El Acelerador ACT es una innovadora iniciativa de colaboración mundial para acelerar el desarrollo y la producción de pruebas, tratamientos y vacunas contra la COVID-19 y garantizar el acceso equitativo a ellos. COVAX está codirigido por la Alianza para las Vacunas (Gavi), la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (CEPI) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su objetivo es acelerar el desarrollo y la fabricación de vacunas contra la COVID-19 y garantizar un acceso justo y equitativo a ellas para todos los países del mundo.

Algunos países no tienen los recursos financieros ni la infraestructura para comprar vacunas e inmunizar.

En lo primeros meses de inicio de las estrategias de vacunación, el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Gutiérrez, denunció que el 75% de las vacunaciones hoy en día suceden en países desarrollados, en el hemisferio norte. Las naciones ricas están fallando a la gran prueba moral de todos los tiempos acaparando los stocks de vacunas, presionando y extorsionando a las empresas radicadas en sus países para priorizar la provisión local de sus vacunas. Otros países de renta baja y empobrecidos aún más por la pandemia, sencillamente no tienen los recursos financieros ni la infraestructura para comprar e inmunizar.

¿Qué fue de las promesas generadas por los gobiernos solidarios de países desarrollados, de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales sanitarias en torno a COVAX? A juzgar por el estado actual de la situación, podríamos considerar a COVAX un fracaso y un fiasco. Un ejercicio para construir un gran placebo político sanitario que prometía un compromiso de un acceso equitativo a las vacunas.

Hay países que ya están vacunando a todos los profesionales de la salud, educadores y otro personal esencial, y además están logrando altos niveles de cobertura en los grupos vulnerables o de mayor riesgo a una infección por COVID-19 letal. Pronto pasarán a vacunar un universo más amplio de beneficiarios. En América Latina, salvo un par de excepciones, los índices de vacunación han quedado cortos a los pronósticos más conservadores. No hay Vacunas. Ni siquiera para aquellos países que la contrataron, pagaron e incluso participaron ofreciendo a sus ciudadanos en estudios clínicos en humanos. En algunos países llegan cantidades de dosis ridículas y muchas personas influyentes, pero no prioritarias, son inmunizadas antes que las personas que más lo necesitan.

En países ricos han iniciado la vacunación de grupos más amplios de población.

La solidaridad sanitaria global empieza por casa. Esa es la triste realidad que la COVID-19 nos confronta a poco de cumplir su primer año de pandemia. Como antes de la creación del costoso y complejo ecosistema del multilateralismo, hemos regresado a la supervivencia del más apto; es decir, aquellos países que tienen el dinero y la empresa que se han beneficiado de diversas fuentes para desarrollar sus vacunas. Y todo este comportamiento obsceno sucede bajo la vista de COVAX, las Naciones Unidas y otras agencias. También deja al desnudo una sociedad civil “profesionalizada” de estos países “ricos y generosos” que son funcionales  a lo que hoy esta sucediendo.

Hacemos un llamado al activismo internacional dialoguista y conformista para que con urgencia logre confrontar a estas costosas mega-estructuras que ayudaron a crear y que solo han priorizado sus propias vacunas. Si no quieren ser cómplices de este gestionar hipócrita, interpelen el aparataje que ayudaron a crear, que quizás no sea más que una máquina de humo.

Mientras el activismo internacional se pierde en reuniones repetitivas de procesos de los procesos y en competir por ocupar espacios de estructuras vacías de moral e integridad para dar respuestas reales y concretas. En el llamado sur del mundo la gente sigue infectándose y muriendo, ya hasta el oxígeno está faltando.

Si nada cambia, cuando las personas vulnerables que sobrevivan en esta parte del planeta accedan a la preciada vacuna, se estima para fines del 2022; el mundo desarrollado estará en su segunda campaña anual de vacunación.

Es inevitable trazar paralelismos con el acceso al tratamiento antirretroviral de alta eficacia y como el doble estándar costó millones de vidas de personas con VIH por su lugar de residencia, personas que tenían el mismo derecho de acceder a la respuesta terapéutica oportuna.

Abajo el estado de vacunación actual en América Latina:

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