El término infodemia (o epidemia de la mala información) se emplea en el estudio y las   intervenciones de las ciencias de las comunicaciones, las comportamentales y de la salud pública sobre la propagación de las informaciones falsas, la saturación informativa y los efectos de estas sobre las personas durante una crisis sanitaria (aguda o extendida en el tiempo, por ejemplo, el trabajo para controlar la comunicación del movimiento anti-vacunas). La desinformación puede enfermar y matar. A continuación, algunos consejos útiles para que la desinformación y saturación informativa no te afecte, evitando también que seas usado o usada como parte de una cadena de noticias falsas.

Además del nombre y matrícula profesional del autor o autora, aparecerá su filiación a un centro de salud o universidad conocidos y prestigiosos. Imagen: La Vanguardia.

Busca la fuente de una noticia

Cuando aparece información sobre la salud, nuevos descubrimientos científicos, terapias curativas alternativas o medidas preventivas,  lo primero que debes hacer es ir a la fuente de la noticia. Si la información es el resultado de la actividad de una persona profesional, de existencia real y especializada, además de su nombre y matrícula profesional, aparecerá su filiación a un centro de salud o universidad conocidos y prestigiosos. Inclusive puedes buscar en Internet que efectivamente la persona y su membresía a la organización sean verdaderas (debes encontrar varias publicaciones).

En la construcción de las noticias falsas, muchas veces el título del vocero es: “director del Instituto de Biología Molecular de Springfield”. Debes preguntarte: ¿Existen ambos? ¿Tienen reputación en el tema? ¿Existen otros estudios similares e instituciones asociadas que trabajan en la misma línea? La mayoría de las noticias falsas no tienen referencias o citas bibliográficas o, si las tienen, suelen ser inventadas y presentadas como una fuente o cita. Los buscadores de Internet no controlan la calidad y verosimilitud de lo que se publica, y una noticia falsa puede aparecer en la primera opción de búsqueda, esto no refiere a la calidad o verdad, sino a la circulación y replicación de esta.

No te sobreexpongas a las noticias

Elige un par de medios que te resulten confiables y que tenga una buena reputación. Trata de ver una hora de noticias al día y leer solo aquello que te llama la atención. Está comprobado el efecto negativo en el ánimo y comportamiento de las personas que se saturan de información, más aún si están enfermos o en cuarentena. El televisor con las noticias de fondo o la radio en el carro tienen un efecto similar sobre ti, solo que es subconsciente. Piensa que, para completar 24 horas en una señal de cable de noticias, el 90% de los mismos contenidos son repetidos a lo largo del día (a veces con algún matiz que lo hace parecer diferente), la pobre producción periodística con el uso de redes sociales como fuente resulta, muchas veces, en reproducir noticias falsas y los tiempos de la “primicia” son las excusa para la falta del chequeo adecuado de las fuentes. Un porcentaje muy elevado de la información y las noticias que reproducen las redes sociales no son verídicas, ni provienen de fuentes serias.

Trata de ver una hora de noticias al día y leer solo aquello que te llama la atención. Imagen: Valeria Cafagna (Red 2030).

Opinadores, invitados y panelistas

La mayoría de los programas de información general de la grilla televisiva, incluyendo los noticieros, usan y abusan de paneles e invitados, que hoy hablan del coronavirus, mañana de política y pasado sobre un hecho penal. Hay personas muy bien formadas para editorializar desde un costado político, sociológico o filosófico, pero la mayoría de los panelistas no tienen ninguna formación, mucho menos una especialización. Su rol es opinar, sobre todo, compartiendo su visión personal sobre temas cotidianos insignificantes, como de una crisis mundial. El resultado de esto es la banalización. Suelen empezar sus aportes con la afirmación “yo creo…”, ¿Qué valor tiene su visión personal para mantenernos informados?

¿Cómo enfrentamos una pandemia ocasionada por un virus? Médicos e infectólogos recorren a diario la grilla televisiva de cable y de aire, en noticieros y programas de interés general, que, aunque incluyan en el zócalo de la pantalla su número de matrícula profesional, solo indica que es médico o médica, pero ninguna experticia en los coronavirus, ni siquiera en emergencias de salud pública, es decir un opinador con matrícula (“pero lo dijo un doctor”).

Muchos de los conocimientos sobre la complejidad de la virología es parte de una asignatura de estudio teórico y limitado en la compleja carrera de medicina en general, y si la persona no se ha especializado y ejercido en esa área u otra  afín de la pandemia, sólo puede repetir nociones básicas, incluyendo cosas que ha leído o visto en otros medios.

Las personas que saben realmente de coronavirus y están haciendo frente a los estragos de la pandemia, hoy, no tienen tiempo para estar sentados en programas de televisión. Muchos jefes de Estado y Ministerios de Salud han conformado un comité de expertos para afrontar la crisis, puedes asumir que si un medio entrevista a uno de sus integrantes, es más probable que este sí sepa de lo que habla.

La mayoría de los panelistas no tienen ninguna formación, mucho menos una especialización. Son opinadores. Imagen: The-scientist.com

Consulta las páginas de las agencias internacionales

Aun cuando haya críticas sobre el desempeño de algunas de las Agencias del Sistema de Naciones Unidas, todas ellas tienen información de buena calidad en sus páginas web. La principal fuente sanitaria es la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en América Latina y el Caribe. Visita sus páginas y publicaciones. Ante una crisis de gran magnitud como es ahora la COVID-19, suelen incluir una sección con folletos, de preguntas y respuestas dirigidas al público en general. Como también, en este caso, producen información sobre la relación del COVID-19 con el VIH, la tuberculosis y la diabetes, etc. Su razón de ser es asesorar y asistir a los Ministerios de Salud de los Estados miembro y, normalmente, el nivel técnico de sus funcionarios medios y especializados es alto.

Siempre ten en cuenta que las recomendaciones cambian, mucho más en una pandemia de un virus nuevo, una enfermedad dinámica, por eso lo que hoy se recomienda, quizás mañana cambie. Por ello, debes ver la fecha de la publicación. En nuestros países la autoridad sanitaria es el Ministerio de Salud, quién tiene la libertad de adoptar o no recomendaciones, directrices y protocolos de OMS u OPS. En la gran mayoría de los casos, son adoptados.

También, existen otras agencias de prestigio como el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos que publica recomendaciones técnicas y es una fuente de consulta mundial. Las ONG y redes comunitarias pueden ser también una muy buena fuente de información.

No compartas noticias falsas

La eficacia de las noticias falsas, altamente sesgadas, sin asidero científico y de corte conspirativos está en la capacidad de propagación, dispersión y de viralización. Cuantas más personas reciban la “noticia” y la repliquen con colegas y amigos, se logra el efecto de sembrar exponencialmente las falsedades. Tú puedes ser parte de este mecanismo, cada vez que pones en tu muro, compartes en Twitter, Instagram o en un grupo de WhatsApp una noticia falsa. Estas piezas de comunicación perniciosas normalmente están redactadas con un sentido de urgencia contagioso, que hace que las personas se sientan llamadas a compartirlas, a veces sin leerlas.

La información sanitaria de calidad, científica o las noticias confirmadas usan primero los medios tradicionales de comunicación, además de las redes sociales. Antes de reenviar cualquier noticia urgente y apremiante, por buena o mala que fuera, es tu responsabilidad buscar la fuente y saber que es real, realizar un mínimo de control del origen de esta. Sí dudas, sigue a tu instinto y bórrala. Sospecha de los mensajes que te piden que los compartas, que apelan a resultados catastróficos (si no lo hicieras) y suelen usar letras mayúsculas y signos de admiración, el 99% de estos son falsos. Existen estudios que demuestran que muchas personas le dan alta jerarquía y relevancia a la información que reciben de colegas, amigos y familiares, por ello debes actuar con responsabilidad.

No te dejes saturar por las noticias y la información, pues te generarán agobio y mayor estrés. En ocasiones se desata una rumia mental subconsciente que afectará severamente tu ánimo. Las informaciones falsas pueden llevar a las personas a exponerse y dañar su salud. Las novedades, las actualizaciones, recomendaciones y descubrimientos son publicados por la mayoría de los medios de comunicación formales y de prestigio. Recuerda que no hay ni medios ni periodistas totalmente neutrales y objetivos, pero hay el ejercicio ético profesional, a veces regulado. No permitas que te usen como parte de una cadena para circular noticias falsas de crecimiento exponencial, aprovechándose de tu buena fe. Busca la fuente, y si una información afecta directamente tu comportamiento respecto de tu salud, no hagas nada sin consultar con tu médico o médica. Ante la saturación informativa “menos es más”; si no suma, elimínala. La calidad técnica de la fuente es la clave, las noticias falsas dañan casi tanto como las enfermedades sobre las que comunican.

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