Por Pio Huaycho Huallpa.-

En Perú, a casi 40 años del primer caso, el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) sigue siendo problema social y de salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que en el 2018 alrededor de 37.9 millones de personas viven con VIH a nivel global, registrándose 1.7 millones de casos nuevos al año y poco menos de 1 millón de muertes como resultado de enfermedades asociadas SIDA. Al año 2018, el Centro Nacional de Epidemiologia, Prevención y Control de Enfermedades del Perú notificó un total acumulado de poco más de 115 000 casos de infección VIH, siendo la población joven más afectada, donde el 55% de casos tiene entre 20 y 34 años.

Pedro Pablo Prada al centro de la foto.

Pedro Pablo Prada García, presidente de la organización Peruanos Positivos, explica el largo y extenuante proceso que han atravesado las personas con VIH para obtener terapias gratuitas, que en la actualidad son de libre acceso para todos.

En sus propias palabra, nos cuenta: “creo que yo soy la muestra que, con la combinación de una buena terapia y atención de calidad, y un cuidado personal y compromiso con el tratamiento, podemos llevar una vida normal y seguir trabajando, seguir aprendiendo y creciendo. Los chicos que ahora dejan sus tratamientos no saben qué era lo que pasaba con nosotros en esos años (fines de los 90) y cómo sufrimos para lograr acceso al tratamiento universal. Creo que por eso no valoran lo que tienen o no reclaman cuando deben hacerlo”.

Para el año 2000, junto a tres personas más, Pedro demandó al Estado peruano para que brindara acceso universal a la terapia contra el VIH, una enfermedad que entonces mataba a cientos de personas. Ante la presión de las personas afectadas, que contaron con el apoyo de otras organizaciones de la sociedad civil, ONG y agencias de cooperación, en el 2004 el gobierno peruano atendió el reclamo de la protección del derecho a la salud y promulgó una ley que garantizaba la provisión de tratamiento antirretroviral. Al mismo tiempo, el país iniciaba un proyecto financiado por el Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria que le permitió cubrir la inversión en antirretrovirales por tres años.

Desde Corresponsales Clave (CC) queremos visibilizar la importancia de esta lucha desde las comunidades desde su propia voz y conocer cómo era la vida de las personas con VIH hace dos décadas y qué oportunidades tenían: “Las personas con VIH morían como moscas. Muchos conocidos y amigos fallecieron durante esos años porque era imposible conseguir antirretrovirales. Yo tuve mucha suerte. Cuando me diagnosticaron en el hospital Dos de Mayo, empecé a indagar más sobre la enfermedad para poder informar a mis compañeros y otras personas con VIH que conocí en el hospital. También empecé a hacer actividades para animar a las personas que se encontraban internadas. Por fortuna, yo sí tuve la oportunidad de conseguir las medicinas. En esa época no se tomaba un solo fármaco, ni dos ni tres. Yo tomaba 18 pastillas diarias. Eran demasiadas y además tan costosas que casi nadie podía obtenerlas con su propio bolsillo”.

Hacia el lado izquierdo, el activista brindando información sobre VIH.

Antes del 2004, una persona con VIH no podía acceder fácilmente a un tratamiento de antirretrovirales. El estigma y el poco conocimiento de la enfermedad originaron que cientos de peruanos murieran sin tener ninguna opción para tener calidad de vida o esperanza de vivir después de la lectura de su diagnóstico.

CC: Cuando demandaron al Estado peruano en el año 2000, ¿cuántas personas se sumaron a la iniciativa?

Pedro Pablo Prada: “Éramos cinco personas: Giselly Flores, una pareja de esposos y su hijito, que lamentablemente fallecieron por la enfermedad, y yo. En 1999, asistí a un Simposio Internacional en el que activistas de Latinoamérica y El Caribe nos explicaron cómo se podía realizar demandas en los diferentes países de la región para exigir medicinas y cómo hacer acciones de Amparo ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Entonces, decidimos hacer la demanda. El proceso fue muy largo. Pasamos por todas las instancias del Poder Judicial, pero nunca obteníamos respuestas positivas”.

Prada continua: “Llevar la demanda a instancias internacionales hizo que cuando llegó el Fondo Mundial para comprar antirretrovirales, el Estado sintiera la presión de crear un plan de atención de VIH en el Perú y dar acceso universal a los fármacos (…) El Fondo duró unos cuatro años más y después el Estado asumió por completo los gastos. A nosotros sí nos incluyeron en la implementación del programa de VIH. El Colectivo por la vida, integrado por ONG, iglesias y personas que vivían con VIH, hizo una serie de audiencias públicas que contribuyeron a la modificación de la Ley 26626 (Ley Contrasida), en el inciso de acceso a tratamiento integral con medicamentos antirretrovirales. Nadie mejor que nosotros para explicar cuáles eran nuestras necesidades. Nosotros contribuimos a crear el programa de VIH que hasta hoy se mantiene”.

El relato de Pedro Pablo, es un ejemplo de la importancia del acompañamiento a activistas por parte de organizaciones especializadas: “todavía hay situaciones por mejorar, pero estas no sólo dependen del sistema de salud. Es cierto que el sistema tiene muchas carencias como el poco presupuesto, las compras llenas de burocracia, y la falta de personal capacitado que brinde un trato humanizado”.

Esta nota nos invita a reflexionar sobre el valioso aporte que tuvieron y tienen los activistas, las personas que apostaron porque la vida no termine con un diagnóstico positivo para el VIH.

Valoramos todo el esfuerzo que por años diversos activistas, entre ellos Pedro Pablo Prada, hicieron para darnos hoy una esperanza de vida, hoy es tiempo que los jóvenes que vivimos con VIH para que nos sumemos a este esfuerzo, desde las organizaciones de base o simplemente desde los lugares donde recibimos nuestro tratamiento. Continuemos con la tarea de vencer el estigma y la discriminación en esta sociedad, en muestras familias, universidades, escuela o trabajos. Que el VIH no te limite. Todos somos aliados.

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