Según testimonios de usuarios que se atienden en la clínica del Hospital Antonio Lenin Fonseca, en la capital de Nicaragua, entre abril y agosto no acudieron a sus citas médicas ni a retirar sus medicamentos antirretrovirales.

Esto se debe a que Nicaragua es uno de los países que, desde el inicio de la pandemia a la fecha, no ha acatado las indicaciones de prevención mínimas orientadas por la Organización Mundial de la salud (OMS). Nunca hubo cuarentena; por el contrario, el gobierno instó a la población a visitar los balnearios, motivó la visita de cruceros, se promovieron marchas, caravanas y otras actividades masivas.

Personas con VIH dejaron de asistir a sus citas médicas y retiro de medicamentos.

En ese contexto, las personas con VIH se alarmaron y dejaron de asistir a los establecimientos de salud a retirar su tratamiento antirretroviral; tampoco visitaron los centros de atención para la continuidad de sus citas médicas, lo que ha generado el abandono del tratamiento en muchos casos.

“Dejé de asistir a mis citas médicas y mi retiro de tratamiento por temor. No nos dieron dispensación de tratamiento por tres meses. Querían que viniera a retirar mi tratamiento con la receta, aunque les explique que soy una anciana y me podía contagiar de covid-19 por mi edad. Ellos solo me dieron la receta por dos meses y no quise venir. Gracias a Dios, mi salud no se vio afectada porque tomé mis propias medidas de prevención”, explicó una de las usuarias con VIH del hospital que pidió mantener su nombre en reserva.

Otro usuario con VIH, que también pidió mantener su nombre en reserva, dijo: “(quise) venir a retirar mi tratamiento. Me dio miedo. Tengo problemas para caminar y no puedo andar solo. Ellos me dijeron que mandara a alguien con la receta a retirar mi tratamiento, pero yo no tengo a nadie y no puedo andar molestando. (…) Me dio miedo contagiarme y ver cuanta gente estaba muriendo en mi barrio. Varios vecinos estaban falleciendo a consecuencia del covid-19. Yo no quería ser uno de ellos. Gracias a Dios, tampoco me vi afectado, porque me cuidé y no salí a la calle”.

Se buscó respuestas ante esta situación con Enrique Beteta, viceministro de Salud y presidente de la Comisión Nicaragüense del Sida (CONISIDA), pero no pudo atender a Corresponsales Clave. Al mismo tiempo, se solicitó la opinión de representantes de organizaciones de personas que viven con el VIH de Nicaragua, pero se negaron a dar declaraciones por temor a represalias.

Mientras tanto, el gobierno de Nicaragua manifestó en los medios de comunicación que la situación estaba controlada y que estaba preparado para combatir al covid-19 ya que contaba con un sistema de salud con personal capacitado. Sin embargo, en los meses más fuertes de la pandemia, el sistema sanitario colapsó debido a la sobre demanda de pacientes y a la renuncia de médicos al no contar con las medidas de bioseguridad necesarias para ejercer su labor, según reportaron medios no oficialistas

Si bien en Nicaragua no hay datos oficiales que permitan tener una visión general de esta situación, es posible ver tendencias en la segunda Encuesta regional de personas con VIH en América Latina en el contexto de covid-19 del programa conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida – ONUSIDA. De acuerdo a este informe, un 13,7 por ciento de los encuestados dijo que ha tenido dificultades para obtener su tratamiento porque le da miedo exponerse al coronavirus y un 37,3 por ciento aseguró que la oferta de servicios de salud no se ha adaptado a la contingencia y que deben acudir a los hospitales tal como antes de la pandemia.

La situación denunciada en el Hospital Antonio Lenin Fonseca deja grandes interrogantes: ¿Cuál es la situación real de los abandonos de las personas con VIH? ¿Por qué el Gobierno de Nicaragua no ha acatado las medidas de prevención mínimas emitidas por la OMS para el covid-19? El silencio por parte de las autoridades y del Ministerio de la Salud hace pensar que hubo una falta de compromiso con la ciudadanía y las personas con VIH.

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