Doce activistas de Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay, Guatemala, El Salvador, Perú y México hicieron sus aportes para evaluar de manera cualitativa los dos años desde la Declaración Política de Naciones Unidas (ONU) para poner fin a la tuberculosis (TB). El resultado no es muy alentador: Persisten enormes atrasos en ámbitos tan básicos como el diagnóstico y el tratamiento, lo que perfila una “brecha mortal” entre los objetivos globales y la realidad.

A fines del 2020, Stop TB Partnership lanzó el informe: “Una brecha mortal, los compromisos contra la tuberculosis frente a la realidad de la tuberculosis” que busca ser un reporte desde las comunidades afectadas. Si bien la pandemia de COVID-19 se presentó como un gran obstáculo en la tarea de reducir los casos y muertes por TB, las páginas de este texto también arrojan una luz de esperanza, ya que cuando la sociedad civil participa activamente en la respuesta a esta enfermedad los indicadores por país mejoran de manera apreciable.

Uno de los datos duros de la brecha mortal es el poco avance en el acceso a tratamiento.

Para conocer los alcances de este documento, que es posible descargar desde este link, Corresponsales Clave conversó con Alberto Colorado, coordinador de la Coalición de TB de las Américas, quien participó activamente en esta iniciativa.

Corresponsales Clave: ¿Cuál es la relevancia de contar con un informe de avance de la sociedad civil de los compromisos asumidos en la reunión de alto nivel sobre TB?

Alberto Colorado: Considero que es de gran importancia que la comunidad afectada y la sociedad civil siga monitoreando, vigile los compromisos acordados por los países y exponga la realidad de la tuberculosis en el mundo. El titulo lo dice todo “brecha mortal”, donde se ve que los compromisos asumidos en la ONU para terminar la TB en el 2030 son unos y la realidad de la TB es otra, máxime ahora con la aparición de la pandemia del COVID-19 y la pobre respuesta de los gobiernos y sistemas de salud ha venido a invisibilizar la TB y otras enfermedades, aumentando la brecha de la inequidad en salud, provocando muerte y sufrimiento entre la población desatendida y en estado de vulnerabilidad.

CC: ¿Cuál es el diagnóstico general que hace la sociedad civil respecto a estos avances? ¿Se podrán alcanzar las metas globales y en América Latina?

AC: Antes de la pandemia del covid-19, los gobiernos llevaban un proceso lento de avance en el cumplimiento de los compromisos adquiridos en la reunión de alto nivel. En algunos casos, se incorporaron esos compromisos en metas nacionales, en los planes nacionales de TB y se elaboró un plan de rendición de cuentas. Sin embargo, la pandemia del COVID-19 ha venido a desacelerar esos pequeños avances e incluso hacer más grande la brecha por la realidad que enfrentan las comunidades empobrecidas por las inequidades resultantes, por la pobre respuesta de los sistemas de salud y sus políticas sociales y sanitarias frente a la pandemia. Si no se visualiza la situación de la TB, se invierte con fuerza y se redefine la estrategia junto con el covid-19, las metas globales y en nuestra región no serán alcanzadas en el 2030.

Otra brecha que nos aleja del fin de la TB son las personas que no son diagnosticadas.

CC: De la lectura del informe “Una brecha mortal”, da la impresión de que los indicadores mejoran cuando se involucra la sociedad civil en la respuesta a la TB, ¿estás de acuerdo?

AC: Sí, es posible. Tenemos ejemplos como la ONG Socios en Salud, en Perú, que tienen un modelo comunitario de búsqueda, diagnóstico y acompañamiento de la persona afectada. También, tuvimos el caso de un acuerdo entre nuestra compañera Mónica Espinoza de la Universidad del Valle y el programa de TB de Cali, en Colombia, donde se dio seguimiento al tratamiento bajo observación directa (DOT) con un vídeo, educación y consejería lo que resultó en una mejor adherencia. La sociedad civil juega un papel importante como red de apoyo y emergencia que debe ser apoyada y fortalecida por los Estados. Nosotros, como coalición, haremos un monitoreo, abogacía, incidencia política y acompañamiento, porque tenemos ejemplos de seguimiento a pacientes y enlaces al sistema de salud que dan resultado.

CC: ¿Qué aporta este informe sobre el impacto del COVID-19 en la pandemia de TB durante el 2020?

AC: El informe reporta que las interrupciones causadas por la pandemia del COVID-19 podrían llevar que 6,3 millones de personas más desarrollen TB para el 2025 y 1,4 millones mueran a causa de la TB. El Fondo Mundial advierte que dos décadas de progreso en la atención del VIH, TB y malaria podrían perderse si no se pone atención a estas problemáticas. Este reporte de la Brecha Mortal, documentado en noviembre del 2020 y un documento previo de la región elaborado por la Coalición TB de las Américas entre abril y julio, en 17 países, reportamos sobre el impacto del COVID-19 en la TB, donde vimos como los programas de TB y las comunidades fueron afectadas por las políticas sociales y sanitarias en los países, pero también se mostró la fortaleza y resiliencia de la sociedad civil frente a la crisis.

CC: ¿Cuál es el llamado de los activistas y sus organizaciones respecto a darle utilidad a este reporte de la sociedad civil en sus países?

AC: La sociedad civil llama a la acción para exigir justicia social en la respuesta a la TB. Asegura que las comunidades afectadas por la TB y la sociedad civil tengan voz, que se comprendan las realidades y sus prioridades y que se salven vidas. Llama a los Estados miembros de la ONU a reconocer, adoptar y financiar las seis recomendaciones propuestas en el reporte. Llegar a todas las personas mediante la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y la atención de la TB; hacer que la respuesta a la TB se base en derechos, sea equitativa y esté libre de estigmas, situando a las comunidades en el centro; acelerar el desarrollo de nuevas herramientas esenciales para poner fin a la TB y mejorar el acceso a las mismas. También hace un llamado a invertir los fondos necesarios para poner fin a la TB; comprometerse con la rendición de cuentas, la multisectorialidad y el liderazgo en la lucha contra la TB; y aprovechar la COVID-19 como una oportunidad estratégica para poner fin a la TB.

Desde la Coalición TB de las Américas, los observatorios sociales nacionales de TB, el regional y del proyecto ObservaTB en coordinación con Socios en Salud realizaremos seguimiento e incidencia política al cumplimiento de estos compromisos adquiridos por los Estados miembros de la ONU de nuestra región en la reunión de alto nivel de TB del 2018.

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