Por Julio Trejo.-

El VIH es una infección que puede afectar a cualquier persona, ya que se relaciona con comportamientos de riesgo. Sin embargo, además de dichos comportamientos, el VIH se vincula también a otros factores sociales que ponen en desventaja a ciertas poblaciones, ejemplo de ello son las personas que viven en la pobreza, migrantes y pueblos originarios

De acuerdo con el informe de pobreza y evaluación realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), al 2018, el 79.6% de la población del estado de Yucatán, México, estaba considerada en pobreza por carencia o ingresos. Asimismo, dicha institución refiere que una determinante para verse afectada por la pobreza es el pertenecer a una población indígena, y el 59.2 % de la población total de Yucatán pertenece a la población Maya. Lo que podría explicar, hasta cierto punto, el porqué de los índices tan elevados de pobreza en el estado.

La falta de proyectos productivos que detonen el desarrollo económico en las poblaciones ha generado que la migración se vuelva una estrategia de sobrevivencia familiar.

Para entender un poco más el vínculo entre migración, pobreza, pueblos indígenas y VIH, Corresponsales Clave entrevistó a Rocío Quintal-López, profesora investigadora adscrita al Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Universidad Autónoma de Yucatán, quien compartió su experiencia con varios municipios de Yucatán.

Quintal-López refirió que “El tema del VIH en poblaciones indígenas es un tema marginal […] ya que la falta de proyectos productivos que detonen el desarrollo económico en las poblaciones ha generado que la migración se vuelva una estrategia de sobrevivencia familiar […] lo que propicia que en Yucatán se den todos los tipos de migración.”

La migración de las personas que se identifican como mayas es originada por la pobreza que se viven en el interior del estado, lo que provoca que hombres y mujeres emigren tanto a nivel regional, nacional, como internacional, ya que resulta la única alternativa para salir de la situación precaria en la que se encuentran. Y si bien, a la fecha no se cuentan con datos actualizados sobre los movimientos migratorios de las personas que conforman la comunidad maya en el estado, se sabe que entre 1995 y el 2000 fueron 11,610 personas las que migraron, de los cuales 6409 fueron hombres y el resto mujeres, según el reporte de población maya migrante realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en el año 2000.

Este panorama de migración en el estado resulta importante ya que diversos estudios han señalado que existe una relación entre la migración y el VIH/SIDA, debido a que la propia condición de movilidad propicia situaciones de riesgo ligados a factores de vulnerabilidad sobre todo para población maya migrante, afectando no sólo a las personas que emigran, sino también a la familia que les espera en su tierra de origen.

En cuanto a la relación del fenómeno de migración y el VIH, Quintal-López expresó “el hecho de ser migrante, aquí en Yucatán, viene acompañado de factores de vulnerabilidad respecto a la potencial adquisición de VIH, en comparación a los no migrantes […], sin embargo, cuando se habla de migración se voltea a ver únicamente al migrante y se ignora a la comunidad de origen que deja atrás, a la familia, a la esposa y lo que hay que tener claro es que el fenómeno migratorio afecta a todos […] y lo hace en diferentes niveles, uno de ellos es la salud, tanto de quien migra, como de quien se queda. Por ejemplo, de quienes migran existen estudios que hablan sobre el impacto en la salud, desde el cáncer, adicciones y también hablamos sobre la adquisición del VIH; y el asunto radica (en) que cuando los hombres que tienen pareja en la comunidad regresan tienen relaciones sexuales con sus parejas sin protección y en muchas veces resultan ser ellos el vehículo que transmite el VIH a sus parejas en sus comunidades.”

Rocío Quintal-López, profesora investigadora adscrita al Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Universidad Autónoma de Yucatán

Al preguntarle sobre los factores de vulnerabilidad relacionados con el VIH y su impacto, la investigadora explicó que “La vulnerabilidad comprende varios puntos, desde la pobreza estructural que viven, que les induce a tener que salir de su comunidad de origen, otra cuestión es el de ser personas que conforman la población maya, porque vivimos en una sociedad en la que todavía existe discriminación, existe falta de información (en el idioma maya), la baja escolaridad en estas poblaciones […], también se podría hablar que aún prevalecen muchos mitos, mucha desinformación sobre el VIH/SIDA[…] a eso se le suma el uso del preservativo, ya que de los hombres que tienen prácticas sexuales en escenarios migratorios menos del 20% utiliza el preservativo y cuando regresan con sus esposas, el uso del preservativo sólo es utilizado como método de embarazo, en pocas ocasiones, por lo que se podría decir que es (casi) nulo el uso del preservativo en las parejas de la comunidad de origen”.

Entre los factores de vulnerabilidad que se vinculan a la infección del VIH en contextos migratorios se habla y se marca con particular énfasis a la dimensión del género, no sólo para quienes migran, sino también para las personas que se quedan en la comunidad de origen. Se entrecruzan otros factores, como lo biológico, lo social, lo económico, lo cultural, lo educativo, de salud, entonces “estamos hablando de una vulnerabilidad acumulativa formada por ser mujeres mayahablantes”, expresó Quintal-López.

Durante la entrevista se hizo especial énfasis en las diferencias de dichas vulnerabilidades entre hombres y mujeres, es decir que estaríamos hablando de una vulnerabilidad basada en el género en donde la existencia de brechas de género pone en desventaja a las mujeres, al respecto Quintal-López indicó “Esto tiene que ver con la educación de las mujeres, por ejemplo del amor romántico – Todos los hombres son infieles pero el mío no – […] las mujeres no les pueden condicionar al esposo las relaciones sexuales con el uso del condón porque el hombre lo toma como ofensivo […] y todo esto se suma y pone en mayor desventaja a las mujeres que además de todo, es invisibilizada porque muchas veces las acciones se centran sólo en el migrante y se deja de ver la totalidad de lo que implica la migración.”

Al proponer acciones de respuesta, Quintal-López señaló: “el sector salud primero debe de abastecer las pruebas de detección de VIH que no llegan en las comunidades debido a la distancia, segundo promoverlas y aplicarlas de entrada a todas las mujeres embarazadas para aplicar la Norma Oficial Mexicana  (NOM-010) Para  la  prevención  y  el control  de  la infección  por  Virus  de  la Inmunodeficiencia Humana, ya que de lo contrario están incumpliéndola; nuestra propuesta es que esta prueba de detección se debe aplicar, promover y ofrecer a todas las parejas de hombres migrantes al menos una vez al año, ya que la estrategia de la detección temprana puede hacer la diferencia […] esto permitirá el acceso al tratamiento a antirretrovirales, lo que significa una mejoría en su calidad de vida.”

Por otra parte, señala que “los programas de salud estatales no tienen campañas de prevención de VIH adaptadas a la población migrante del interior del estado (…), se deberían diseñar programas donde la información se la lleven a los espacios donde ellos estén trabajando las personas migrantes […] con el fin de brindarles información (…); sumado a la enseñanza de cuestiones de género y violencia que existen en estas comunidades, los mitos alrededor de estos temas; pero sobre todo a concientizar que si están teniendo prácticas sexuales de riesgo deben de adquirir el hábito de realizarse la prueba de detección de manera frecuente y, en lo posible, utilizar el condón con la pareja”.

Es importante el diseño de políticas públicas que miren a la comunidad indígena migrante como un todo y se trabaje directamente la vulnerabilidad social y de género, con adecuación lingüística y cultural, con respeto a la dinámica de la sociedad de origen. Asimismo, se debe garantizar la atención integral temprana de la salud. La promoción del uso del preservativo en personas migrantes y sus comunidades, acompañado de la provisión de los mismos en las urbes y en sus lugares de origen.

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