incrementándose así el valor de la hipoteca de la niñez venezolana.

Los niños no tienen acceso a los servicios de salud comunitarios, a los calendarios indispensables de vacunación y, como el agua potable es un lujo, tampoco sobreviven muchos a la diarrea infantil. Lo arriba descrito se puede ver en zonas altamente vulnerables de otros países de la región, pero con este grado de generalización y grado extremo de letalidad, sólo en Venezuela.

El rol de UNICEF por los niños de Venezuela

Unicef trabaja en 190 países y territorios para salvar las vidas de los niños, para defender sus derechos, para ayudarles a alcanzar su máximo potencial.  “UNICEF, para cada niño” es el lema de su plan estratégico actual.

Nadie discute el objetivo y la población que esta Agencia del Sistema de las Naciones Unidas tiene. Quizás porque la niñez –tradicionalmente- ha movilizado los corazones más duros que uno pueda encontrar. Por eso desde su creación es -por lejos- la agencia con más recursos financieros del sistema. Solo en 2018, recaudaron un total de seis mil setecientos millones de dólares americanos, la mitad de los gobiernos donantes y la otra del sector privado, fundaciones y del público. Y aquí hagamos una pausa, pues una vez al año, al menos en América Latina, UNICEF organiza teletones, normalmente en la época de la celebración del Día del niño y la niña, y es por lejos el evento de este tipo que más dinero acumula, desde Argentina hasta México. Menciono esto, pues creo que todas las organizaciones deben rendir cuentas a las autoridades y al público, pero mucho más aquellas que cuentan con donantes individuales, personas que llenan las alcancías o dejan sus datos de la tarjeta de crédito para colaborar mensualmente. Y, paradójicamente, las donaciones individuales son los recursos con menos restricciones, que le permitiría una mayor libertad de acción a una agencia en un contexto políticamente complejo, como Venezuela. La gente de a pie, muchos con limitados recursos saca dinero se su bolsillo y se lo entrega a UNICEF si  condiciones y con una implícita expectativa de .”los niños primero” y ustedes sabrán que hacer

¿Qué ha hecho UNICEF en Venezuela?

Esto es un misterio difícil de discernir, pero en este caso nos enfocaremos en la emergencia del VIH pediátrico en el país. Hace tres años, UNICEF en los espacios interagenciales que coordina el apoyo a Venezuela asumió el liderazgo de responder, entre otras cosas, a la problemática del VIH pediátrico.

En 2018 gestionó la compra que antiretrovirales pediátricos: alrededor de cinco toneladas, anunciaban victoriosos, entonces. La mayoría de estos medicamentos llegaron en forma irregular al país, UNICEF no tuvo la voluntad o la capacidad de apoyar su distribución y esos medicamentos nunca llegaron a los bebes, niñas y niños. En el 2019, una misión conjunta de sociedad civil local y Naciones Unidas que monitorean la distribución de antirretrovirales (ARV) para adultos comprados con recursos de una subvención extraordinaria del Fondo Mundial (para el sida, la tuberculosis y la malaria), visitó el depósito gubernamental Jipana y descubrió abandonados y vencidos un número significativos de ARV pediátricos en pallets de UNICEF.

El año pasado, UNICEF lanzó un llamamiento de 70 millones para proveer asistencia en general a novecientos mil niños en venezuela, podemos asumir que incluía aquellos con VIH. Esta cosecha no dio los frutos deseados y frente a las presiones de algunos de los países donantes y otra agencia, se embarcó en la misión de comprar y enviar a Venezuela ARV pediátricos. Una lista de 16 moléculas o mono drogas para tratar a niñas y niños, como también prevenir la transmisión vertical.

Ha pasado casi un año y UNICEF sólo ha logrado importar, seis de las dieciséis moléculas para combinar un tratamiento pediátrico. Peor aún, ninguna de esas seis moléculas sirve n para combinarse y lograr un solo esquema terapéutico efectivo. Y ningún funcionario de esta agencia puede precisar cuándo llegará el resto de los medicamentos, y con tanta demora y dispersión, cabe preguntarse: una vez que se reunieran todas estas drogas, ¿por cuánto tiempo se podrán cubrir las necesidades?

Todo esto lo ha denunciado en forma muy elocuente la sociedad civil venezolana, encabezada por la Red Venezolana de Personas con VIH en el comunicado disponible en éste vínculo.  La Sociedad Venezolana de infectología y de Pediatría han compartido esta preocupación. Las denuncias nacionales e internacionales movilizaron a los funcionarios de UNICEF, solo a participar de reuniones, donde solo atinan a  reconocenr la situación y sus serias limitaciones para resolverlas, con gestiones que siguen plagadoas de barreras y excusas. Por ejemplo, argumentan no poder comprar e ingresar un producto de la empresa farmacéutica de genéricos Mylan por un supuesto bloqueo, a pesar de que la misma empresa ha provisto ARV para adultos por medio de ONG y el Fondo Estratégico de la OPS. Reconocen también, no contar con un plan de emergencias y contingencia que asegure la distribución de estos medicamentos pediátricos. Podrían entonces, una vez más, quedar apilados en Jipana.

Pareciera que UNICEF, estaría aprendiendo que el dinero no resuelve todos los desafíos de operar en un contexto de crisis y se habría puesto en evidencia un alto grado de negligencia. Un desaguisado que podremos comprender con el tiempo y la expectativa que exista una investigación donde los responsables sean separados de la organización.

Los y las niñas necesitaron, necesitan y necesitarán de UNICEF. Ellos mismo pregonan la aspiración de una generación sin sida: un futuro en el que todos los niños y sus familias estén protegidos de la infección por el VIH y vivan libres del sida. Pero lo cierto es que del “UNICEF para todos los niños”, la niñez venezolana ha visto poco y nada.

Mientras tanto en El,país, cientos de niños nacen con VIH y sífilis congénita, se exponen al VIH durante el parto y el amamantando de madres con VIH que no tienen un diagnóstico o tratamiento adecuado, desarrollan complicaciones relacionadas con el VIH y perdiendo sus vidas por ellas. Una trágica realidad que se podría prevenir y que forma parte de una catástrofe mayor que excede la responsabilidad del Estado Venezolano y alcanza a UNICEF.

A pesar de los estragos del Coronavirus en el mundo, necesitamos seguir trabajando en tantos otros temas y desafíos de salud que golpean a los países y personas más vulnerables. Salvar la vida de las y los niños con VIH en Venezuela es el pedido urgente de la sociedad civil local e internacional. Algo podemos hacer para movilizarnos y exigir a los responsables que hagan bien el trabajo que les fuera confiado. Nadie duda que UNICEF tiene muy buenos programas en muchas áreas de la niñez, en diversas partes del mundo. En este caso, con los niños y niñas con VIH en Venezuela, hay que dar un cambio de rumbo inmediato para frenar esta masacre.

Todos los artículos pueden ser compartidos y publicados siempre que sean citados los datos de la fuente.