Brújula Intersexual señala en su portal que la intersexualidad es una “variación en las formas y la composición corporal, podemos afirmar que en sí misma la intersexualidad no es una patología y definitivamente no es una malformación, porque las formas genitales dependen de la testosterona durante la gestación, todos los fetos sean XX o XY en algún momento de la gestación tienen las mismas formas genitales.”

Tres ponentes discutieron la situación de las personas intersex en Ecuador.

Pero vivimos en una cultura que identifica –normativamente- la identidad con los genitales. Esta ha sido la lógica imperante al abordar la intersexualidad, mediante procesos de medicalización que refuerzan estereotipos de masculinidad y femineidad; y es precisamente esa lógica la que demanda una reflexión crítica a través de conocedores y experiencias.

En el marco del proyecto Adelante con la Diversidad, ejecutado en Ecuador por la Fundación SENDAS, se desarrolló el webinario a través de Facebook “Con mi cuerpo no se juega”, con la presencia de Cristian Robalino, abogado investigador; Gabriela Enríquez, madre de una persona intersex y Wilmer Gonzáles, activista ecuatoriano.

En su presentación, Wilmer Gonzáles Brito, menciona que a pesar que la intersexualidad no es una orientación sexual, al igual que la población trans, las personas intersexuales son un grupo invisibilizado, sin importar que sea una condición biológica, lo cual conlleva dificultades en la inclusión social. “Existen muchas formas de ser intersexual, donde se mencionan alrededor de 200 formas de ser intersexuales”, dice Wilmer.

Gonzales Brito también hace énfasis en cómo se trabaja en Ecuador este tema, donde los médicos pueden decidir el sexo del niño en conjunto con la madre, aunque debiera existir un equipo multidisciplinario que apoye a la familia y que provea una verdadera atención integral al niño o niña.

Cristian Robalino se refiere al código de salud ecuatoriano que aborda la intersexualidad como “anomalías de la indeterminación sexual”, lo cual –considera- se restringe únicamente a un punto de vista biomédico. La estadística en el país no es baja; Robalino manifiesta que en el Hospital Vaca Ortiz de la ciudad de Quito, 2 de cada 1000 nacimientos son bebés intersexuales y en el 2018 fue la primera causa de consulta médica. Por otro lado, en Ecuador existe un Protocolo médico realizado por el Ministerio de Salud Pública a “pacientes con desórdenes del desarrollo sexual”, aprobado en el 2018, y se encuentra en el registro oficial, que muestra un enfoque de género y derechos que se aplicarían en ésta temática. Una herramienta valiosa para trabajar este tema en el país, pero cuyo uso es muy limitado.

Gabriela Enríquez, por su parte, denuncia que existe mala práctica en temas de intersexualidad, al compartir su experiencia propia en la que el sector médico estigmatiza y culpa a la madre por supuesto intento de aborto y consumo de drogas.  Además critica el abordaje que tuvieron para definir el sexo y la identidad de su bebé: “Un comité médico del hospital de Quito donde di a luz colocó a mi bebé como niño (…) mencionó que es manera provisional, (…) a partir de los 9 meses empezó sus operaciones, y en la pubertad, después de tener una asignación de sexo masculina, inició con su crecimiento de mamas, para lo cual, lo retiraron (…) después de otras complicaciones a la salud recuerdo que, un 15 de agosto, me mencionaron, que después de 13 años de criarlo como varón y pasar por cirugías, le encontraron que tenía útero y ovarios”, dijo.

La discusión sobre la vida y el abordaje desde lo médico, lo psicológico y lo físico es aún limitada en Ecuador. Seminarios como el que realizó Sendas permite ahondar dicha discusión y pensar en políticas que permitan a las personas intersexuales desarrollarse plenamente, garantizando sus derechos humanos.

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