Ser mujer trans y trabajadora sexual es aún algo cuestionado en Bolivia. Un buen número de la población no duda en poner en manifiesto su discriminación hacia este grupo; por otra parte, existe otro grupo de la población que piensa diferente y cree que el respeto a los derechos de estas personas van más allá de la actividad, orientación sexual o expresión de género que tengan, y radica en el hecho de que son personas.

Mujeres Trans

La comunidad LGBTI exige justicia por la muerte de Alessandra. Foto: La Opinión

Existen varias mujeres trans en el departamento de Cochabamba, brindar estadísticas sobre el sector es difícil puesto que muchas de ellas viven en el anonimato y los censos no las han tomado en consideración aún. Algunas, sin embargo, han decidido hacerse visibles a través del activismo en defensa de su comunidad, otras forman parte del grupo de a pie, lejos del empoderamiento y oportunidades laborales y políticas que ofrece el activismo, en su mayoría dedicadas al rubro de la belleza y al trabajo sexual.

El trabajo sexual es una actividad que tiene sus riesgos y uno de ellos es la violencia. “No sabes con qué tipo te vas a encontrar, si te va a pedir algo raro, si será amable o violento contigo”, menciona una trabajadora sexual trans que prefiere no mencionar su nombre.

Pareciera que ejercer el trabajo sexual lleva el implícito de que “todo está permitido” y ese todo también incluye la violencia. Está presente la doble discriminación, por el hecho de ser mujer y trabajadora sexual y si a eso se le añade la transexualidad, el panorama es aún más riesgoso.

Alessandra y una corta vida

Alessandra Ferreti, de 19 años, era oriunda de Santa Cruz, lugar donde vivía con sus abuelos, según comentaron las activistas a los medios, era proveniente de una familia de escasos recursos. Alessandra decidió asumir su identidad y salir de casa. Hace poco llegó a Cochabamba.

Las compañeras de Alessandra se hicieron cargo de su sepelio ante el rechazo de su familia. Foto: Los Tiempos.

La tarde del viernes  5  de febrero, sus compañeras que estaban con ella en el hostal le dijeron para ir a cenar, pero les contesto que no iría porque un cliente pasaría a verla. Al día siguiente al no recibir respuestas a los mensajes de WhatsApp, sus compañeras ingresaron al cuarto del hostal donde se encontraba y la hallaron muerta, tapada con las sábanas de la cama y el cable de la plancha de cabello enredado en el cuello. La policía acudió al lugar y, hasta la fecha, realiza investigaciones sobre el caso.

Miembros de la comunidad trans del departamento de Cochabamba, denunciaron el hecho ante los medios de comunicación y autoridades, exigiendo justicia para su compañera y exigen se esclarezca el caso que consideran un crimen de odio, un transfeminicidio.

“(…) Hasta cuándo podemos seguir en esta situación de violencia, que te señalen, que te sigan agrediendo, es una situación muy dura tener que ver una compañera muerta como si fuera un animal. Es una situación dura, triste, nos siguen matando”, mencionó a los medios Rayza Torriani. Directora de Derechos Humanos de la comunidad LGBTI.

A través de las redes sociales, varias instituciones de la población LGBTI del país se manifestaron contra el hecho y exigieron justicia.

La Defensoría del Pueblo en un comunicado manifestó: “La Defensoría del Pueblo condena y repudia el crimen de odio contra una joven transexual de 19 años de edad, aparentemente asfixiada en un hotel de la ciudad de Cochabamba, y exige al Ministerio Público y a la Policía boliviana investigar y sancionar este hecho que atenta contra la vida, la integridad física y la dignidad humana”.

Miembros de la comunidad LGBTI asumieron los gastos del sepelio, después de 6 días de sucedido el hecho. Ellos comentaron que se comunicaron con los familiares de Alessandra pero señalaron estar molestos con la víctima: “el decidió ser eso”, les habrían dicho, negándose a trasladar el cuerpo a Santa Cruz. La discriminación de la sociedad y de las familias hacia las mujeres trans se hace palpable en este caso.

Crímenes de odio, Transfemicidios

Según organizaciones de la sociedad civil, han ocurrido más de 60 ataques de odio en el país durante el 2020 y de los 65 crímenes de odio conocidos en los últimos años, solo uno llegó a sentencia. Las mujeres trans son las más afectadas.

A pesar de que el país cuenta con varias normativas, que incluyen y protegen a la comunidad LGBTI, aún existen vacíos. Al igual que algunos otros delitos en el país, no existe una ley que sancione los “crimines de odio y transfemicidios”, por lo que estos deben adecuarse a alguna figura legal ya existente. Motivos por los cuales algunos casos no avanzan, y también debido a que muchos no han sido denunciados por vergüenza y temor a la homofobia.

Alessandra y su joven vida terminaron temprano; mientras sus compañeras esperan justicia y mejores días con normativas que las protejan de estos crímenes.

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