Orlando Montoya dedicó su vida a la defensa y reivindicación de los derechos de las personas LGBTIQ+ en Ecuador. Fue un militante que encabezó la lucha por la despenalización de la homosexualidad, que finalmente se dio en 1997, tras la eliminación del artículo 516 del Código Penal y abogó por la inclusión del derecho a la no discriminación por motivos de orientación sexual en la Constitución de 1998.

Su pronta e inesperada partida nos deja un dolor profundo a quienes tuvimos el gusto y honor de conocerlo y trabajar junto a él en la respuesta al VIH y en la defensa de los derechos de las personas LGBTIQ+, pero también deja un legado muy grande que jamás será olvidado.

Lleno de ocurrencias y frases tan típicas producto de su ingenio y creatividad, Orlando logró inspirar a muchas personas.

Fundó y lideró varias organizaciones de sociedad civil enfocadas en ambos temas, entre esas Salud, Orientación General y Ayuda a hombres gay y bisexuales en VIH/SIDA – SOGA, Fundación Ecuatoriana de Acción y Educación para la Promoción de la Salud-FEDAEPS, y Fundación Ecuatoriana Equidad. Fue también Secretario General de la red ASICAL en América Latina.

Dedicó su esfuerzo, trabajo e intelecto hacia la generación de conocimiento e investigaciones científicas. Participó como investigador de varios estudios y ensayos clínicos que han aportado mucho a la generación de información y nuevas herramientas efectivas para prevenir la infección por el VIH, como fue el estudio iPrEx, el primer gran ensayo clínico para demostrar la eficacia de la PrEP en hombres que tienen sexo con hombres (HSH).  Sus últimos años, trabajo en Corporación Kimirina, organización ecuatoriana de la sociedad civil de lucha contra el VIH, como coordinador de los programas comunitario, comunicación y de relaciones externas.

Orlando fue un hombre apasionado y comprometido que luchó por la construcción de una sociedad más justa, más equitativa y menos discriminatoria, tanto en Ecuador como para América Latina. Lleno de ocurrencias y frases tan típicas producto de su ingenio y creatividad, logró inspirar a muchas personas. Un amante del conocimiento. Nunca dejó de aprender ni de enseñar tampoco. Se inventó y reinventó muchísimas veces, lo que le permitió -hasta su último día- continuar aportando en la respuesta al VIH-SIDA en Ecuador y la región.

¡Su legado nunca será olvidado!

Gracias por todo, querido amigo, vuela alto y lejos, hasta la próxima vez que nos volvamos a encontrar.

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