Es difícil preparase para lo que no se conoce, sin embargo, hace años que tanto la OMS como lo países desarrollados invierten en modelar y planificar como responder a la próxima gran pandemia en casa y en el sur global, conocida como el virus X. Se sabía, hace más de una década, que tarde o temprano tendríamos el surgimiento de una pandemia del virus X, de la familia de la influenza, de transmisión aérea como la gripe cuyo origen sería de la transición de animales a humanos. Una profecía auto cumplida.

Se dice que la pandemia recién empieza, luego de golpear Asia y Europa, llega a las Américas. Foto: Imaginamas.org.

Dicen que la pandemia recién empieza, y luego de calar hondo en el sur de Asia, ahora esta aniquilando una parte significativa de la población en Italia y España, y es claro ya que su siguiente eclosión será en los Estados Unidos.

El COVID-19 encontró terreno fértil en Europa por esa rara mezcla del frío que favorece la circulación de virus y la sorpresa y la soberbia de los llamados países desarrollados. Una ecuación que saldrá muy cara en vidas humanas. Quiénes trabajamos en temas específicos de salud, como por ejemplo el VIH y el sida, sufrimos en carne propia la doble vulnerabilidad y parálisis de los sistemas que a duras penas pueden con un virus, en un contexto donde la circulación ciudadana se ha visto totalmente restringida.

Salud pública y salud comunitaria

Leyendo y escuchando a personal médico, de epidemiología y de la política, una cosa es clara: los abordajes de la salud pública no están preparados para salir a la calle. Tenemos décadas de atención de salud intramuros -de primaria a terciaria-; profesionales de la salud trabajan incansablemente dentro de la sala o del servicio de un hospital. En consecuencia, son las personas las que deben movilizarse, tomar un número y esperar en el pasillo atestado de personas, probablemente enfermas, a ser atendidas. Salvando algunas experiencias específicas donde la atención primaria es además comunitaria, la salud en nuestros países es receptiva y reactiva. En otras palabras, hay que ir en busca de esta, pero esta pandemia nos está mostrando que venimos de un paradigma totalmente inverso a lo que los protocolos demandan.

Las epidemias y pandemias exigen la transformación de la salud hacia la prevención de la transmisión, con diversos modelos de contención social, y tratar algunos síntomas de aquellas personas que los manifiestan.

También enfrentamos una grave carencia de pruebas diagnósticas, rápidas y oportunas. Asumimos que las personas con síntomas tienen la infección por el coronavirus, y aprendimos en la marcha que hay muchas, nos se sabe cuantas, personas asintomáticas con la habilidad de transmitir el VIH.

El 24 de marzo se realizó una sesión de webinario sobre el Covid - 19 y VIH.

Prevención, comunicación y aislamiento

Prevenir la transmisión parecía sencilla y super básica: quédense en casa, lávense muchos las manos y estornuden o tosan en sus codos. Sin embargo, no  fue suficiente, y hoy nos hemos visto obligados a confinarnos en nuestras casas, en diferentes modalidades de cuarentena. ¿Hasta cuándo? Nadie sabe ¿Son eficientes? Asumimos que sí, pues todo esto es nuevo y muy dinámico. Creo que si estamos en una cama entubados a un respirador, escuchar que la cosa es nueva y dinámica solo genera desazón. Lo que hay es incertidumbre a grados históricos, y los medios de comunicación, sumado a las redes sociales, contribuyen a desinformar y des jerarquizar las fuentes expertas.

Viendo la devastación del COVID19 en China, seguido de Italia y España, es claro que el distanciamiento social y la contención de los casos es clave. Así es que todos, o la mayoría significativa, de las y los ciudadanos hemos abrazado la cuarentena, para la autoprotección y la del prójimo. Pero la realidad es que las únicas experiencias contemporáneas de cuarentena que tenemos son los toques de queda y estados de sitio de los regímenes y dictaduras. Estos aislamientos sociales forzosos suelen llevarse puestos muchos de nuestros derechos civiles y humanos, por empezar el de la libre circulación.

No se trata de cuestionar la cuarentena y el aislamiento social, algunos magros resultados estarían arrojando; sino en analizar cómo es que se hace. Estamos poniendo nuestra libertad e integridad física en manos de fuerzas uniformadas que no han sido capacitadas ni sensibilizadas. Imaginemos, por ejemplo, una mujer trans que vive con VIH que se dirige al hospital por su consulta y receta de antirretrovirales. ¿Cómo suponemos que será tratada en un retén militar en cualquier calle de nuestra ciudad?

La Salud Pública contemporánea implementa las cuarentenas más centradas en las personas que en el virus, de esa manera se logra el resultado en salud de contener la transmisión sin violar los derechos humanos. Muchos países conforman sus comités asesores de expertos sobre COVID19 y VIH, ¿Dónde están las Personas con VIH en esos Comités? A juzgar por algunos de sus recomendaciones las han omitido.

Y así, los adultos mayores sin recursos ni familia padecen hambre y a las personas con otros temas de salud, además del estrés adicional, se les dificulta el acceso a su medicación o tratamiento. Uno asume que los expertos en salud pública han estudiado o trabajado en países con conflictos internos armados, donde la circulación de ciudadanos está limitada, y el uso de un salvoconducto que los pacientes puedan bajar de una página web, más que experticia, requiere de sentido común. En el caso de Argentina, se acaba de aprobar la emisión de salvoconductos para personas que requieren asistir a los establecimientos de salud para retirar los medicamentos y está disponible aquí, una idea que podría ser replicada en diversos países.

A veces, los que se construyen muros mentales no nos dejan comprender la dinámica de las enfermedades altamente transmisibles, que se hospedan en personas, generalmente con algún tipo de vulnerabilidad o varias. Como unas persona que llevo más de treinta años viviendo con VIH, me produce mucha tristeza que como personas y profesionales no hayamos aprendido (o quizás olvidado) las lecciones duramente impartidas por el VIH y el sida. Y el estigma, la discriminación y la xenofobia se expresa en ese actuar patriótico de tantos ciudadanos de nuestra patria dispuestos a golpear y -quizás- hasta matar a cualquiera que desafíe la cuarentena. Es que todos llevamos un uniforme dentro, algunos de enfermera/o, pero muchos más de policías.

Qué sabemos sobre el COVID19 y el VIH

Hoy, promediando el mes de marzo, y gracias a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sabemos que:

1. No existe evidencia que el COVID19 afecte más o con particular agresividad a una persona con VIH.

2. Una persona con VIH tiene mas posibilidades de infectarse si se encuentra inmunosuprimida, y de poco vale jugar a la lotería de los CD4, pues estos cambian, lento, pero cambian. Si una PVVS no ha tenido una infección marcadora en el último año y su carga viral es indetectable, podemos deducir que sus CD4 alcanzan para mantenerle sin síntomas, y que su médico tratante tal vez tenga la respuesta.

3. Todas las personas con VIH deben estar en tratamiento antirretroviral e, idealmente, realizarse la rutina de pruebas de laboratorio.

4. Deben recibir medicación por no menos de tres meses, de forma tal que siempre tengan en sus casas un stock mínimo de más de un mes de medicamentos.

5. Los programas deben producir salvoconductos o credenciales que indiquen que esa persona esta autorizada a circular al centro de salud y farmacia sin necesidad de mencionar la enfermedad.

6. Si fuera posible y bajo el pleno consentimiento del paciente, se pueden enviar el tratamiento a las casas de los usuarios (siempre y cuando no afecte la confidencialidad).

7. Si aparecen síntomas compatibles con la infección del COVID19 o cualquier otro tema de salud, es clave comunicarse con el médico tratante u otro profesional antes de recurrir al centro de salud u hospital.

8. Los centros sanitarios deben desarrollar circuitos separados de atención y dispensación de medicamentos para las personas con VIH, pues es de esperar que en el pico de la epidemia, sean los mismos infectólogos y clínicos los que estén recibiendo a pacientes con complicaciones relacionadas con la infección del COVID19. La medicación se puede ubicar en ONG y centros de atención primaria, sacándolas de los hospitales.

Todo lo arriba detallado no es sólo para la información y conocimiento de las personas con VIH, sino para las direcciones y jefaturas de servicios y programas, pues implementar estas medidas, en su mayoría estarán en sus manos y no en las nuestras.

Corresponsales clave, junto con ICASO y NetworkSalud, acompañados por OPS y ONUSIDA organizó, el 24 de marzo, un webinario sobre COVID19, VIH, TB y hepatitis. Para acceder a más información experta, te invitamos a ver el video completo y hacer uso de los vínculos de las presentaciones y fuentes de referencia, que pondremos a disposición en las próximas horas.

Todos tenemos un teléfono o ordenador con cámara y acceso a wifi, aunque sea lo tomamos prestado. Es vital que no nos aislemos y no olvidemos a colegas y compañeros/as de militancia y trabajo que están observando la cuarentena en soledad. A veces un pequeño gesto hace un mundo de diferencia y no sabemos a ciencia cierta cuánto tiempo ni cómo la pasaremos en el sur global. Y no quiero cerrar sin reconocer el compromiso y el valor de las y los profesionales de la salud que ahí están comprometidos con dar esta gigante lucha.

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