El pasado 19 de noviembre se conmemoraron ya 21 años desde que la Unesco estableció el Día Internacional del Hombre. A pesar de los fines con los que fue creado, esta conmemoración pasa desapercibida ya que no se logran comprender dichos objetivos y, sobre todo, porque aun se tienen algunos estereotipos sobre el hombre y sus comportamientos.

Cabe mencionar que esta celebración no sólo está avalada por las Naciones Unidas (ONU), sino también por diversos grupos que velan por la defensa de los derechos masculinos en América del Norte y del Sur, Europa, África y Asia que apoyan la deconstrucción del hombre con el objetivo de crear una sociedad más igualitaria y pacífica tanto para mujeres como para hombres.

Pero… ¿Para qué celebramos a los hombres?

El objetivo de esta celebración es realzar la importancia del papel de los hombres para promover la igualdad de género, destacando y promoviendo una masculinidad positiva que se aleje de los estereotipos que generalmente la sociedad impone: un hombre proveedor que no se involucra a nivel familiar; que no llora, “porque los hombres no lloran”; que no explora sus sentimientos, entre otros. Y en ese sentido, la fecha festeja la contribución de los hombres que renuncian a ese tipo de acciones y actitudes que violentan, no sólo a ellos mismos sino también a las mujeres, propiciando espacios más seguros para las personas que vivimos dentro de una sociedad.

Masculinidad tradicional

Generalmente cuando se les pregunta a los hombres qué les hace ser hombres, la mayoría de sus respuestas hacen relación a denotar 3 cosas: a) no son mujer b) no son niños c) no son homosexuales, aquí se aprecia que el estereotipo de un hombre en la sociedad es el macho, masculino, dominante, agresivo, fuerte, orgulloso, competitivo, etc., este modelo es una construcción sociocultural basada en un sistema machista y patriarcal que se sustenta en una representación del ser hombre y en la que construimos nuestra forma de ser hombres. A este modelo tradicional se le conoce como Masculinidad hegemónica.

Con base a estas características, que muchos hombres vamos aprendiendo a lo largo de la vida, y a las acciones que realizamos con ellas en nuestros días, se puede considerar que existen privilegios masculinos, que más bien son negaciones de derechos a las mujeres, por ejemplo: los hombres tenemos el privilegio de salir a la calle sin correr mayor riesgo de sufrir alguna agresión, mientras que los derechos de las mujeres son vulnerados cuando no se les asegura una vida libre de violencia.

Esta masculinidad tradicional, considerada coloquialmente como masculinidad tóxica, no sólo representa violaciones, discriminaciones y desigualdades que van en contra de las mujeres, niñas y niños, sino también hacia los hombres, ya que también se encuentra relacionado con efectos directos en ellos. En el estudio “La caja de la masculinidad” realizado por PROMUNDO y UNILEVER se habla de los costos en la salud mental que los hombres tienen como consecuencia del vivir como machos en todos los contextos de su vida, obligándolos a ser quienes no son. Los resultados del estudio reflejan que existe una relación entre quienes viven una masculinidad tradicional y síntomas de depresión, ansiedad, ideación suicida, alcoholismo, accidentes de auto, crímenes sexuales, vulnerabilidad emocional, situaciones de violencia diversas, etc. y esto a su vez generan problemas para la economía y la salud pública en México.

Requerimos encontrar características que permitan la deconstrucción de esta masculinidad tradicional.

Entonces… ¿Cuál es el papel del hombre en la construcción de una sociedad más igualitaria?

Álvaro Campos Gaudamuz, especialista y presidente del Instituto Costarricense de Masculinidad, Pareja y Sexualidad (WEM), ha expresado en diversas ocasiones que acciones como monitorear, analizar, cuestionar y modificar la masculinidad tradicional son algunos actos concretos que los hombres debemos llevar a cabo para poder alejarnos de su toxicidad que se manifiesta en desigualdades dirigidas hacia las mujeres, niñas, niños e inclusive a otros hombres. Encontrar características que permitan la deconstrucción de esta masculinidad tradicional y que a su vez posibilite la construcción de masculinidades alternas que coloquen al hombre en una postura más flexible, rompiendo así las estructuras patriarcales.

Estas nuevas formas de ser hombre se alejan de la representación del hombre tradicional y permite adquirir características o adjetivos que culturalmente se han asociado a lo femenino, por ejemplo, ser sensibles, colaborar al cuidado de los hijos e hijas, explorar el lado emocional, entre otras. El hablar de masculinidades alternas resulta importante, ya que fomentan relaciones más equitativas entre mujeres y hombres, promoviendo en todo momento la equidad, igualdad y erradicando la discriminación y violencia de género, de acuerdo con lo expresado por diversos autores y especialistas.

Aceptar que los hombres también somos vulnerables, expresar las emociones y los sentimientos, aceptar que también necesitamos ayuda y apoyo, aprender métodos no violentos para resolver los conflictos, adoptar comportamientos tradicionalmente etiquetados como femeninos y que permitan el desarrollo humano integral, son algunas de las premisas que los hombres podemos poner en marcha para vivir plenamente y contribuir a una sociedad más igualitaria.

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