Por Rodrigo Agüero.-

Junto al inicio de la primavera, se celebra en Paraguay el Día de la Juventud, que este año, marcado por la pandemia del covid-19, no hubo conciertos en la calle Palma, ni festivales en las tradicionales plazas del microcentro de Asunción. La alegría con globos coloridos, el desfile de los alumnos de secundaria y la música tendrán que esperar para volver a resurgir luego de la pandemia, quizás el año que viene. Al parecer, para el Estado paraguayo las acciones de prevención del VIH corrieron la misma suerte.

Un dato alarmante del informe 2019 del Programa Nacional del Sida que cabe resaltar, ya que hablamos de la juventud, es que el 44.7 % de los nuevos casos de VIH son adolescentes y jóvenes de  entre 15 y 29  años, lo que debiera motivar un reclamo a las autoridades nacionales y un abordaje en prevención desde la adolescencia.

Para la Red de ONG que trabajan en VIH/sida en Paraguay, institución sin fines de lucro que defiende, protege y promociona los derechos de las personas con VIH y sida, este aumento de la transmisión del VIH en jóvenes se debe principalmente a la falta de educación. La secretaria ejecutiva de la Red, Adriana Irún, afirma que “solo la educación sexual con base científica y sin ningún sesgo de ideologías es lo que realmente protegerá a los jóvenes”. La malla curricular del Ministerio de Educación contempla educación sexual, pero no se enfoca en la prevención; “la única forma de proteger a los jóvenes es hablando, el silencio es lo que más riesgo causa”, insiste Irún.

Los diagnósticos, que generalmente llegan tarde, evidencian el impacto de la ausencia de campañas de información y de educación sexual integral en edades más tempranas, especialmente en adolescentes en etapa escolar.

Para el abogado Francisco Benítez Añazco del Centro de Consejería y Denuncias de VIH/Sida y Derechos Humanos, consultado por Corresponsales Clave, se debe instar al Estado paraguayo a la revisión del contenido educativo y que se incluya la educación sexual en todos sus aspectos, con información actualizada y basada en estudios científicos. “Exigimos al Estado paraguayo que tome con seriedad el tema de la educación sexual y disgregue el tabú, cuestiones culturales y morales, porque la prevención del VIH no tiene nada que ver con la religión sino con la salud”, señalo Benítez.

De espaldas a la realidad de los jóvenes y el VIH, el ministro de Educación, Eduardo Petta, decidió el año pasado retirar de las escuelas los materiales de educación sexual, aunque alegó que no había cuestiones religiosas de fondo y afirmó que se necesita la autorización previa de los padres de familias para hablar de sexualidad a los niños y adolescentes. El material eliminado -vía resolución- de la cartera de educación era una Guía para docentes que habla sobre el abordaje de la educación integral de la sexualidad.

Entre los argumentos para eliminar el uso del material, la resolución número 1761 emitida en marzo del año 2019 por el Ministerio de Educación sostuvo que –supuestamente- no se respetan las capacidades del ciclo evolutivo de los menores, se subvaloran los conceptos de feminidad y masculinidad.

Para el Servicio de Paz y Justicia, otra ONG que alzó la voz de protesta contra el Ministerio de Educación por el retiro del material de educación sexual, dicho retiro es improcedente debido a que viola la autonomía intelectual del docente y el material va dirigido a adolescentes de 15 años para arriba, además expresó en un comunicado que el material promueve la corresponsabilidad de los padres y la comunidad.

Además del aumento de la transmisión del VIH en los jóvenes, el país enfrenta otros problemas relacionados a la ausencia de prevención y educación sexual como los abusos sexuales en menores de edad, embarazos en niñas y adolescentes y la transmisión de otras infecciones de transmisión sexual, que deben tener la urgente atención del Estado paraguayo y que se debe, principalmente, a la falta de acciones en la prevención con un enfoque basado en derechos.

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